De vida nómada

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A veces la cuestión de la libertad tiene muchas aristas. No siempre alcanzamos a comprender lo que sucede a nuestro alrededor y vemos con tristeza que, las personas suelen sacrificar sus gustos personales por ciertas posiciones sociales que impiden la felicidad desde los puntos más esenciales.

El nomadismo emocional nos determina en los aspectos de la vida social. Solemos emprender caminos sin retorno, o quedarnos a un tiempo indeterminado en ciertas emociones que siempre lastiman a los demás.

A veces no tenemos conciencia, eso es lo malo. Y tampoco hay quién comprenda que ciertas situaciones no van con el estilo de vida que elegimos, y que llevan a un distanciamiento a veces incomprensible, pero en otras, completamente claro por lo que significa.

En esas situaciones nos metemos los seres más complejos, pero a la vez, más simples del mundo. Situaciones que tienen un dejo de encabronamiento con uno mismo, o de depresión que va más allá de lo que vemos a nuestro lado.

El problema no proviene del ser humano, sino del entorno social. Ese que nos obliga, sin querer, a tener un concepto de compañía que no siempre se desea, esa vida en comunión que suele llenar ciertos espacios, pero que implica la perdida de otros, esos espacios en donde la vida nos deja, como decía Serrat: con la oscuridad entre mi almohada y mi soledad.

Sin embargo, y a pesar de que la soledad nos la venden desde chicos como una especie de circo de horror, donde habitan monstruos desgarradores y silencios espectrales, nunca ha sido así, ni nunca lo será para aquellos a quienes la soledad les da un punto de crecimiento.

La soledad puede ser un acto creativo, y a partir de este concepto no creado por la sociedad de consumo, es como se puede entender el nomadismo, esta vida nómada que llevamos algunos aunque nunca salgamos de la ciudad en la que habitamos, y nunca dejemos de lado las cosas que nos hacen sentir más seguros.

Para llegar a una soledad satisfactoria sólo hace falta aceptar el hecho: Estamos solos a pesar de todos los que nos rodean. Y es a partir de este hecho que muchos no entienden la vida nómada que algunos llevan.

No es caminar de un lado a otro; no es el observar los cristales del cuarto con desolación y extrañar ciertos sentimientos creados a partir de la necesidad, sino el conjuntar todo para tener una vida más que plena, satisfactoria debería ser el término adecuado.

Somos seres que nacemos en soledad, crecemos en soledad y morimos en soledad, pero para que la sociedad comprenda este hecho, es necesario que acepte a los nómadas como una tribu más, más allá de los eternos nómadas, sino como un producto de lo que significa el consumismo en esta etapa de la humanidad.

Aquí estamos para muchas cosas. Nos levantamos con o sin nuevo horario a la misma hora y a veces no se duerme porque no es necesario hacerlo, pero vivimos de una manera adecuada a pesar de que, como dicen los espectros solitarios que viven acompañados, no tengamos ni un perro que nos ladre o mueva la cola para saludarnos.