Cuatro cuentos cortos

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Beethoven

Parecía hosco, pero en el fondo quería a todo el mundo con su melena al aire, como de león y sus ojos nerviosos, que no te sonreían al llamarlo, como si no te oyera… imponía.

Lo malo es que si te me acercas mucho, mi buen perro, te ladraría.

Antaño y hogaño

La vio, le gustó y la siguió.

Como en mis buenos tiempos, pensó el viejo.

La alcanzó y procedió a repetir la letra de una canción:

Señorita, me permite unas palabras, le prometo no abusar de su bondad, su  belleza como un sol me ha deslumbrado y quisiera conocerla un poco más…

 

La chava se le quedó viendo como a un animal raro. Tiró su chicle y comenzando a reír, le ladró:

– No mames, güey.

Embrollo

La figura se coaguló como sombra en la pared del cuarto sumido en la penumbra.

Guardó el cuchillo ensangrentado y buscó la salida.

 

¿Y ahora por donde saco al asesino? –Se preguntó el escritor de novelas policiacas,

 

– por la ventana no, porque da al vacío, por la puerta por donde ya se levantaron y van a su trabajo…

 

¡Pepee… ayúdame a tirar la basura!

Y José Rodríguez, escritor de medio tiempo, acudió al llamado de su cónyuge, pensando cómo sacar del embrollo al asesino y a su invento favorito: un pobre escritor de novelas policiacas.

Dos violines

André Rieu entra blandiendo su fino violín al frente de su elegante y multicolor batallón musical en el elegante escenario de Ámsterdam con lleno a reventar.

José Magdaleno Ruiz con su ajado violín acompaña con un Huapanguito en Jalpan, Querétaro, al féretro que contiene a su compadre Andrés.

Rieu, de rigurosa gala pone en acción a sus tres tenores acompañados de su orquestón, rodeados de pantallas gigantes, sonidos que abarca hasta el último rincón y cámaras por doquier y así Torna a Sorrento hace llorar a más de mil.

José Magdaleno, al irse los once allegados, en solitario le toca a su compadre un son serrano y no termina, porque una lluviecilla lo comienza a empapar. En el recinto holandés, Rieu recibiendo la lluvia de aplausos medio ve a la delirante multitud, sin poder hablar.