Devoción

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Del Carmen porque algunos  viejos ascetas de supuesto origen italiano vivían en la geografía de un monte al que llamaban el Carmel o Al Karem (Jardín de Dios) en honor a la montaña donde Elías y Eliseo cumplían sus promesas según referencias bíblicas, cerca de Haifa en Tierra Santa, entonces comenzaron a vivir los monjes dentro de cuevas en vida eremética y forjaron la comunidad u orden carmelita. Esta orden se caracterizó desde tiempos medievales por su defensa de la figura Mariana y por su habilidad para difundirla aprovechando la expansión de los viajes por conquista de nuevos territorios, pues el Monte Carmelo se yergue junto al mar como una estrella, guía de navegación, Stella Maris o Estrella de Mar, por lo cual, la advocación de la Virgen del Carmen es patrona de marineros, carabineros, milicias y de todo aquel que requiera de una orientación en su camino.

La devoción en la América, traída de España, es muy extendida y abarca casi todas las naciones del continente, su festividad está establecida como fecha fija del calendario eclesiástico el 16 de julio y en diferentes países las tradiciones se cumplen cabalmente y a lo grande, cada año. Como pueblo tradicional aunque disperso, Toluca posee uno de los templos más antiguos de la Nueva España dedicado a la Virgen del Carmen, su fachada, obra de Miguel de Rivera es sobria y clásica (aceptada así por la residente orden de carmelitas descalzos) su conclusión data de 1711, el edificio funcionó como convento, asilo, hospital y escuela. Cada año recibe una de las manifestaciones de devoción más grande del país: durante varios días, los peregrinos arriban al templo para poder postrarse bajo el manto protector de la Virgen. Se acompaña la visita con gran feria, fuegos artificiales, música religiosa y popular.

En plena tormenta pandémica, con casi todos los servicios cancelados o pospuestos, vale la pena preguntar si la devoción podrá atender las medidas sanitarias que impone a manera de sugerencia la Organización Mundial de la Salud, no sólo en esta próxima ocasión sino en subsecuentes acontecimientos de la vida espiritual y fervorosa de la población. Con sana distancia, sin arremeter unos contra otros en busca del favor o del milagro, pensando en el prójimo, probablemente, sí.