Bultos. Bolsas negras, apiladas. Decenas, cientos. Tiradero, caos.

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Bultos. Bolsas negras, apiladas. Decenas, cientos. Tiradero, caos.

Esos escenarios de pilas de cadáveres embolsados, que vimos o, nos hicieron ver, respecto a lo que pasaba y pasa con la pandemia -natural o artificial-, provocada por el Covid-19. Vimos, en grabaciones, esas salas de hospital, los pasillos de los nosocomios donde no podías dar un paso sin tropezarte con un cadáver, de lo que fuera, un hombre. (Haciendo referencia a la raza humana, hombre y mujer).

Ante esta situación que vemos con azoro y tristeza, nos preguntamos ¿Qué es el hombre? ¿Será un trozo de carne que hoy se mueve y mañana está rígido como el tronco de un árbol? ¿Será algo animado y, luego, desanimado? ¿Será la dicha o la desdicha? O, ¿el hecho o el deshecho?

De nuestra concepción que tengamos de hombre depende el trato que nos damos y que damos a otros. Si el hombre es simplemente un animal o, simplemente, un ente, un algo, una cosa, ¿qué podemos esperar de su trato?

El término hombre, viene del latín “hommo” y éste, a su vez, de “hummus”, lodo, tierra. Así que, el hombre (varón y mujer) es el ser de la tierra. Pero ¿si es lodo o tierra, qué dignidad tiene? Si solo fuera eso, tendría poca importancia. Sin embargo, el hombre es algo más que tierra, que materia. Tiene una parte espiritual, inmaterial que no se puede tocar, ni ver, pero, que está, que se manifiesta.

Esa parte inmaterial es su alma. Y ¿cómo sabemos que el hombre tiene alma? Hay muchas formas de indagarlo. Fuera de que desde que el hombre existe ha creído en el alma y ha formado grandes leyendas, rituales y monumentos para el tránsito de esa “psiqué”, hay otros caminos menos glamorosos, pero, contundentes. El ser humano es capaz de crear conceptos que no tienen correlato en la materia.

¿Cuánto pesa una idea, un pensamiento? ¡Nada, es inmaterial! ¿Qué color tiene la justicia, la virtud, el tiempo, la verdad o la mentira? Ninguno, son conceptos inmateriales. Luego, si somos capaces de crear cosas inmateriales, deben venir de algo inmaterial en nosotros. “El obrar sigue al ser”. Nadie da lo que no tiene y el cerebro es materia, no podría dar algo inmaterial. Cabe señalar, que el cerebro proporciona al alma lo que recibe de los sentidos y éstos, lo que captan del mundo exterior.

Así que, el hombre es material e inmaterial. Cuerpo y espíritu. Y si éste, último, no tiene materia ¿cómo podrá destruirse? ¿Cómo podría descomponerse después de una grave enfermedad que le causó la muerte a su cuerpo? Por tanto, el alma sigue viviendo, sigue existiendo, aún después de lo que llamamos vida.

Y he aquí la dignidad tan grande del hombre. Único ser que conjunta lo material con lo inmaterial. La unión de lo visible con lo invisible. La amalgama entre lo tangible e intangible. El medio por el cual, lo creado, rinde loas a su Creador. Por ello debe ser tratado con gran dignidad, aunque haya caído ante la pandemia.