Trascendencia del Paseo Tollocan

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La realización del Paseo Tollocan no es una obra sin más. Es una obra trascendente para el país, que nació entre otras ideas, me contaba Francisco Arriaga de la empresa Tollocan, derivado de viajes que, con su padre don Manuel Arriaga, hiciera por los Estados Unidos de América, donde, en particular el estado de Texas, veían las grandes avenidas y carreteras en territorio despoblado pero que admiraban por su belleza y sentido de agilidad para los automotores: hay que hacer algo parecido en Toluca y su Valle, decía el profesor Carlos Hank González a su amigo. El texto de Reforma dice: La diferencia fue que Ramírez Vázquez asumió su credo: la arquitectura como una técnica social o, como otras veces dijo, una profesión de servicio. A eso quizá se deba la ausencia de un estilo personal. No me refiero a la diferencia de calidad en el diseño: muchos arquitectos tienen obras peores y mejores, pero un mal Oscar Niemeyer se reconoce, de todos modos, como un Niemeyer. El caso de Ramírez Vázquez es más complejo. Algunos han querido ver en eso el resultado del gran número y la diversidad de colaboradores –con  algunos más constantes que otros– como Mijares y Campuzano. Pero eso es olvidar que su papel era como el de un productor de discos o películas que selecciona a su equipo, sea al hacer un edificio o al coordinar unos Juegos Olímpicos que, según dijo él mismo: “se asemejan mucho a un edificio: uno comienza a construirlo solo y reúne un grupo de los mejores técnicos que haya disponibles; luego el equipo se convierte en una serie de equipos y el todo se transforma hasta llegar en ocasiones a construir una gigantesca pirámide”.

Documento del periódico referido es materia de estudio para arquitectos e ingenieros: Para Ramírez Vázquez, además, el estilo es un resultado y no un objetivo buscado. La tercera pregunta de la encuesta en Arquitectura México era si existe una arquitectura mexicana contemporánea característica y diferenciada. Ramírez Vázquez respondió: “creo que la arquitectura mexicana como propósito de imprimirle la bandera nacional a algo que es tan técnico, no puede existir. Si la obra se ha apoyado en los materiales de que se dispone en México, se ha aprovechado al máximo la técnica que podemos manejar y se atiende a las necesidades que el habitante de México tiene que resolver en ese espacio que se va a crear, la obra tendrá características locales. Eso puede ser lo mexicano de la arquitectura”.

La referencia que hace el articulista parece fuera de tono, cuando pregunta: ¿Cómo hubieran sido Ramírez Vásquez y su trabajo en la época post-partido-único y de las ONGs, de algunos concursos y arquitectura espectáculo? No lo sé. Pero me queda claro que –con todo lo que implicó su cercanía al sistema y que cuando la historiografía de la arquitectura mexicana pase de la hagiografía a la crítica, podremos conocer más– intentó  hacer su trabajo lo mejor posible y, juicios estéticos aparte, aunque no el padre, resulta un personaje importantísimo en la construcción de la modernidad arquitectónica mexicana y central en la de un modelo más complejo de arquitecto, además de haber conseguido, repito, algunas obras magistrales. Lo interesante es saber que supo aprovechar las oportunidades para dejar una gran lección a estudiantes de las carreras que le fueron afines. Sus lecciones están vivas y deben servir para pensar que se puede ser como él a condición de trabajar con pasión, imaginación y tenacidad.

Otra opinión aparece en el texto llamado: De Portada: Un constructor de la modernidad. Pedro Ramírez Vázquez representa también el mejor ejemplo de su época en tanto que logró un perfecto maridaje entre diseño y arquitectura, señala Regina Pozo. O, en su caso, primero arquitectura y después diseño, dice la directora del espacio de arquitectura y diseño Archivo. Sin disociarlos, Ramírez Vázquez logró ser el primer arquitecto que, a mis ojos, entendió la práctica posmoderna del diseño. Tomar diseños del referente popular para reinterpretarlos según su clima cultural. Este ejercicio sigue operando (aunque no vigente) hoy en día dentro del ámbito, así que además de gran arquitecto, podría mencionarlo como uno de los padres del diseño contemporáneo en México. Ser arquitecto, pero poner en esta tarea la imaginación que sólo da la cultura profunda que se adquiere en lecturas, vivencias, pasión. Ser diseñador va más allá de la arquitectura o ingeniería fría y plana. Por eso el Paseo Tollocan en su origen reúne los fines que le proponen: espacio para la familia y no para los automotores. Para eso sirven los Paseos, para dar a la familia un domingo de esparcimiento. No para ponerlo al servicio de los autos y trasportes de todo tipo que arruinan la convivencialidad.

Los profesionistas y conocedores de esta profesión se expresaron a los pocos días de su fallecimiento, cuenta, por ejemplo: Según Erik Carranza, integrante de S.A. [Anónima], su obra es la más cercana a los mexicanos; desde la cultura, el deporte y la religión, la mayoría ha estado ahí.

La obra de Ramírez Vázquez es de esa arquitectura que nunca tuve como consulta o referencia, no porque no tuviera un valor, no porque no fuera importante, quizá porque al entenderla como arquitectura ya había recorrido tres cuartas partes de su obra; la conocía desde la infancia, todos (sociedad, estado y gremio) reconocemos en la obra de Pedro Ramírez Vázquez la “arquitectura mexicana”, “su monumentalidad, su política”. Aprender del pedagogo brasileño Paulo Freire es obligada tarea, pero los ejemplos vivos, como sucede con el mexicano Pedro Ramírez Vázquez, es privilegio haberle visto y vivido en persona. Privilegio para arquitectos de la Ciudad de Toluca que le conocieron personalmente. Pues, “Pedro Ramírez Vázquez realizó una obra donde resumió la historia y el presente de México, dice Carranza, aún en sus últimos proyectos, donde intentó verse reflejado en un México renderizado”.