Conciencia de sí, como un salir de la niebla… !!

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Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz

sino haciendo consciente la oscuridad (…)

lo que no se hace consciente

se manifiesta en nuestras vidas como destino.

Carl Gustav Jung

 

Platicaremos brevemente en esta ocasión acerca de la conciencia, pero en su faceta más auténtica, individualizada, y creativa: la conciencia de sí. Para ello voy a cimentar toda la charla en algunas aportaciones que hizo uno de los psicólogos más importantes de todos los tiempos, Carl Gustav Jung. Esto con la idea de que lo dicho aquí tenga un fundamento científico, basado en estudios ya realizados. Para iniciar les comento efímeramente sobre este personaje.

 

Nace en 1875 en la ciudad de Kesswil en Suiza, en el seno de una familia extremadamente religiosa. Sin embargo su niñez fue retraída y solitaria sin poder relacionarse con hermanos o hermanas. Así es que él se acostumbró a jugar con elementos de la naturaleza y utilizaba de sobremanera su aguda imaginación generando extravagantes narraciones relativas a todo aquello que él mismo vivenciaba. Sus asociaciones mentales insólitas y simbolismos que llegaban a su mente rebasando las barreras de su conciencia despierta donde hacían gran presencia aquellos sueños con gran carga simbólica. Sin duda uno de esos sueño marcó su vida y por tanto su gran legado, sobre todo si consideramos que buena parte de su vida la dedicó a estudiar lo onírico.

 

Tal cual, cuando apenas tenía unos cuatro añitos tuvo un sueño en donde descendía por un oscuro agujero rectangular, cavado en una pradera y al llegar al fondo, encontraba un arco del que colgaba una cortina vereda, que le cerraba el paso, con un brazo apartó la cortina y encontró al final de la alfombra un impresionante trono real, ahí, se encontraba un monstruo con forma de árbol con piel humana y con un ojo en la parte superior del tronco como rostro. Cuando pensó en que se arrastraría hacia él, oyó cómo su madre le gritaba desde la entrada de aquel agujero: ¡Míralo! ¡Es el comedor de hombres! Y allí es donde comenzó todo.

 

En algún momento el mismo Jung narra el primer instante en el que tomó conciencia de su propia individualidad a los once años y él mismo lo describió como un salir de la niebla y así decir con valentía y de forma auténtica yo soy, yo sé que soy de la misma manera que señala, de forma categórica, ante la pregunta de si cree en Dios diciendo que no requiere creer, yo sé. En alguna ocasión el periodista John Freeman le hace la siguiente pregunta: Mientras que el mundo avanza hacia mayor eficiencia técnica, parece cada vez más necesario que las personas se comporten comunalmente ¿Cree usted que es posible que el máximo desarrollo del hombre sea sumergir su propia individualidad en una forma de conciencia colectiva? Él contesta: es poco probable. Creo que habrá una reacción (…) y la veo estableciéndose cuando pienso en mis pacientes, todos buscan su propia existencia (…) en contra de la nada -del no significado- (…) el hombre no puede soportar una vida sin significado. Este es un gran punto de apoyo cuando nos referimos a la conciencia de sí, aun cuando ésta se trate de un elemento que requiere irse desmenuzado con el mismo autoconocimiento. Sin embargo, al no encontrar este alimento vital para la psique, la propia existencia se desvanece y marcharemos como autómatas. Aquí es donde hay que tener cuidado con los falsos yoes, el ego, o de otra forma dicho con un falso significado.

 

Ante esta idea de la conciencia de sí, habría que señalar también que estamos en un mundo donde lo que existe es porque tiene una contraparte, un contrario, al estilo del ying y el yang. Algo así como un yo y su sombra. Entonces tendríamos que comentar también de una conciencia de no si. Así es que como en todo habrá que buscar la homeostasis y para ello me apoyaré en lo que Jung llama el proceso de individuación. Para Carl Gustav éste es un proceso que debe ser realizado por personas que ya poseen un yo fuerte y maduro. Sin embargo,me parece que debe considerarse también en lo que podría llamar una etapa formativa de la conciencia de ya que la psique está sujeta también a un proceso de evolución natural que cualquier persona puede, si así lo elije, incrementar de tal forma que su resultado sería positivo en tanto desarrollé conciencia de él.

 

Entonces hay que decir que esta transformación propuesta es una manera de madurar y auto realizar una personalidad fuerte que estará sustentada en la conciencia de sí. Jung para lograrlo propone manejar técnicas en las cuales se confronte a lo consciente con algunos componentes del inconsciente, a estos se les llama complejos. En su momento hablaremos en particular de cada uno de ellos. Por el momento bastará con mencionarlos: la persona, la sombra, el ánima, el ánimus y el sí mismo. Toda la magia tiene que ver con diferenciar el yo, diría más bien el ser, de cada uno de estos complejos. Lo más extraordinario de todo esto es que se trata de una transformación pausada de la personalidad, yo digo a la que es, dado que es la que se aproxima a una significación de la existencia y que no es más que una adaptación de la persona a su realidad interna y externa, yo diría su ser con y su ser para. Todo esto no es más que aproximarse a la totalidad lo cual es contribución de libertad para la persona.

 

Sin embargo, esto es paulatino, no es tarea sencilla hacer conscientes los diferentes complejos. Hay que decir que en toda secuencia de este tipo hay una arbitrariedad aceptada para el entendimiento, pero no hay que perder de vista que cada transformación es única y particular. Pero si quisiéramos dar un seguimiento a esta transformación como si se tratara de un procedimiento de carácter clínico, e insisto sólo con fines didácticos, se podría ejemplificar de la siguiente manera. Se podría decir que la sombra es el polo opuesto a la persona, si el yo, que desarrolla lo más fuerte de la personalidad adula a esta segunda, lo más inadaptado para la sociedad, como podría ser la cobardía o inclusive algún rasgo positivo pero que el entorno de la persona rechaza, se retiran al inconsciente formando la sombra.

 

Ahora bien, el sí mismo, propiamente el que yo llamaría la materia prima de la conciencia de , es el prototipo de la totalidad y regulador de la psique, es pues el encargado oculto atrás de la personalidad de llevar a buen puerto la transformación de la que hemos hablado, diría yo que inclusive se trata del operador del ser. El mismo Jung decía que su vivencia se sentía psicológicamente el Dios dentro de nosotros. Finalmente cabe ser claros en que la transformación llegara hasta el punto donde lo permita el compromiso de la persona, al final será quien decida a quien le sede su poder y su elección es que el si mismo se realice. Para ello es necesario que la persona le dé su poder al ser y lo lleve a una conexión directa con la transformación y se hace consciente de la misma.