Calixtlahuaca…

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Estudioso de la historia, don Poncho, que con objetividad y honestidad cita a los que han descubierto ese pasado y con respeto y, sin robar ideas o proyectos, cita en primer lugar: en capítulo VI, de su libro cita El Preclásico en el Valle de Toluca / Calixtlahuaca y los Otomíes, en el escribe: El doctor José García Payón merece nuestra más alta gratitud y reconocimiento por haber sacado a luz, con su pericia de maestro arqueólogo, los signos de mayor trascendencia de nuestro pasado cultural provinciano. Entre 1927 y 1933 realizó una cantidad admirable de trabajos en relación a Calixtlahuaca y Malinalco, cuyas localizaciones permanecían inéditas para la Historia. Inéditas para esa ciencia y palabra llamada Historia, que no es otra cosa, que los humanos al margen de su pasado más remoto y de al conocerle no se puede no sentirse un orgullo ilimitado por los restos que en estos dos lugares hoy son motivo de visita turística, visita de estudio, de admiración por lo que nuestros ancestros hicieron por todo el territorio mexiquense. 

En este año de 2022, finales de diciembre, contamos entre las nuevas y renovadas zonas arqueológicas a Calixtlahuaca, Teotenango, Huamango, y Tlapacoya, bajo la dirección de estudios arqueológicos realizados desde el gobierno de Carlos Hank González, y después los gobiernos que le siguen, para recuperar zonas que son responsabilidad de mexiquenses cultos: quienes no niegan su pasado, sino que buscan —el caso del Cerro del dios Tolo—, se descubran restos arqueológicos, que sean prueba de que el pasado está allí: sepultado por el tiempo o la impudicia de conquistadores, pero al final, que surge con sólo rascar montecillos o montes, valles o zonas, que parecen no tener ningún valor cultural; cuando ahora sabemos, que es obra sepultada que desea aparecer ante sus contemporáneos.

Cita don Poncho dos lugares, dice: Correspondiendo a un horizonte posterior, más adelante hablaremos de Malinalco. ¿Y qué fue lo que encontró el doctor García Payón en Calixtlahuaca? Más de 20 montículos preñados de ruinas, de los cuales procedió a desenterrar aquellos de los que poseía mejores referencias. Un templo cónico circular y otro cuadrangular, con plataformas, sobre la falda del empinado cerro de Tenismó y una serie de construcciones sobre la llanura, a las que, en su conjunto, dio el nombre de Calmecat. Todas las estructuras correspondieron en su parte exterior, el periodo azteca y se supone que las usaban a modo de atalayas y fortificaciones. Estamos hablando de hace casi cien años del descubrimiento de la zona arqueológica que es orgullo de la ciudad de Toluca. 

Hacia el norte de la capital mexiquense. Escribe: Pero, los arqueólogos no se conforman con ver de fuera, van hasta las entrañas a través de sus agujeros estratigráficos. El maestro Payón procedió a lo mismo y en la pirámide circular realizó un descubrimiento sensacional para su época: que el Valle de Toluca había estado extensamente poblado desde el Preclásico Medio. Al penetrar al interior de la pirámide, localizó tres estructuras. (Otros hablan de cuatro) a las que fue situando en él en relación a los vestigios de utilería que se iba encontrando en sus etapas. Es tanto el afecto de don Poncho por los arqueólogos, a los que considera los verdaderos descubridores de la historia mexicana en sus más antiguos tiempos. Hoy sabemos que no sólo ellos, sino que para entender y descubrir lo más cercano a la verdad que fue, se necesita de todos aquellos que amando lo humano, estudian en universidades e institutos especializados todo lo que puede acercar a ese conocimiento; que bien sabemos, y hay que repetirlo: intereses aviesos se encargaron de sepultar o destruir. 

Habla el doctor Payón —cuenta don Poncho— de una primera estructura, la más antigua, de tipo “preteotihuacano”, es decir, preclásico; de otra estructura más reciente, de corte teotihuacano y de una tercera con indudable sello mexica. Desde un principio, el arqueólogo planteó la necesidad de saber quiénes eran aquellos primitivos toluqueños que levantaron la primera estructura piramidal. Primitivos toluqueños, así hay que hablar de quienes poblaron estas tierras por primera vez, en etapa de civilización donde se asoma la labor agrícola y la caza de alimentos de agua y tierra. Zona lacustre de gran riqueza desde las tierras toluqueñas yendo hacia el Lerma, Almoloya del Río y pasando por Santa María Rayón y San Antonio la Isla, sin olvidar a Metepec. 

Se puede meditar de esta manera al tratar de imaginar ¿cuál es el territorio lacustre que fue paraíso hoy ignorado, olvidado o destruido, por presencia humana en esa sobrepoblación que hace del Valle de México y de Toluca ser la zona más poblada del país?… Cita el cronista: Recogemos estas palabras del maestro Payón: “Tenemos un tipo bastante abundante de cerámica cuyo decorado está hecho por medio de pastillaje, al que clasificamos con el número uno y el cual fue encontrado posteriormente por los doctores Franck, Bose y Manuel Gamio en el Valle de México y más recientemente por el doctor George Vaillant en Ticomán, cuyo tipo probablemente tendremos que reconocer como Otomí”. Imposible ignorar la presencia de los Otomíes en la vida del municipio y ciudad de Toluca. 

Atender esta triple presencia de matlatzincas, otomíes y mazahuas en sus etapas ajenas al caudillaje y sujeción a los mexicas o aztecas permite comprender que Toluca es resultado en mayor o menos medida de tres culturas que le dejaron suficientes pruebas a su pasado. Vendrá tiempo de reconocer lo que los nahoas dejan en su paso conquistador por estas tierras del dios Tolo. Dios Tolo o Tolotzin, aunque no cuadre a quienes sólo lo califican de Señorío, pues se ve claro, por el querer popular, que este dios es parte de mitología y teología indiana, y que estudios en este sentido cada día abren más y más puertas al saber de nuestro pasado.

Todo se vale en el estudio, cuando se hace con pasión y juicio. Por eso es válida la cita de Sánchez García: Por cierto que los hallazgos de Payón y Vaillant, indujeron al maestro Horacio Zúñiga a plantear la tesis de que los primitivos habitantes del Valle de Toluca fueron emigrados de Ticomán y Copilco, durante el Preclásico Medio. Sin embargo el descubrir de Calixtlahuaca no da otra pista de mayor importancia, al indicar que algún día tendremos que reconocer la presencia Otomí, no sólo en el Valle de Toluca, sino en muchas otras localizaciones históricas. Esta verdad la vino a demostrar con sus vivencias en distintas localidades del Estado de México el padre Ángel María Garibay, demostrando que por doquier al norte de la ciudad de Toluca las huellas de Otomíes comprueban sus aportaciones al modo de ser de aquellos habitantes que fundan la Toluca actual. 

Citar el texto Ángel María Garibay / La rueda y el río, compilación y comentarios de Miguel León Portilla y Patrick Johansson, prueba por doquier el respeto y amor a dicha cultura por nuestro sabio toluqueño quien escribe en dicho texto, Supervivencia de la cultura intelectual precolombina / La zona estudiada y sus habitantes. Enclavado enteramente en las estribaciones de la gran cordillera que se conoce con el nombre de Monte de las Cruces, verdadero muro de división entre los llamados Valle de México y Toluca, yace el territorio de que me ocupo. Geográficamente es homogéneo, por una parte, al de Temoaya, que cae en el lado de Toluca, y por otra, al de la Delegación de Cuajimalpa, así como a una parte de la Delegación de San Ángel, en el Valle de México. 

Limito mis observaciones al territorio que constituye la sede de la unidad político-social del Municipio de Huixquilucan, cuya comunidad es objeto de mi estudio. Sabia lección para cualquier cronista que desee serlo: atender el límite del estudio que se quiere hacer. Limitarlo en el tiempo, en sus personajes, tiempos de Horizontes Culturales, ser preciso y juicioso. No es banalidad atender el pasado de una comunidad, mucho menos la de una ciudad que ha venido a ser en el siglo XXI una de las primeras de México por su dinámica y porque trae el sino de ser ciudad de bienes y servicios.