Asignatura pendiente

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Hace meses, si no es que ya un año, me encontraba en reunión con el equipo de trabajo del Centro Cultural Toluca del que formo parte. Hablábamos de la exposición Sobrevivientes y la actualidad del tema que trataba: la Sexta Extinción Masiva. Entonces una compañera me preguntó con real interés y si no hacemos nada ¿qué pasará con el mundo en los siguientes años? Justo acababa de leer noticias sobre el tema aunado a lo que los especialistas ya nos habían comentado durante la creación de la exposición. La miré fijamente y con convencimiento le respondí: “si no hacemos nada, esto, en el 2050, se acaba. Ese esto no sólo era el mundo tal y como lo conocemos, sino nuestra propia existencia.

El tema de la crisis ecológica que actualmente vivimos pareciera una moda heredada de la Covid-19 pero en realidad, ya es un tema añejo. De hecho, los movimientos ambientalistas surgieron en la segunda mitad del siglo pasado. Sin embargo, los discursos se han ido transformando, así como los avances en la ciencia y la tecnología para contrarrestar los efectos nocivos de la acción humana tan destructora como un meteorito. El problema se ha complicado, paralelamente, aún más, puesto que, desde hace por lo menos un lustro, estamos viviendo algunas consecuencias del Cambio Climático: lluvias que simulan diluvios; huracanes fuera de temporada y súper tormentas que surgieron de frentes fríos; además de incendios incontrolables y extremos en la temperatura que han roto el récord de temporadas anteriores.

En el campo de los museos y los centros de ciencia, la preocupación y acción ha sido palpable. En el 2010, por ejemplo, durante la reunión anual de las instituciones de este corte, ASTC, que en esa ocasión se realizaba en Hawái, el gran tema a discutir era el desarrollo sustentable y los museos verdes. Con ello, no sólo se buscaban temáticas que contribuyeran a la educación ambiental, sino, además, estrategias de gestión que propiciaran un uso más sustentable de los recursos. De hecho, durante esa década, la discusión se centraría en estos temas generando discursos curatoriales interesantes sobre este cambio, el diálogo entre el arte y la ciencia, y la posibilidad de fomentar programas con el uso de paneles solares y reciclaje de agua.

Cuando comienzo a hablar de estos temas y refiero las reuniones donde escuché y aprendí de la discusión, se antoja como logros propios de lo que vagamente se denomina países desarrollados en un concepto descontextualizado ante los problemas del exterior. Pero en realidad, y aunque la política desde Palacio Nacional pareciera desconocerlo, México tiene un gran potencial para la compresión y resolución de los problemas ambientales. En el 2013, por ejemplo, trabajando la itinerancia de una exposición Arcosaurios, tras las pistas del pasado, misma que presentaba el rol de la biología comparativa en el conocimiento de los dinosaurios, tuve la oportunidad de visitar el museo ZigZag de Zacatecas. Una versión de los papalotes que tenía el país, pero con la intervención del consejo científico de la entidad que le otorgó identidad a sus contenidos. Si bien, el inmueble era quizás la tercera parte del antiguo MUMCI en Toluca, en ese tiempo contaba orgullosamente con una zona de paneles solares que habían sido gestionados con recurso de la UNESCO. El espacio, además de contribuir a un ahorro de energía, permitía que los visitantes conocieran este novedoso sistema. Sin duda, el tema del desarrollo sostenible también es un tema de voluntad política y acción.

Actualmente, en México existen diversas organizaciones y asociaciones civiles que están apostando a modelos que me atrevería a retomar la definición glocal para identificarlos. Parten de la problemática global de la crisis ecológica y le dan soluciones locales con los recursos de la zona. Hace poco, un gran promotor de la educación ambiental en Toluca, el ex diputado Armando Enríquez Romo me habló de los TlacoyoMovil que a través de energías limpias mantiene vivo la deliciosa tradición culinaria de los tlacoyos; o también, dos asociaciones diferentes me han platicado de proyectos de turismo ecológico aprovechando la riqueza biológica de nuestro valle y con la posibilidad de generar un ingreso en las propias comunidades. Finalmente, de eso se trata el desarrollo sustentable, cambiar el mundo no nada más en las ideas, sino en la generación de condiciones de vida digna y respetuosas a las tradiciones y al medio ambiente.

Hace unos días, visualicé en mi muro de la red social que pronto cambiará de nombre, un video que me llenó de emoción. Se trataba de una iniciativa digital de la ONU presentando a un dinosaurio –muy bien detallado– hablando en Nueva York a los líderes del mundo. Nos advertía de los riesgos de optar por nuestra propia extinción al continuar con políticas que eran un pago seguro a la destrucción del Planeta y nos comparaba con el asteroide que acabó con el 75% de la población en la Tierra, hace 64 millones de años. Pensé entonces en Sobrevivientes, una exposición que literalmente ha sobrevivido a las crisis de los últimos 12 meses. Se trata de la primera exposición interactiva sobre la Sexta Extinción Masiva en el país, desarrollada por el Centro Cultural Toluca y que cuenta con la validación de uno de los mayores expertos en la materia de extinciones, el mexiquense, Dr. Gerardo Ceballos.

Justamente la exposición habla de ese impacto de asteroide en forma de humano y pone a los animales en diálogo para salvar al planeta.  En un hecho curioso, esta exposición surgió en el ya lejano verano del 2019 cuando la ONU había declarado formalmente y después de 10 años de investigación, que habíamos entrado a la Sexta Extinción Masiva. En ese entonces se leía apocalíptico pensar que la extinción masiva de especies estaría relacionada con la aparición de pandemias que colapsarían el sistema económico y la forma de vida de los seres humanos… La exposición iba a ser inaugurada con un gran desfile en marzo de 2020 y se proyectaban filas de curiosos que buscarían acercarse a conocer los robots de especies de animales en peligro de extinción contando su testimonio a través de los cedularios. Hoy sabemos que el apocalipsis y la utopía fracasada existen: la exposición tuvo que ser inaugurada en un marco de seriedad y sana distancia en septiembre del 2020, cuando la asignatura pendiente de la crisis ecológica se había hecho aún más grave.

La poesía y la literatura, las tradiciones y los paisajes que amamos son vulnerables a esta crisis, aunque nuestros actos y desdén parecieran demostrar lo contario. El problema de la destrucción es de todos y para todos. Hoy en las redes y prensa internacional, debido a las cumbres internacionales, el tema ha vuelto a los titulares de la prensa, pero no estoy tan segura de que en la mente de los gestores locales. Tenemos que sumar esfuerzos en los distintos sectores y ejercer la soberanía en la búsqueda de un México limpio y sustentable. Pero no solo en papel o fotografía digital, más bien, en cambios: pequeños pasos que realmente transformen al mundo. No en una transformación de demagogia, sino en la resiliencia de la sobrevivencia.