Amor sintético

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La mente humana es muy frágil y la protección de su coraza más fuerte a través del derecho del libre desarrollo de la personalidad, hoy en día, resulta insuficiente para asegurar la plena libertad del pensamiento de las personas que ha sido amenazada desde el principio con los imperios y el feudalismo desde el ámbito físico de la dominación humana en función de la protección de pocos intereses privados que se atribuían para sí los dones de los cuales éramos titulares todos como colectividad, figura que sociológicamente se ha estudiado se ha estudiado como el poder y que, desde la teoría político filosófica se ha institucionalizado a través del Estado y sus instituciones.

Sin embargo, el estudio fenomenológico de la conversión digital que se ha elegido para las entregas de este mes, parten sobre la individualización de la interacción humana y la experiencia con el ambiente digital que, como se señaló previamente, tiene esencialmente un carácter sintético, virtualidad que a su vez puede constituir un sinsentido cuando los productos y servicios digitales no tengan una representación válida socialmente o un asidero que las y los cibernautas, por lo que, seguramente constituiría parte de los límites de las aplicaciones humanas, dejando de lado las perspectivas apocalípticas de una realidad dominada por máquinas robóticas y la inteligencia artificial.

Por ello, así como las personas cuentan con sus réplicas o sus clones en el entorno digital, y, dicho proceso implica la emulación de sus personalidades y patrones los cuales son susceptibles de ser codificados, vale la pena señalar que, en el ámbito físico no solamente los pensamientos, sino los sentimientos cuentan con su propia codificación biológica que surge en principio a partir del código genético y la predisposición en la apariencia física y en el comportamiento, y, que pasa a través de las condiciones que determinan el ambiente con la experiencia que es registrable a través de una serie de productos químicos que surgen de la experiencia simple de comer y saborear, vestir y percibir, observar y apreciar, respirar y oler, y, escuchar y vibrar, que, en el marco de nuestra realidad observable cuando menos generan un binomio entre el impulso químico-físico y la percepción sensorial – química – electromagnética para conformar los elementos básicos de la percepción humana. En ese sentido, si bien parecería que la generación de una percepción no necesariamente implicaría requerimientos tan complejos, cuando menos al día de hoy, la técnica de tecnologías inmersivas – transhumanas pudiera dar lugar a experiencias de una realidad simulada que digitalice las emociones con una fidelidad cada vez más desarrollada y sintetice la realidad y sus percepciones, incluyendo el amor, a fin de proveer al usuario cualquier insumo físico y metafísico, real y sintético, sobre demanda.

Es así como, requerimos nuevamente redimensionar los alcances técnico – prospectivos que ofrecen la medicina y la psicología como ciencias precursoras de lo que hoy es el transhumanismo y la ruptura de los límites físicos que la realidad ha brindado a la humanidad, límites físicos que a su vez, desde el ámbito mental-metafísico, han llenado la mitología de las posibilidades humanas de su esencia y destino divino, que ha dado pauta a un desarrollo tecnológico que eventualmente, al poco tiempo, encuentra su aplicación en el sentido de lo humano para mejorar y ampliar sus alcances.

Hasta ahora las ciencias médicas han tomado patrones de normalidad como medidas para poder generar resultados controlados, pero que, solamente representan medidas estadísticas limitadas a la experiencia de la generación del conocimiento humano que han generado vicios en su interpretación, al buscar que las personas se ajusten a estos parámetros a fin de que el escenario se mantenga bajo los rangos de control, en vez de explorar las diferencias y cualificaciones que distinguen cada factor especial del ser humano, y cuya rareza a la normalidad, ha dado pautas escenarios de ciencia ficción en torno a seres mutantes y súper héroes, fomentando una aversión hacia lo que es diferente, cuando, implícitamente cada ser humano lo es.

Es por ello por lo que posiblemente gran parte del desarrollo de las ciencias médicas han identificado diversas medidas para tener a las personas controladas a partir de medidas en torno a su comportamiento que genera resultados predecibles, como en el caso de las dietas alimenticias, rutinas de ejercicio o inclusive, hábitos de estudio, así como modificación de dichos resultados actuando directamente en el ámbito físico – químico para generar intervenciones específicas como podría tratarse de las diversas cirugías fisiológicas y estéticas, el uso de aparatos ortopédicos para corregir, conducir o rehabilitar condiciones específicas, así como, la ingesta de diversos químicos para tratar fijaciones, trastornos o afecciones mentales, o, sin ir tan lejos, las modificaciones que se generan en el comportamiento de las personas a través del alcohol, las drogas y cualquier otro alimento con efectos distorsionantes de la conexión y la percepción entre el tiempo, espacio, mente y la realidad.

En ese orden de ideas, no es necesario trasladarnos al mundo digital para enfrentarnos a la manipulación de las personas, o al control de escenarios sobre los cuales éstas se desenvuelven, aún cuando, valga la pena señalar que ha tomado miles de años a la humanidad emanciparse de dichos medios de control a los cuales unas cuantas personas ha estado tentada a manejar a los demás y que, también unos pocos, a través de las diversas revoluciones, han logrado despertar las consciencias a fin de facilitar la evolución de la raza humana que, en cada nueva etapa, encuentra nuevos retos para su redescubrimiento y el gozo de su libertad a través del uso de la tecnología, por lo que, el escenario que evidentemente brinda la posibilidad de ser manipulados a través de entornos virtuales de manera inmersiva y del mantenimiento del control a partir de la codificación de los sentimientos, emisiones, y posiblemente brindando significados emulados o sintéticos de las personas asocian como amor, no representa un reto mayor del que las libertades de las personas han tenido previamente conforme a los escenarios dominantes, sino, más bien el riesgo mayor surge a partir de la fragmentación de los medios y los individuos que técnicamente pueden ejercer dicha facultad y, de manera práctica, utilizar dichos mecanismos para controlar a las personas en diversas escalas y con diversos fines, pasando de una nueva colonización a una granja que proporcione insumos a los dominantes sean en el ámbito político, comercial, religioso, o ideológico, y que, fácilmente encontrarían como adeptas a las personas que no han tenido una formación robusta tanto en lo económico como en lo intelectual, y que, preferirían un dominio asegurado por un bienestar psico económico social que una libertad que eventualmente les daría en cambio una felicidad genuina basada en el respeto de la dignidad de su ser fundacional.

Un riesgo de fragmentación sobre el cual sería importante que la nueva generación de los derechos digitales que establezcan como una base el respeto de la dignidad de las personas en función de las motivaciones que le impulsan a seguir evolucionando, ese amor en sentido amplio, y que, si bien las emociones digitales y el amor sintético serán insumos que estarán presentes en la nueva virtualidad, deben establecerse los cimientos para que el amor que nos distingue como humanos siga privilegiando y manteniendo la estadística de que los usos nocivos de la tecnología no alcanzan el 1%, pero que ante la fragmentación, estos usos pudieran incrementarse, como hoy lo hacen los patrones oscuros en materia de datos. Es por ello, que se hacen necesarias la generación de habilidades digitales fuertes que preparen a las personas para un mejor futuro.

Y es que, no sólo en el amor y en la amistad, surge una dependencia en la relación, sino que, más bien constituye la base afectiva sobre la cual se construyen las demás relaciones y, si el primer tramo no se ha resuelto de manera efectiva ante los diversos apegos y manías, qué esperamos en un entorno social en el que el aprovechamiento de estas brechas puede generar nuevas tendencias de micro- esclavitud. Hasta la próxima.