Abusivos genéticos
La caravana de migrantes que está cruzando el país nos ha dejado muchas enseñanzas; por un lado, la desesperación de muchos de ellos que genuinamente están recorriendo miles de kilómetros con la esperanza de encontrar una vida que en sus países de origen no han tenido, para ellos, el mayor de los reconocimientos.
En contraparte, por la condenada condición humana, el abuso de muchos otros que tienen el descaro de ofenderse porque les dan frijol con arroz, alimento que estos nobles llaman alimento para animales, además de mostrar un comportamiento altivo y agresivo.
Esto ha ocasionado debates de toda índole en redes sociales y medios de comunicación, pero de nueva cuenta, olvidamos que el ADN de muchas personas viene pre cargado con esa condición, la del abuso. Es un asunto genético.
Por un lado nos desgarramos las vestiduras y nos ofendemos, y por el otro encajamos el diente chulo de bonito a quien se deje.
¿No es abusivo aquel que sabe que su hora de entrada al trabajo es a las 9, y porque sus condiciones laborales le dan opción de llegar hasta 30 minutos después, toma ésta hora como la verdadera hora de entrada?
¿No es abusivo aquel que en casa hace que aquella abuela o abuelo, entrado en sus 70 u 80 años, realice tareas domésticas que corresponden en los hechos a otras personas?
¿No es abusivo aquel que acude a las reuniones sociales o familiares en restaurantes y casualmente nunca trae efectivo y logra que otros le paguen?
¿No es abusivo aquel que pide prestado dinero y a pesar de haber jurado por la morenita del Tepeyac que pagaría en la quincena, tiene años sin dar la cara y saldar su deuda?
¿No es abusivo quien pide dinero para comprar un auto y luego es incapaz (porque no se le da la gana) de dar un aventón a la persona que le permitió completar para su vehículo?
¿No es abusivo quien ofrece completar un trabajo y después se hace pato y nunca termina, a pesar de haber recibido parte de su pago?
Y así, múltiples acciones más que muestran un abuso sistematizado en prácticamente todos los seres humanos, que escudados en el qué chingón soy pisotean derechos y libertades de los demás sin miramiento. Sucede en el ámbito social, laboral y, con más frecuencia de la que debiera, en el familiar. En muchos casos se duerme con el enemigo.
Luego entonces, citando a los clásicos, no nos sorprendamos de lo que estos migrantes, o quien fuese, hagan de las suyas, cuando probablemente nosotros somos tan o más ruines que ellos.
La única buena en todo esto es que la vida, tarde que temprano, cobra facturas con altos intereses a los abusivos.
Eso está bien, ¿no lo cree?

