DÍA DE MUERTOS, TRADICIÓN, SABOR Y COLOR

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«Nuestro culto a la muerte es culto a la vida, del mismo modo que el amor que es hambre de vida es anhelo de muerte» Octavio Paz.

Es en esta fecha cuando los panteones están llenos de flores y los hogares sureños llenos  de visitas de las familias que por una u otra razón han salido de sus pueblos para regresar en fechas como ésta que  es el día de muertos.

Es una tradición que representa identidad en el país, muchos Estados hacen lo propio en la celebración, incluso ya ha sido considerada la tradición como patrimonio  cultural  inmaterial por parte de la UNESCO y en la  en la región  Sur, recuerdo la manera de celebrarlo, siendo de la siguiente forma:

Desde los primeros días de octubre se empiezan a apartar el huevo de rancho o criollo para poder hacer el sabroso pan de harina, huevo y canela, que comúnmente será horneado en un horno de leña y con el calor generado por  las brasas de unas finas rajas de tepeguaje o de encino que previamente pusimos a secar; elaborar el pan de muerto es un arte ya que hay que poner el pié de huevo que será la base para poder después sumar la mezcla de más harina para aumentar la cantidad, así lo hacían en Piedra Ancha mi Abue Luisa, Lupe Domínguez mi tío +, Eusebio Procopio +, Balbino Domínguez +, lo mismo que mi tía Paula y Gustavo en Coatepec, o lo mismo don Nabe ( Bernabé +), recuerdo que teníamos que arreglarnos con tiempo para que nos hicieran el pan porque muchos eran los que hacían el pan justo tres días antes; por cierto me tocó ver como algunas veces tenían que deshacer el pan porque no daban las condiciones para que tuviera un horneado excelente, a veces por el frío no se elevaba la levadura o a veces se pasaba de azúcar y también hacia sufrir al panadero, seguido de esto recuerdo que los envarados que tenían se llenaban de las hojas de lata, estas con las figuras de pan de muerto ya sea muñequitas o figuras de animalitos, todo era divertido el estar cortando y dando forma a la masa para  el pan.

Lo más agradable siempre fueron las primeras piezas que se horneaban, todos queríamos probar el pan y digo todos porque a veces se la pasaba uno el día completo en el lugar donde hacíamos el pan y literal se esperaba aunque fueran las dos o tres de la mañana para darle el visto bueno al trabajo del panadero, recuerdo perfectamente que escasos 15 o 10 días antes de celebrar el día de los fieles difuntos, se percibía el aroma a pan de huevo y canela donde comúnmente sabíamos que hacían pan de muerto.

En casa, nuestros hacedores de pan fueron los que ya mencioné y que a decir verdad hacían un pan excelente, de ese que en ningún lugar he probado más que en mi pueblo y que de Amatepec probé también un excelente y sabroso pan de la Señora Lupe, que está en la calle principal de la cabecera cerca de los materiales Sámano.

Otro de los productos que no hacían falta, son las gorditas de maíz, esas que muchos tenían que raspar entre las mazorcas nuevas y aun frescas para que pudiera hacerse la harina de maíz y luego con la manteca el azúcar y las yemas de huevo hacer la masa para poder hacer las gorditas tipo galletas que quedaban con un sabor excelente, las figuras que les hacen son con una mazorca partida que hace una forma de flor o simplemente con los dedos forman la figura sencilla, todo esto no hace falta en las ofrendas mexicanas especialmente en las de mi tierra, nuestro Sur del Estado Mexiquense.

Debo decir que  días antes del 1  y 2 de noviembre también las familias se reúnen para hacer el tradicional dulce o atole de leche, algunos lo hacen mucho  antes, éste tiene la gran particularidad de hacerse en un cazo de cobre  o una cazuela de barro grande preferentemente dependiendo de la cantidad que vaya a hacerse y aquí le agregan a la leche un tanto de canela y azúcar y de ahí a mover constantemente la leche para que se condense, lo cual es muy tardado pero bien vale la pena invertir casi todo un día para obtener un sabroso dulce de leche y que a su vez mantiene unida a la familia y fortalece las relaciones humanas.

Anteriormente se hacían también las figuras de queso como palomas que eran las que asemejaban las almas que descansan, así mismo se hacían algunas cajitas o formas de ataúd, estas eran  hechas con arroz.

La verdad, ésta es una de las tradiciones que más nos hacen recordar a los que se fueron, ya que en los altares siempre se acostumbra a poner los productos que en vida eran el placer del sabor en los fieles difuntos, así encontramos el mole, el chocolate, el pan, las gorditas, el atole de leche, el mezcal, tequila, las frutas de la región y las de temporada entre ellas las manzanas, plátanos, mandarina, limón dulce, el camote, la caña, naranjas; recuerdo que mi Abue Linda en Coatepec hacía siempre una bebida típica en mi pueblo que es el torito hecho a base de jugo de naranja y un poco de tequila o mezcal, chile verde o de árbol y quizás un toque de cebolla, esa era para su viejito: mi Abuelo Roga.

Sinceramente es agradable disfrutar todo lo que en nuestros pueblos se conmemora, es en ésta fecha donde los ahijados visitan a los padrinos y les llevan sus piezas de pan, mucho antes se les llevaba una cuelga de pan que era un collar hecho por pan, a lo que el padrino tenía que regresar también algo de fruta o algo para que se pusiera en el altar de su casa.

Transcurrían así los días hasta que se ponía el altar, muchos lo hacían en forma de arco, forrando las varas de aguitúl con hojas del árbol de naranjo, lo que hacía ver excelentes los altares, así como colocando algunos ramilletes de flores de pericón y flores de cempasúchil, eso hace que los altares huelan muy rico acompañados del aroma del copal,  esa mezcla de aromas y sabores, que seguramente vendrán a degustar los que se fueron y que para ello hacíamos los caminitos con pétalos de flor de cempasúchil y así indicar sus antiguas casas, además de  colocar la imagen gráfica es la manera más representativa de decir en honor a quién está hecho el altar, a quien recordar, para todos ellos se encienden  las velas, que son también parte importante de este día de visita; en mi pueblo decían que si no colocas velas, los difuntos que vienen, se perderán al regreso por no llevar luz en su camino..

Quizás no podemos ver la llegada, pero nos complace el hecho de saber que se hizo en casa un altar en memoria de nuestros seres más queridos y bien recordados.

Por último debo decir que siempre se disfrutaba el pan de muerto con una taza de chocolate a base de agua o bien un café de mi pueblo o del de #Amatepec, como olvidar que cuando estaba recién salido el pan siempre nos daban una pieza completa de pan tamaño individual y cuando veíamos que mi madre o mi Abue empezaban a darnos rebanadas de pan, era indicativo que nuestro pan se estaba acabando y con ello estaríamos esperando ya a menos de 60 días la navidad.

«La muerte mexicana es el espejo de la vida de los mexicanos. Ante ambas el mexicano se cierra, las ignora» Octavio Paz.