CAMBIANDO EL LENTE A LA CÁMARA (Principio del Caleidoscopio)

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Las anclas que hayas acumulado a lo largo de tu vida, de todos los tamaños, colores y pesos, y para mares, lagos y ríos, te generan, como es natural, dolor y decepción por no poder desaparecerlas en un santiamén. La sensación de pesadez te borra la sonrisa diaria y tu rostro se va poniendo rígido como estatua de cera, cada vez que el reflejo asoma. La palabra culpa, parece que la llevamos tatuada en cualquier parte de nuestra piel, como una de esas tantas creencias que nos dominan. Entras en el juego irremediable de: La culpa es tuya, es mía…, y donde claramente el ego gana la partida, buscando los responsables de los hechos para no hacerse cargo.

Tu mente puede jugarte una mala pasada, porque nunca te enojas por la razón que crees enojarte. De ahí se fundan todos los miedos producto de una percepción distorsionada. El mundo de la percepción se basa en cómo interpretas la realidad, según tu ordenador mental. Pero no son los hechos. Son los mecanismos que tú incorporaste en tu base de datos, lo que te hacen interpretar lo que concibes como realidad.

Tenemos dañada la percepción. Y eso es lo que debemos resetear. Te voy a contar una pequeña alegoría, para que puedas ilustrarte con precisión. Y tiene que ver con las palabras expresadas anteriormente, están amarradas a cada vez que te aceche un comportamiento de juicio o de querer tener la razón. Porque en realidad no vemos las cosas como son, las vemos según nuestros lentes, a veces en foco o a veces fuera de él, como no podría ser de otra manera.

Cuatro personas querían conocer un árbol, que era muy famoso y alguien que conocía muy bien el árbol se ofreció a llevarlas para que vieran cómo era. Entonces llevó a la primera persona y le mostró el árbol, y como era invierno el árbol estaba prácticamente solo con el tronco y las ramas y ella observo bien al árbol, que tenía ese aspecto.

Después de algunos meses, la segunda persona fue llevada a ver el árbol. En ese momento las hojas del mismo, estaban comenzando a brotar porque había cambiado de estación. Entonces observó el árbol con todos sus detalles. Pasó un tiempo, y llevaron a la tercera persona. Ahí el árbol estaba con flores y esa persona lo vio así.

Más tarde llegó la cuarta y ésta contempló que el árbol estaba con frutos, y en  su total apogeo.

Luego convocaron a las cuatro y les pidieron que dijesen cómo era aquel árbol que habían visto. La primera persona dijo –¡ Yo, no sé, porque es tan famoso ese árbol!, solo vi ramas secas. La segunda  dijo –era un árbol normal, tenía algunas hojas, pero nada extraordinario. La tercera  dijo –¡Ah, era una imagen bellísima!, porque había flores muy bonitas y realmente es un árbol muy hermoso y lleno de tonos y texturas. La cuarta dijo –¡Ese árbol merece realmente esa fama!, tenía frutos espectaculares, y se podía sentir su aroma.

Y es realmente así como los seres ven las cosas. Los seres humanos se olvidan de que todo cambia a cada momento, a cada instante, que las cosas no son más las mismas.

Uno ve algo y automáticamente tiene que emitir un juicio o colocarlo dentro de una definición o concepto, para racionalizarlo. Aquellas personas no habían visto todo y estaban definiendo al árbol. Normalmente hacemos lo mismo con nuestra propia vida y con la vida de los demás. No tenemos el cuadro completo de las cosas. De esa manera se las juzga y se dice –esta persona es esto, es así, es aquello, de esa forma. Uno actúa de la misma forma que aquellas que vieron el árbol.

No percibimos que hay muchas otras miradas, otras ilusiones ópticas que existen, muchas cosas que nosotros vemos a través de otra, ¿verdad? A veces llega alguien y habla de algo o de alguien y uno comienza a ver a través de aquello. Es decir, ni siquiera uno vio, pero se forma la imagen de aquello que le dijeron. Viendo así de manera distorsionada. Esto es importante porque estamos siendo engañados de manera permanente, basándonos en ilusiones y actuamos en consecuencia. Espejismos de todas las épocas. Entonces uno está habituado con eso y nuestra personalidad ya está acostumbrada a ver las cosas como no son. Y con eso uno se ve a sí mismo, como no es realmente. Producto del ego que ha formado nuestro traje o avatar para representarnos, según lo que fuimos recolectando a lo largo de nuestra vida. Percibe, decodifica lo que tiene en su base de datos y actúa en consecuencia. Creyendo que está en lo correcto.

Esta computadora mental no quiere ser descubierta porque eso atentaría con sentir un estado de amenaza. Invitando a la personalidad a que no se vea como es. Ella siempre crea una imagen de sí misma y comienza a imponerse esa imagen, durante la vida entera. Entonces uno se viste así, se peina así, se maquilla así, se comporta así, vive así, porque es como a la personalidad le gusta parecer, cómo le gusta mostrarse a los demás y cómo le gusta mostrarse ante sí misma. Y ese mecanismo de defensa de la personalidad ataca cuando le dicen algo contrario a lo que piensa.

Nos cuesta mucho observar sin juzgar. Contemplar. Nada se detiene en el universo. Todo está cambiando constantemente. Hasta nosotros mismos no somos los mismos que hace cinco minutos atrás. Detente un momento y obsérvate, ¿Qué piensas? ¿Qué sientes en este momento? Deja que el velo se corra y sumérgete en este instante. ¿Te has perdonado y abrazado por todas las veces que te juzgaste y te castigaste?

Empieza a tener presente todo el ciclo de vida que albergas. Todos los pasos que diste hasta llegar hasta acá. Valórate y sé compasivo contigo, y sólo así podrás ser compasivo con los demás.

A través de la observación, podemos educar al personaje que hemos creado para que éste mejore y se desenvuelva. Hay que tratar a la mente como si fuese una criatura y decirle –mira, somos un equipo, y a partir de ahora vamos a cambiar ese patrón y es seguro para nosotros, si tú tienes diplomacia, si lo haces con cariño, se va a ir modificando esta conducta aprendida que no te ha servido hasta el momento.

De esta forma estarás re programando tu mente de manera consciente y equilibrada. Modificando así tu percepción, porque ésta se basa en las conductas repetitivas y sentimientos que te han enseñado hasta hoy. En vez de estar hablando con otras personas o hablando de cosas que no tienen ninguna importancia, dedícate a hablarte a ti mismo, para que tu mente tome la proa donde está la dirección correcta. (según tu propio ser) Y para que las fuerzas se unifiquen y ejecuten nuevos cambios serán muy buenos y seguros para ti.

Y tu propio marinero te ordenará, cómplice y al oído, leven anclas.