DEL ACAPULCO DIAMANTE, AL ACAPULCO DE DANTE. Segunda de tres partes
Quien sabe de dolor, todo lo sabe. Dante
¿Cómo pasamos del: le muevo la panza por un peso, al: le rajo la panza por un peso? Una historia de 75 años y una infinidad de explicaciones.
¿Cómo hubieran reaccionado ante el sufrimiento de sus paisanos los próceres guerrerenses: Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Juan Álvarez ?
La historia de los guerrerenses y de su joya más preciada, el puerto de Acapulco, es digna de contarse al más puro estilo de un poema épico como el de la Divina Comedia de Dante Alighieri, para comprender mejor el devenir del puerto, desde el año de 1565, al de 1948; más de tres siglos del tránsito del infierno, pasando por el purgatorio, hasta llegar al paraíso, y de ahí, pues a la inversa.
Cuando en 1565 descubrieron el derrotero Acapulco-Manila y Manila-Acapulco, los exploradores de aquella época, tuvieron varias razones para elegirlo puerto de destino, entre las principales: su gran calado, seguro y dotado de buena agua; rodeado de bosques de abundante madera; mano de obra indígena y, sobre todo, su cercanía con la ciudad de México y con destino final, el puerto de Veracruz, principal salida para Europa.

Sin embargo, al pasar de los años, fueron observando algunas desventajas, como el hecho de tener poca ventilación ya que se encuentra cercado por la Sierra Madre del Sur, y sus cerros y playas se componen de granito, lo que elevaba considerablemente la temperatura, pero, principalmente, que el puerto continuamente era azotado por temblores y huracanes.
Por si esto fuera poco, ya desde los tiempos del galeón de Manila, el comercio marítimo sufrió los ataques de famosos corsarios y piratas como el sanguinario Joris van Spilbergen de origen neerlandés. Era un verdadero Infierno para los guerrerenses, quienes desde entonces, fueron forjando su carácter recio, aguerrido y, con ello, una gran resiliencia.
Ya en tiempos de la Guerra de la Independencia, Acapulco perdió competitividad en el contexto mundial, debido a que se suspendió el comercio marítimo con Asia. Digamos que se adentraban en el Purgatorio, y en la parte meridiana del siglo XIX, Acapulco recuperaba sus bríos, gracias a la fiebre de oro de California, que impulsó la ruta marítima San Francisco-Acapulco-Panamá y de paso, aprovechar el carbón que se extraía de la sierra.
Ya para entonces, la hamaca, el metate y por supuesto, el machete, se convirtieron en símbolos ancla de la narrativa de los pobladores guerrerenses. La pobreza, la desigualdad y el aislamiento, firmaron carta de naturalización en estás tierras, hasta que Don Porfirio se decidió a cruzar las tierras bravías con las vías del tren y las carreteras.

Acapulco empezaba a llamar a la puerta de El Paraíso, cuando en 1927 se construyó y asfaltó la carretera México-Acapulco, para hacer de un trayecto de varios días, a tan sólo una docena de horas. Después siguió el aeropuerto y los respaldos de los presidentes de la república desde Ortiz Rubio hasta Alemán .
El puerto de Acapulco, ya había alcanzado su estatus de Paraíso tanto para la alta sociedad mexicana, como para los norteamericanos. Se inauguraron los primeros hoteles: El Hornos, El Mirador en la emblemática La Quebrada y el Majestic.
Le siguieron en los cuarentas con Acapulco con casi diez mil habitantes, El Casablanca y el Villa Vera Racquet Club, poniendo así la alfombra roja al turismo de alta gama y al Jet-Set, que hizo del puerto guerrerense su guarida de moda.
El Acapulco de María Félix y de Agustín Lara, inauguraba una nueva etapa en su desarrollo, que para encuadrar mi análisis, lo dividiré en tres etapas, cada una de 25 años: 1948-1973; 1973-1998 y 1998-2023.
1948-1973: EL PARAÍSO

En La Divina Comedia, el Paraíso es la última parte del viaje de Dante y simboliza la consecución de la unión con Dios. Representa la perfección, la luz divina y la realización espiritual. A medida que Dante asciende a través de los cielos, encuentra figuras celestiales y comprende la naturaleza divina. El Paraíso simboliza la culminación del viaje del alma hacia la redención y la unión con lo divino.
1973- 1998: EL PURGATORIO
Representa un estado intermedio entre el pecado y la redención. Es un lugar donde las almas expían sus pecados antes de ascender al Paraíso. A través de distintos niveles, cada uno asociado a diferentes tipos de pecados, Dante explora el concepto de purificación y el proceso de mejora espiritual para alcanzar la gracia divina.
1998-2023: EL INFIERNO
Dante describe el Infierno como un lugar con diferentes círculos o niveles, cada uno destinado a castigar diferentes pecados.

Asumo las consecuencias de algunos ortodoxos de la literatura que vean como una exageración, la secuencia metafórica de la Divina Comedia, para intentar despertar a nuestras autoridades, sobre la importancia no solo en materia de turismo, sino en el ajedrez de la geopolítica que juega Acapulco como uno de los cuatro puertos de altura con que cuenta nuestro país en su litoral del Océano Pacífico.
Los otros tres puertos son: Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Guaymas, que sumados a Acapulco, conforman la mano de póquer de ases con que China, a través de su Nueva Ruta de la Seda, se ha sentado a la mesa de la disputa entre Oriente y Occidente.
Por cierto, no me parece una casualidad, que en el 2012, Acapulco ocupara el segundo lugar como la ciudad más violenta del mundo y que desde entonces, han seguido el mismo derrotero Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Guaymas. Nada es casual.

