CARLOS VILLASANA DETIENE EL TIEMPO A TRAVÉS DE 100 FOTOGRAFÍAS EN “LA CIUDAD QUE YA NO EXISTE”

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El perspicaz ojo de Carlos Villasana para encontrar escenas cotidianas de paisaje urbano, su crónica y los puntuales datos históricos de Alejandro Rosas, hacen posible la reconstrucción de “La ciudad que ya no existe”, libro que tuvo su presentación virtual la noche de este martes, bajo el sello editorial Planeta, y en el que, a través de 100 fotografías referenciadas de la Ciudad de México, este coleccionista logra “detener el tiempo”.

Así lo aseguró, Rafael Pérez Gay, encargado de realizar la presentación y comentar junto con el autor esta extraordinaria obra, de la que señaló: ““Todo coleccionista desea en secreto detener el tiempo. Carlos Villasana lo ha logrado a través de esta extraordinaria colección de fotografías de la Ciudad de México, en la que nos devuelve una parte de la vida y revive una ciudad perdida en la memoria”.

Señaló también que, con la coautoría de Alejandro Rosas, historiador y difusor de la historia literaria, muy preciso, riguroso, Carlos Villasana rápidamente se convirtió no solo en un coleccionista sino en un interprete, un autor que muestra la Ciudad de México, “alguien que va llevándonos de la mano por las calles”, y que además, “va construyendo la historia de la ciudad”, a través de fotografías referenciadas, es decir, fotos con una descripción del lugar, del contexto, del momento.

Este testimonio gráfico es innovador pues echa mano de otros recursos como líneas de tiempo, y un código QR que permite al lector “tomar una foto y que te lleve a esa ciudad actual”. También lo es en cuanto al tamaño, pues “es “sobaquero”, pide calle, pide que te lo lleves a un café, y aún para los jóvenes, es un ejercicio actual”, destacó el autor.

“Es un libro que llama a la nostalgia, pero también nos permite ver lo que todavía tenemos y a lo que quizás ya no le prestamos tanta atención, lugares, monumentos para cuidarlos, para protegerlos. Tendríamos que volver a voltear lo que queda ahí”, y es además “una gran excusa para acercarse a la fotografía”, explicó.

En principio, Carlos Villasana habló de cómo nace su pasión con la colección de fotografías de la Ciudad de México. Se la debe a la influencia de sus padres: su padre, al ser maestro de telesecundaria solía ir a varios puntos del país a inaugurar teleaulas y volvía con fotografías y postales. “Por otro lado, tengo a mi mamá, ella fue maestra de historia, entonces siempre había en casa libros de historia, de fotografía, de crónica y comencé a crecer con esta influencia”.

Ya con más edad, su gusto por ir a “la chachara” para rescate “tesoros”: “Postales, fotografías, revistas, folletos, todo lo relacionado a la foto y así fue como inicié esta colección, yendo a estos lugares. Me gusta mucho encontrar estos tesoros, agachándome, viendo en cajas y seleccionando las más bonitas, las que más me gusten”.

La imagen que abre el libro es la foto de un niño que está frente a la ventaja, y ofrece dos planos, la sala de su casa y en el exterior, el Cine Lido, inaugurado en 1942, ubicado en la esquina de Tamaulipas y Benjamín Gil, que después se convirtió en el Cine Bella Época y hoy es la Librería Rosario Castellanos. Las imágenes logran la identificación, pues Pérez Guy comentó: “Era el lugar en el que durante mucho tiempo los que vivíamos en la Colonia Condesa nos refugiábamos las tardes de viernes y sábado en función doble”.

“Cada fotografía nos despierta una historia y son historias que tienen que ver con nosotros, de modo que al mismo tiempo que vamos aprendiendo de la ciudad, vamos recordando nuestra historia”, comentó Pérez Guy.

¿Cómo logró reunir las fotografías y cómo las eligió?

Carlos Villasana, fundador del proyecto la Ciudad de México en el tiempo, comentó: “Creo que tengo esa facilidad al hacer tantos años de investigación iconográfica, que hacemos crónica y me toca a mí ilustrarlas con fotografías y he tratado de buscar esas fotos, esos paisajes urbanos, escenas cotidianas que salgan un poco de las fotos clásicas que estamos acostumbrados de los libros, de la academia o de los archivos, que son medio frías, de fachadas, que como que no te dicen nada, no te mueven por adentro, como que no la ubicas o no tienes nada alrededor que te pueda dar un contexto y yo busco eso en todas las imágenes, que sean escenas que no necesiten descripción, que la imagen hable por sí misma”.

“Son fotos muy distintas. Te identificas con una imagen, y piensas puedo ser yo, cambiando de niño a adolescente, ese niño que se asoma a la ventana reflexionando, o contando a las personas que van al cine”, dijo.

Villasana puntualizó que las 100 imágenes presentadas en esta obra, están divididas en tres grandes rubros: personas, inmuebles y sitios icónicos, “con un orden no establecido sino como miscelanea, un poco random”.