CONFIANZA DIGITAL

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A un día de que termine el 2019, además de agradecer, es un buen momento para recapitular los principales sucesos del año y reconocer oportunidades de crecimiento como parte del aprendizaje que va marcando el alcance del avance en nuestras vidas.

A lo largo de nuestras intervenciones realizadas en este periodo, podemos distinguir aquéllas que representan un mayor impacto en el entorno personal, familiar, comunitario o social y a su vez resultan más significativas para cada uno de nosotros, en la medida que justifican nuestra existencia y/o nos acercan a una expectativa de trascendencia conforme a nuestros sueños e ideales como parte también de nuestra expectativa de privacidad, es decir, de las finalidades perseguidas en nuestras vidas y su relación con el grado de vinculación con otras personas.

Dentro de estas expectativas, que en cierta medida, también se vuelven motivos de vida, independientemente de su calificativo como bueno o malo, constituyen sucesos de valora sobre los cuales guiamos nuestra conducta y que en este cierre de ciclo como lo es un año calendario, nos permiten proyectar nuestras obras futuras.

Así, estos momentos de valor, pueden encaminarse a atender las llamadas de alerta que nuestro cuerpo nos comparte como indicadores de que nuestra salud necesita ser fortalecida, ya sea con una mejor alimentación, mayor actividad física o inclusive una rutina de ejercicios para corregir alguna dolencia, o inclusive, espacios de soledad o reflexión que nos permitan conectarnos con nosotros mismos y con lo que creemos, entre tantas otras opciones que nos permitirán fortalecer nuestra salud física, inteligencia emocional, la fortaleza de nuestros valores y principios, nuestra fe y capacidad de visualizar, así como la relativa a nuestra capacidad intelectual.

Por otra parte, en el ámbito familiar, comunitario y social, también nos permite evaluar los tiempos de calidad con nuestros seres amados, así como el descubrimiento de nuevas relaciones y de objetivos en común que permitan compartir un mayor tiempo, tales como proyectos empresariales, sociales, de asistencia, e incluso, de simple solidaridad o fraternidad, con los cuales logramos determinar de manera importante un sentido de utilidad de vida en función de lo que hacemos por nosotros; lo relativo a nuestras relaciones transaccionales o de costo beneficio personal, y finalmente, sobre todo aquello que estamos dispuestos a dar sin necesidad de recibir nada a cambio.

A partir de estas experiencias cada uno de nosotros, cada determinado tiempo, realizamos una labor de medición, análisis y mejora, que de manera general también se realiza con motivo del cierre del año calendario con nuestros propósitos de año nuevo, mismos que se configuran a partir de las experiencias anteriores y a las nuevas expectativas de vida resultantes de este proceso, tales como entrar pareja, buscar un peso ideal, participar con mas trabajo comunitario, emprender nuevos proyectos, alcanzar un objetivo financiero, entre otras, que a su vez constituyen una cadena de lo que esperamos lograr en la medida que se cumpla la expectativa proyectada y a partir de ahí, fijar nuevos y mayores objetivos, o guiar éstos hacia un resultado de un valor importante.

Adicionalmente en estas experiencias y deseos surgen las relacionadas con nuestra vida en sociedad y nuestra vida política, a esa naturaleza que tenemos los seres humanos como animales civilizados, o el llamado zoon politikon aritotélico, en el que estos momentos de reflexión también deberán traducirse en una evaluación de cada uno de nosotros como ciudadanos, y, en función de los temas vertidos en estas columnas, como ciudadanos digitales.

De manera particular, podría identificar el alcance de la utilidad de lo mencionado en esta columna, así como de las razones por las cuales he aprovechado la confianza para volver este espacio un semillero de ideas sobre algunas alternativas de solución sobre problemas que posiblemente todavía no son problemas, pero cuyos efectos negativos empiezan a generar estragos en nuestras vidas, así como un balance de por qué es importante seguir expresando estas ideas en estas columnas, como un ejercicio práctico de privacidad y autodeterminación.

Ello desde la perspectiva en que nosotros como ciudadanos digitales logramos abordar nuestra propia realidad y hacerla sustentable a veces a través de un tuit, un post, una imagen de denuncia o reconocimiento, una transmisión en vivo, un nuevo portal o un nuevo producto, una firma en change, una donación o la validación de una operación, cada acción cuenta para que nuestra ciudadanía digital siga en movimiento.

A su vez, el crecimiento de cualquier tipo de actividad o relación implica una confianza implícita como un primer paso que permite de manera dinámica proseguir en una relación, ya sea de amistad, afectiva, de negocios o de trabajo, por lo que dicho componente constituye un insumo básico para el logro de los objetivos planteados, como el de hacer más ejercicio si no se tiene fuerza de voluntad; de tener una pareja, si no se confía en otras personas y en el amor; en un logro profesional, sino se confía en que se llegará a realizar una labor de impacto y para ello se requiere de un acompañamiento y coordinación; o inclusive, como beneficiario de una política pública, si no se tiene confianza en nuestro estado de derecho y régimen democrático en el que se basan nuestras instituciones.

Apuntes a través de los que creo que la ultima reflexión del año bien puede dirigirse a incluir en nuestros propósitos de 2020 trabajar en el fortalecimiento de la confianza digital, que permita mejorar nuestras capacidades para lograr una inserción ordenada y civilizada en la sociedad de la información y el conocimiento, que nos permita aprovechar los beneficios de las tecnologías y proscribir aquellos supuestos que nos dejan vulnerables frente a su uso.

Esto es así, puesto que la revolución digital ha llegado con independencia de nuestro agrado o no y las operaciones que nosotros venimos realizando de manera tradicional en el mundo real, cada vez con mayor notoriedad se trasladarán al entorno digital, por lo que debemos de incorporar en nuestras actividades diarias, también las relativas al ámbito digital a fin de que podamos explotar todas aquellas posibilidades en nuestro beneficio, ya que con independencia de que cambien las formas, y exista uno o varios internet, pasen 5 o 50 años en que se disminuya la brecha digital, ó, cambiemos de aplicativos o tecnologías, la economía digital es una realidad que en su conjunto seguirá cambiando la forma en que interactuamos y conocemos el mundo.

Todo ello desde la perspectiva del imperativo tecnológico, que en cada paso, deberá impulsarnos e evitar medidas restrictivas o conservadoras respecto al uso de las tecnologías, puesto que si nosotros no trabajamos en correcciones frente a esos escenarios, seguramente quedaremos vulnerables porque todo lo que técnicamente pueda hacerse se hará, y por tanto, evitar el uso de los datos y las tecnologías, no podrán evitar sus efectos nocivos y las medidas destinadas a su atención de ninguna manera resultarán eficaces.

Por ello, independientemente de los propósitos que como ciudadanos digitales nos fijemos para 2020 y años subsecuentes, deberán considerar de manera implícita conservar la confianza digital, como ese elemento inexorable, para que nuestros objetivos se cumplan.

Les deseo que el año que estamos por iniciar, 2020, esté lleno de propósitos y resultados cumplidos y que la confianza y la confianza digital, nos permita restablecer nuestro tejido social, fortalecernos y trabajar en unidad, en cada uno de nuestros ámbitos, por un mejor país, y por una mejor humanidad. ¡Gracias por acompañar el aprendizaje de 2019! ¡Gracias, porque estoy seguro que con su apoyo, 2020 será un año grandioso!

¡Hasta el próximo año!