Doble tragedia

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No hay forma de paliar el dolor por la pérdida de más de noventa vidas humanas; es imposible no sentir pena por la tragedia en Tlahuelilpan, Hidalgo, pero lo dantesco de esa situación representa una doble tragedia que debemos analizar.  Por un lado, la explosión misma, llena de gasolina, gases, fuego y muerte, y por el otro, la inconcebible irracionalidad de todos los que estaban en ese lugar.

 

Una cosa es comprender el dolor humano, tratar de mostrar cierta empatía por los dolientes, pero otra completamente distinta es justificar los hechos. Quienes ahí estaban, de facto, eran hombres, mujeres y niños que estaban robando combustible.  Podemos entrar en conjeturas,  que si eran obligados, que si se les hizo fácil, y demás explicaciones; la realidad es que estaban ahí y eran cómplices de un delito.

 

Irresponsabilidad, irracionalidad o estupidez, cualquiera que fuera la causa, acabo de la peor forma posible.  Muchas personas suponen que las cosas no pasan, que se trata de amenazas del gobierno para que no se lleven lo que les pertenece (sic).

 

Ese es el México que tenemos, el del oportunismo, el del no pasa nada, el  del qué tanto es tantito, el de la búsqueda de soluciones fáciles e inmediatas.   Enerva todavía más que adultos conscientes hayan sido capaces de llevar a niños para caer en la misma conducta delictiva. Estos sí, porque repiten patrones de conducta, son los únicos inocentes de este monumento a la necedad.

 

No era huachicolero, solo pasaba por ahí, Sólo quería un poco de gasolina, y demás razonamientos sin sentido, no tienen cabida.  Las cosas como son, y si ahí estaban, era porque estaban robando, no hay nada que explicar.

 

Hay evidencia de que el ejército les conminó a retirarse del lugar, es decir, de sobra fueron advertidos, pero ese orgullo mal entendido de muchos, de hacer cosas incorrectas para mostrarse superiores a los demás, llevó a las víctimas a carbonizar con ellos mismos sus malas decisiones.

 

Esperemos que esta fatalidad sirva como ejemplo de vida para quienes se dedicar a saquear ductos; no podemos seguir enseñando a las nuevas generaciones a delinquir bajo la bandera de astucia o impunidad.

 

Duele, sin duda, no nada más por las vidas mismas; sino por todo lo que hay tras bambalinas que vuelve a pintar a un México de contrastes.   Nada justifica lo que pasó, porque por más que se diga que lo hacen por necesidad, hay cientos de formas legales para hacerse de un recurso para sobrevivir.   Claro, para ello hay que tener voluntad.

¿Hasta dónde hemos llegado?, ¿Cuándo abriremos los ojos?, ¿Cuándo cambiaremos nuestra visión del mundo?

Padres de familia, ahí les dejo la tarea.