Engañosa soberbia

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De las muchas conductas incongruentes y lastimosas del ser humano, la soberbia probablemente se encuentre en el escalón más bajo, ya que esta actitud no nada más refleja una inadecuada autoestima, sino que se utiliza como traje a la medida para legitimar posturas que usualmente buscan afectar a un tercero.

Por la propia condición de los hombres y mujeres, la tentación para caer en estas posturas es alta, ya que es un buen modelo para desviar la atención de mis áreas de oportunidad hacia alguien más: los soberbios tienen la imperiosa necesidad de gritar al mundo lo maravillosos que son, aunque esto sólo sea de dientes para afuera, sin congruencia, sin esencia.

Se nos dice que no nada más hay que ser, sino también que parecer; en términos de imagen pública, esta es una premisa cuya finalidad es dejar claro que debe existir un equilibrio entre el fondo y forma de una persona.  De nada sirve que te arregles bonito y proyectes una imagen exitosa, si esto no viene acompañado de carnita, de un sustento valioso.

De la misma manera, puede ser que supongamos que somos los mejores, pero si eso no lo reflejamos con hechos concretos, que sean visibles y evaluables, caemos en el discurso y tampoco resulta una buena postura.

¿Qué significa esto?, es muy común encontrar personas que presumen ser la divina envuelta en huevo, pero que, en los hechos, se valen de esa soberbia para pretender apantallar a los incautos.

¿Quiénes son soberbios?, aquellos que, de entrada, asumen una actitud de superioridad; siempre hacen todo bien, jamás se equivocan, incluso llegan al punto de deslindarse, con una gran autoridad, de conductas que son erróneas, porque ser cuestionados no es opción para estos entes.

También lo son quienes no tienen una competitividad sana, viven permanentemente luchando por mostrar que ellos son los mejores, todo lo quieren llevar al terreno de la competencia, buscan quedar bien ante sus superiores o antes quienes son grupos de interacción en sus círculos.

Suelen asumir una postura impositiva de sus propios criterios e ideas, siempre disfrazado de aportes, usualmente buscan salirse con la suya y tienden a ser agresivos en su comunicación; se les conflictúa aceptar razonamientos y todo en su espectro es perfecto. (Nada que ver con un señor de cierta edad que vive en un Palacio, por favor no sean mal pensados).

Aluden a su experiencia, a sus talentos, a sus grandes virtudes, y son muy poco tolerantes a las críticas.

Con estas conductas, lo único que se logra es la probabilidad de experimentar malestar en las relaciones personales, laborales, familiares y sociales; ante ello, al resto del mundo nos conviene tomar distancia emocional, no enfrascarse en discusiones que probablemente no llevarán a buen puerto.

Ante posturas soberbias, tres posibilidades: asertividad, exigir que la persona se dirija de manera adecuada. Desconexión, dejando claro que ese tema podrá ser atendido después. Humor, haciendo alarde de ironía para salir del paso.

¿Tan complejo es buscar una postura más humana y menos arrogante? ¿Siempre debo de tener la razón?

De verdad, que pena.

horroreseducativos@hotmail.com