+Del Toluca de los 50, la ciudad, el restaurante El Palenque, la Escuela Claret, la Secundaria Uno, la Santa Veracruz y los Potros Salvajes con Guillermo Andrade Delgado
La frase:
Mientras haya amor y grandes recuerdos, habrá poesía.
MIGUEL ÁNGEL BUESA
GUILLERMO ANDRADE DELGADO, TOLUQUEÑO FAMOSO, HIJO DE PADRES FAMOSOS, RECUERDA LA TOLUCA DE LOS SESENTA
Hablar con Guillermo Andrade Delgado es hablar con uno de los más connotados especialistas en Derecho Penal y en específico, de la rama de Centros de Readaptación Social, pero no sólo eso, sino que conjuga además de la historia de Toluca, su propia historia, que comienza con su padre del mismo nombre, Guillermo Andrade, quien fue jugador de futbol, defensa central de gran estatura quien jugó en el Deportivo Toluca.
Peruano de nacimiento, casó con Carmen Delgado Torres, mujer tapatía, quien fundó un inolvidable restaurante El Palenque, prácticamente abierto día y noche para competir con Caleta, otro restaurante que estaba a la entrada de la ciudad sobre la avenida Hidalgo.
Cercano a los maestros Sergio García Ramírez y Antonio Sánchez Galindo, Guillermo no sólo estuvo como director del Centro de Readaptación Social Almoloyita, sino también en Puente Grande, Jalisco, en la ciudad de México. En fin, una trayectoria singular.
Mi padre es de nacionalidad peruana. Fue reclutado por un equipo de Primera División que se llamaba ADO, Asociación Deportiva Orizabeña, llega a Orizaba en los años 40, con el auge que iniciaba el futbol profesional en la República Mexicana.
Había dos equipos en esa ciudad tan pequeña que se llama Orizaba, el ADO y el Moctezuma, por la Cervecería.
Mi padre reclutado por el ADO, juega ahí algunos años, después van a la ciudad de México, tenía sus bases, algunos inversionistas españoles, en fin, conoce a mi madre a finales de los 40.
Mi madre nacida en los altos de Jalisco, una mujer muy bella, emprendedora, se casa con ella, nazco en el año de 49 en la ciudad de Orizaba, cuando mi padre por ahí jugaba.
A finales de esa temporada emigra, es contratado por los Tiburones Rojos del Veracruz, nos vamos a vivir al puerto y ahí es donde obtienen el primer campeonato, no se tiene historia que hayan ganado otro.

Obtienen el campeonato con figuras inolvidables para la afición jarocha, como el legendario Luis Pirata Fuente, jugaba Felipe Castañeda Pérez en la portería, al que le decían la Marrana, era muy típica la historia que contaba mi padre sobre el portero, él le comentaba que tenía un vicio de estar nervioso, comía la tierra, por eso le apodaban así.
Cuando se acercaba el enemigo, empezaba a decir plegarias como San Antonio que no tire, San Pascual, que no pase, cosas de esas, que ponía nervioso a mi papá, era defensa central.
Antiguamente se jugaba el 3-2-5, el defensa central era como el centro medio, el capitán del equipo era el fuerte y así toda su etapa profesional, mi papá fue casi siempre el capitán del equipo donde jugaba.
Fueron campeones, cuando jugaba en Orizaba, los mismos empresarios le dijeron, tráenos a otros peruanos que sean tan buenos como tú; mi padre fue a Lima y se trajo a figuras que después llegarían a Toluca, a Guillermo del Valle, a Grimaldo González quien emigró a Tampico.
Se trajo a Julio Aparicio Ayllón, a Rufino Lecca Santos quien después jugó en Veracruz y Tampico, fue campeón del Toluca y después del Veracruz y el único campeonato que han tenido.
En fin, la familia, emigramos a Veracruz, son campeones, pero habiendo contratado a estos peruanos, más mi padre eran cuatro o cinco.
Llegan otros directivos y quieren más bien jugadores argentinos, entonces emigramos a Tampico, allá se va Grimaldo González, mi papá y otro jugador, ahí nace mi hermana Rosa, ahí ganan un campeonato de copa o algo así.
Estando allí, el Toluca sube a Primera División, corre el año de 1953, es contratado mi padre por don Luis Gutiérrez Dosal, a quien le gusta cómo juega es a don Paco Negrete, quien estaba muy metido, realmente era el que manejaba el equipo, llega a contratar, según me comentaba mi papá, eran dos jugadores de primer nivel por cada posición.
Le puso don Luis Gutiérrez Dosal todo el dinero del mundo y don Paco Negrete también, el conjunto debuta en Primera División con un equipazo, estamos hablando de Manuel Tello, Maximino Machi Vázquez, de mi papá, de Rodrigo Ruiz, de la cintura morena del Toluca, Wedell Jiménez y Guillermo del Valle, adelante figurones como Carlos Carús, Rubén Pichardo, Carlos Chino Lázcares que rompía las redes, con un tremendo chut.
Llegan Carlos Blanco, Julio María Palleiro, Enrique Loco Sesma, Palos, otro extremo. Era un gran equipo en su debut en Primera División y llegan a estar en los primeros cinco lugares, juegan de esa manera durante unos cuatro o cinco años.
Siempre con un gran conjunto, dando espectáculos, el gran éxito es haber enfrentado al Vasco da Gama, que venía invicto de partidos internacionales, 39 sin perder, el Toluca le gana en la Ciudad de los Deportes, con goles de Lázcares y Carús, mi padre juega ese partido, tengo la fotografía de ellos cuando ganan.
Ya con una edad madura para ser futbolista, llega Jorge Romo, mi padre es vendido a Querétaro en Segunda División, juega los últimos años. Primero con el Marte, de Cuernavaca; la familia no se mueve, estamos en Toluca.
Emigra a Querétaro juega un par de temporadas y terminada su vida profesional; en ese inter corrieron los principios de los años 56-57.
Llegamos a vivir a Toluca en el centro, frente a la iglesia de la Santa Veracruz, era un edificio de la familia Caire, un edificio donde se conocían mucho, porque en uno de los departamentos vivía el señor Ortiz quien era gerente del banco, vivía gente connotada de Toluca, muy bonitos, eran unas casas dentro, de dos pisos.
Estaba la Alianza Francesa de Toluca, es frente a la Santa Veracruz y es exactamente donde hoy está la Cámara de Diputados, estaba en la esquina la Casa Barbabosa, por supuesto, preciosa y después hasta un hotel había, se llamaba Hotel Plaza.
Estaban los Maccise, el Siglo XX, su cajón de ropa. Después estaba alguna otra negociación y había un local grande de telas, en la esquina que hoy se llama Riva Palacio, que era el callejón del Carmen, que le conocíamos, una gran construcción que cada año le adelantaban y le adelantaban. En la contra esquina estaba una gasolinera. Cuando el litro costaba 90 centavos.
Iba a ser el palacio de oficinas federales en Toluca.
Algo así iba a ser, el ingeniero que años y años lo veía siempre de traje con chaleco, muy bien arreglado, metía albañiles y luego los quitaba y le avanzaba y no le avanzaba, era algo que veíamos desde la azotea de donde vivíamos, el departamento, poco avanzaba.
Cuál será su desesperación que cuando ya casi va a terminar don Juan Fernández Albarrán, tira toda la manzana y se acabó el edificio que nunca fue terminado, ¡qué historias!
En ese local que había de telas, fue precisamente donde inicia el restaurante El Palenque, fue el primer restaurante, por el lado de Independencia, pegado a donde estaba la Alianza Francesa, después vivíamos ahí, el restaurante era bastante grande, ya corrían los años 64, estaba en la Secundaria uno.
¿Cómo llegabas a la primaria?
Vivíamos en el centro y mi madre eligió que fuéramos a la escuela Antonio Claret, la Santa Veracruz enfrente, todo el tiempo, estábamos jugando ahí.
Fue automático ir a la escuela Claret, además era acolito de la Santa Veracruz.
¿Cuál traje te gustaba más, el rojo o el azul?
Los dos usé. En la Claret en Juan Aldama, atrás de lo que eran los turismos México-Toluca; después fue la mueblería Lux, pero atrás sobre la calle de Aldama entrabas a esta gran construcción que había de la Claret, lo recuerdo perfectamente.
Entrabas al gran portón y se abría un zaguán, era el patio de recreo, al fondo a mano izquierda había un auditorio, de vez en cuando nos pasaban cine; los salones estaban en la planta alta.
Empezaba con mi recordada maestra la seño Tere.
¿La seño Elenita ya no estaba?
Era la seño Elenita, pero por algo que no sé, llegué el último de párvulos y en el mismo año me pasaron a primero, ahí aprendí a leer y a escribir, me dieron mi diploma.
Recuerdo bien, porque todavía usaba mi pantalón corto, así me mandaban a la escuela y cuando fue a finales del ciclo escolar de mi primer año, la seño Tere me llamó y me dijo, vas a recibir un diploma, ten, ponte este pantalón y el saquito azul. Feliz fui a recibir mi diploma, ya no con el pantalón corto que era el que yo usaba.
Segundo año, recordar a la seño Amparo, pero ella nos dio en cuarto, quinto año, eran otras maestras, Pliego casi todas.
Pasamos la historia del edificio de la Claret, divirtiéndonos, jugando futbol, estudiando, luego compitiendo con otras escuelas, ganándoles por radio, porque lo que escuchábamos era por radio, pasaban los concursos, nos ponían el radio y escuchábamos las canciones de Cri-Cri, luego nos ponían a jugar futbol, casi siempre nos ganaban, eran mayores, jugábamos contra la Rodolfo Soto, la Miguel Alemán, la Yermo y Parres, la Lázaro Cárdenas, la Justo Sierra.
En fin, fue una infancia muy especial.
¿Te venías solo de tu casa a la escuela?
Sí, porque eran sólo dos cuadras, además no había coches.
Combinaba mi afición por jugar futbol o lo que fuera con los compañeros, lo de acolito con el hermano Corona quien era muy famoso.
Todos los domingos nos juntábamos y jugábamos partido de futbol y era de a 50 centavos, si ganábamos era un peso, estaba muy aguerrido el juego y ahí iban los Miranda, que estaban en el centro, los Tapia, los Lechuga, Gerardo, Víctor Manuel, que en paz descanse; los Montes de Oca, los Gasca, por supuesto los Dosal también, un poco mayores que yo, iban y jugábamos muy sabroso en el patio de la Veracruz.
Donde terminaba el patio, había un terreno baldío, lleno de vegetación que en algún momento fue limpiado por alguna alma caritativa y nos dieron un campito de futbol, era la primera vez que jugábamos con portería. Antes era una piedra aquí y una piedra allá, nos pusieron porterías.
De un lado al final chocaba con la cocina del restaurante El Rey y por otro lado chocaba con la cárcel municipal.
Recuerdo en algún momento que estábamos jugando, cuando vemos que se brincan unos tipos de la cárcel y se escapan por el atrio de la Santa Veracruz, así eran los edificios, estábamos pegados a la presidencia municipal y mil anécdotas con la Claret y con la Santa Veracruz.
Jugábamos en el campanario, nos divertíamos tocando las campanas y la Santa Veracruz era la iglesia de moda de la sociedad toluqueña.
A las ocho y media los domingos, casi todos los futbolistas iban a escuchar misa antes de irse a jugar futbol, era muy interesante, con los amiguitos que tenía de la escuela y de la Santa Veracruz, un día me convencieron y me dijeron, vamos a pedir autógrafos a los del Toluca que se quedaban concentrados en el hotel Colonial de Hidalgo.
Entonces ahí vamos, estaban los conocidos, Carús, Machi y todos, me ve Carús y me ha puesto una regañada, qué haces aquí muchacho, quién te dejó venir y mis amigos que algunos conocían que mi papá jugaba también, aunque ya no estaba en el Toluca, se quedaban sorprendidos que la mayoría de los jugadores me saludaban y al contrario querían llevarme a mi casa, porque estaba muy chiquillo y ellos pidiendo autógrafos.
Era para mí normal, porque mi papá los llevaba a la casa, los invitaba a comer, a reunirse con ellos y para mí era normal estar ahí, en la Veracruz o en la Bombonera, a veces me llevaba mi papá a verlos entrenar.
Un día me aventaron un balón para que cabeceara y me caí, era una piedra, era un balón de cuero, todavía con correas y además se botaba la válvula, ¿cómo los futbolistas soportaban esto?, era de verdad, si cabeceabas te quedaba marcada la costura del balón.
Esa fue mi niñez entre la Claret. Recuerdo con mucho cariño a la seño Lucha que siempre fue la directora, a la seño Cuca, a la mamá de todas ellas que era doña Refugio, a la seño Amparo por supuesto y algunas otras de los familiares Pliego.
La maestra Cuca era la mejor para enseñar, además era muy exigente, siempre nos reprendía bien, la seño Lucha le teníamos un poco de miedo, nos enseñaba con la regla y pegaba en el escritorio, eso de que la letra con sangre entra, pero muy sabroso.
¿El restaurante?

El restaurante El Palenque se hizo en Independencia, pero quiero decirte que como antecedente, mi papá inició en Toluca la primera rosticería de pollos, el local que ocupó todavía existe, es en el pasaje que da de Juárez a Rayón, pegadito a lo que fue el cine Florida, hoy Coppel, después estuvo la Volkswagen.
El primer local pegado a la calle de Juárez, era la salida.
Estaba la papelería México ¿en el otro?
Exactamente en el otro, puso la rosticería, trajo un rosticero de los que empezaban en la ciudad de México, que se habían popularizado.
Recuerdo que era una rebatinga para los pollos en Navidad y Año Nuevo, les iba muy bien, les pidieron el local por algo y entonces se hizo El Palenque en la calle de Independencia.
Mi padre cuando ya viene a menos, sabes que antes los futbolistas no ganaban mucho dinero, tanto como ahora, tenían que combinar o se metían a un negocio, a un empleo, a mi papá le ofrecieron un empleo en Perú y regresó a Lima.
Mi madre asume el papel y pone El Palenque, funcionaba muy bien, eran los años 60, 64 empieza la época bonita del Rock and Roll, de los grupos rockeros, inclusive en ese restaurante al fondo ponen un templete y se convierte en un Café Rock los fines de semana.
Tocaban grupos de Toluca como Los Intocables de Memo Ríos. Los grupos musicales de ese entonces, pero Juan Fernández Albarrán, le quita la imagen de pueblo a Toluca, la hace más una capital importante.
Entonces la hermosa Casa Barbabosa, como las demás construcciones, incluyendo el edificio nunca terminado, todo lo tira y hace la Cámara de Diputados, que iba a ser Casa de la Cultura, la Plaza de Los Mártires y construye el palacio de gobierno actual.
A la familia, a todos los inquilinos, el gobierno los ayuda, emigramos a otra casa por la calle de Hidalgo y años después vuelve a resurgir El Palenque en la calle de Hidalgo, entre Juárez y Rayón.
Casi frente a la terminal de los Herradura de Plata de esa época, frente a la Mona Lisa.
También un salón muy bonito con una fuente en medio, lo decoraron bien, mi mamá tenía mucho gusto en decorar esto, y el presidente municipal Arturo Martínez Legorreta, 1973-75, con el que había trabajado, lo fue a inaugurar, yo ya trabajaba, empecé en el Gobierno del Estado en el área de Organización y Métodos, nos concede la licencia de trabajar 24 horas.
¿Después de Caleta que era el restaurante que abre toda la noche?
El Palenque abre toda la noche y ofrece un lugar muy atractivo, lo mismo podías llegar a comer una pancita, un pozole, unas enchiladas, antojitos toluqueños, comentaba que mi madre es originaria de Jalisco y sabía darle gusto y enseñaba bien a las cocineras.
Fue bastante exitoso, muchos años estuvo El Palenque ahí, era un lugar al que iba gente, sobre todo trasnochados de fin de semana o no trasnochados, a la gente le gustaban los platillos de ahí.
Estuvo mi madre al frente de ello, muchos años, después ya a los vecinos no les gustaba el alboroto, pidieron el local y mi madre emigró con el restaurante en la calle de Morelos, una cuadra antes de llegar a Villada, era un edificio propiedad del licenciado Guillermo Molina Reyes, le concedió toda la planta baja y siguió funcionando bien durante muchos años.
Después surgieron otros restaurantes con el devenir del tiempo, pero El Palenque era un punto de referencia en Toluca.
¿Por qué El Palenque?
Seguramente porque mi madre tenía en mente el origen tapatío, charro y de comida mexicana. Fue muy curioso, no sé si conociste a un pintor de murales de Toluca que se apellidaba Burgos, él pinta desde el principio de la Rosticería Andrade un mural muy bonito, que simulaba unas cascadas y cuando se proyectaba con un reflector se veía muy bello.
El señor Burgos para mí era un gran artista, desperdició su talento por su afición a la bebida y nadie lo aprovechó, creo que para pintar murales pudo haber sido de la escuela de Leopoldo Flores. Fue desperdiciado, pero plasmó su gran sapiencia, su habilidad para pintar en ese restaurante poniendo un palenque.
Después decoró el otro que estaba en Hidalgo, después se le perdió de vista al señor, pero era una figura muy interesante, si no fumaba y si no tomaba su copa, no respondía el pincel.
¿Te fuiste a la Secundaria uno?
A donde íbamos casi todos los claretianos: a la Secundaria uno, con nuestro insigne director el Torito, el maestro Fernando Aguilar Vilchis.
La Secundaria uno, ahí la pasamos se integran los de la Miguel Alemán, de las escuelas primarias, ahí la gran competencia entre la uno y la tres que eran de hombres, la dos era de mujeres, que estaba en Villada.
La uno, hermosa secundaria para mí, con su huerta al fondo donde están los campos, jugábamos futbol o era escenario de riñas entre los compañeros que se retaban en algún momento y se iban a la huerta a pelear, hasta que nos agarraban los directores o el maestro Enrique Gómez Bravo, quien era el orientador o el maestro Germán Garcíamoreno quien era también orientador en ese entonces.
¿Luego en qué prepa?
La uno, que era la única. Nos toca empezar el ciclo de tres años, antiguamente la preparatoria que se estudiaba en las instalaciones de la Universidad en Constituyentes, era casi pegado con la secundaria, porque había secundaria ahí se decía que iban en tercero, cuarto, quinto.
Después se abre el bachillerato y en forma, se hacen las instalaciones de la uno, Adolfo López Mateos y me toca estar ahí y empieza a haber un ambiente de libertad, porque ya no había orientador, ya no había quien te estuviera vigilando para que entraras a clases.
Tuve suerte y aprovechaba los estudios tanto en primaria, secundaria, después en la prepa obtenía mis buenos diplomas.
Al entrar a la Universidad, mi madre estaba con el restaurante, mis hermanos creciendo y me cautivó mucho el futbol americano, era contrasentido, mi papá decía ¿qué estás haciendo aquí?, no lo entiendo. Conocí a los grandes del futbol americano, Potros Salvajes de la Universidad, los agarré de salida, era el año 64, me tocó jugar con Leonardo Lino, Tomás Macedo, el Perro Miranda, con los Chóforos, Roberto Fernández Iglesias, un gordo tremendo, panameño, era extraordinario, el tipo jugaba basquetbol, pero de una manera muy ágil y en el equipo imponía miedo a los contrarios, era nuestro artífice, cuando corríamos las jugadas, corría el balón, era correr atrás de él, iba barriendo y los que nos tocaba, era buena jugada, claro los grandes consagrados, Gerardo Fuentes el Monky, Eugenio Rodríguez Pallares, Luciano Nava, el Pitillo.
Toda esa pléyade de grandes jugadores de futbol americano, me toca ser compañero de ellos y a mí me hacen pedazos, porque no estaba tan fornido y ellos siempre abusaban de los que llegábamos, pero fue una bonita época que es interrumpida por una desviación en la columna vertebral, me deben operar de la quinta lumbar primera sacra.
Es una operación que hacían antes en la que lo dejaban a uno postrado por tres meses en cama, enyesado desde el pecho hasta las rodillas, pero quedé bien, ya no volví a jugar futbol americano.

Tenía unos 19 años, cinco años fui a futbol americano, suficientes, logré ser parte del equipo, se ganó un campeonato en intermedia, un campeonato de grupo y vivir los gritos, sombrerazos y enseñanzas de don Alberto Chivo Córdoba.
Tenía amistad desde la secundaria con el que hoy ha sido concertista y lo conoce muy bien, es compadre, es padrino de mi hija y yo soy padrino de su hijo Alejandro Vega, con él, integrante de la gran orquesta de los Hermanos Vega, que junto con los hermanos Juárez y otros, seguramente, serán parte de algún capítulo de tu libro.
Es una historia interesante, la música de Toluca, de los grupos originarios y sobre todo de la Orquesta de los Hermanos Vega; yo hago amistad con él, con Alejandro y eso me permite después de la escuela, ir a la música.
Por un lado, acudir a todas las graduaciones cada año que se da, porque como eran contratados, la orquesta de los Hermanos Vega, yo entraba cargando los instrumentos con él, ayudábamos a poner la orquesta y nos poníamos a bailar.
Había un grupo de amigos, Samuel Espejel, Ricardo Añoveros quien fue mi cuñado; Alejandro Vega, Enrique Vega quien es ahora magistrado, varios más, pero éramos un grupo, te acuerdas de don Antonio Vargas que le decían la Mofeta, era un tipo peleonero y era primo de ellos, se colaba a los bailes.
Con esa afición de la música, es que formamos o fuimos parte de la primera estudiantina de la Universidad, la única que existía, la Oro y Verde, esa estudiantina, eran los tiempos de Juan Fernández Albarrán y le gustaba la música, le gustaba escucharnos, nos regaló los uniformes tipo de la edad de Romeo y Julieta, preciosos, verdes de terciopelo.
Fue exitosa la estudiantina, inclusive fuimos a Estados Unidos, en Los Ángeles, invitados por algunas asociaciones, recorrimos la República también nos invitaron a distintas reuniones, fuimos a Centroamérica con la estudiantina, pasamos una época interesante.
Lo mismo estudiaba que jugaba futbol americano, que tocaba en la estudiantina y a veces iba a pasar un buen rato con el maestro Carlos Olvera que hacían el grupo TunAstral, nos reunía con Carlos Olvera, Samuel Espejel quien es con el que me llevaba, había una vida universitaria interesante, el que quería vivirla lo hacía de esta manera.
Había grupos musicales, de teatro, deportivos, de futbol americano y grupos de estudiantes que les gustaba la política.
Me acuerdo que formamos la Sociedad de Alumnos el primer año que llegué a la preparatoria, de tener una representación estudiantil, el primer presidente de la Sociedad de Alumnos fue nuestro amigo y político importante, Abraham Talavera López, quien después es exitoso en el PRI, se reúne, es parte del equipo del profesor Carlos Hank González, llega a ser oficial mayor de la Secretaría de Gobernación. (Continuará mañana).


