Bajo el sendero de los otomíes

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En los últimos años hablar de los famosos pueblos originarios es tendencia y moda entre los que se dedican a escribir la historia y también la crónica, el padre Ángel María Garibay deja por sentado aportaciones de sumo valor a la historia de los pueblos indígenas, aportaciones que nos sirven de referente para adentrarnos a los orígenes, sin embargo, el tiempo que transcurre de ese pasado a este presente hace obligatorio estudiar a los pueblos no como un hecho estático, aquellas civilizaciones de las que hablaba en sus crónicas el padre Garibay no son propiamente las que persisten en la actualidad y es por ello que se debe conocer a los pueblos desde adentro, esto implica recorrer sus caminos, el contacto con la comunidad, aprender su lengua puesto que la lengua del otomí es un parteaguas para los que pretenden entender su cultura. 

Lastimosamente se tiene una concepción acerca del otomí muy alejada de lo que en realidad representa, los otomíes específicamente en el valle de Toluca se encuentran dispersos en San Pablo Autopan, San Cristobal Huichochitlán, San Andrés Cuexcontitlán y parte de Tlachaloya, ellos representan la cultura Hñätho, que es una variante del otomí que la diferencia de otras como la variante de los otomíes en Hidalgo y Michoacán.  

La premisa de que es necesario conocer la lengua otomí Hñätho para comprender a estos pueblos, para contextualizar la vida de los otomíes, más que especular es tener fundamentos que permitan hacer una interpretación mas cercana a la realidad, de esta manera evitamos las malas interpretaciones desde el desconocimiento. Ejemplo de ello es que para el otomí la palabra guerra o guerrero no existe, dentro de su lengua esta palabra no figura, el otomí no era un hombre guerrero, cuando nos adentramos a la lengua identificamos que muchas de las interpretaciones que se han hecho donde muestran a un otomí guerrero se desmoronan porque no coinciden con la idea del otomí. 

Otra palabra que no existe en su lengua es la palabra corazón, lo mas cercano a esta palabra es matsi mui (todo mi ser) el término mui quiere decir estómago, es decir para la cultura hñätho expresarle a alguien que lo quieres con todo tu ser es mucho mas profundo, porque este cariño viene desde las entrañas, por ello pensar en los otomíes como sanguinarios que realizaban sacrificios es una interpretación que tampoco coincide con la lengua otomí, lo mismo ocurre con la palabra gracias, el otomí siempre esta agradecido, y lo expresa mediante la palabra njamadi que quiere decir gracias, sin embargo al adentrase en su raíz, njamadi es una palabra mucho más profunda puesto que nja significa (hacer, construir, crear, edificar, realizar, elaborar) por otra parte la palabra madi significa (lo mas valioso, amar, cariño, amistad, respeto, querer, empatía). 

En otras palabras, cuando el otomí dice: njamadi a su prójimo le esta diciendo: que se siga edificando la amistad entre ambos, que se siga construyendo el amor). Es por esta razón que entender la vida de los otomíes implica adentrase a su lengua, aprenderla y comprenderla, esto nos permite contextualizar la cultura, entender el por qué de los usos y costumbres, así mismo diferenciar cómo de una localidad a otra estas costumbres mantienen la esencia otomí con sus adecuaciones. Otra de las palabras fundamentales para los pueblos de origen otomí es: Te gihats’ i (cómo va tu día) para ellos es importante preguntar al otro ¿Cómo amaneciste?, incluso en la variante Hñätho solo hay dos formas de saludar, para el caso de ver por primera vez en el trascurso del día a alguien y por si vuelven a coincidir ese mismo día con la misma persona. 

La cultura otomí le da un valor al maíz, a la deidad que llaman (Creador) a quien le piden permiso para poder sembrar y que la tierra de la cosecha que se espera, hay un respeto muy notable a la tierra, a las semillas, a los sembradores, esta tarea la realizan hombres y mujeres. Es un mundo de información la que envuelve a cada pueblo, es importante estudiarlos desde adentro, desde este presente, escribir su historia es darles visibilidad, pero hacer la crónica actual es darles voz, es recorrer sus caminos y tener frente a frente de lo que escribe.