DOPAJE CEREBRAL
Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo. Catón
Cuando acudimos a un restaurante, nos ofrecen un menú a la carta o bien a tres tiempos, costumbre que fue tomada de la gastronomía francesa y que consiste en un plato principal, un plato de proteína y un postre.
Se me ocurrió, invitarle a degustar este artículo en tres tiempos: Empecemos por el plato principal:
En La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han utiliza el término dopaje cerebral para describir el fenómeno de la autoexplotación en la sociedad contemporánea, que consiste en el exceso de estimulación y rendimiento que busca optimizar el funcionamiento del cerebro mediante el consumo de información, trabajo constante y la presión por la productividad.
Este estímulo constante lleva a una fatiga mental y emocional, generando una sensación de agotamiento crónico y una incapacidad para desconectar, reflexionar y darle el golpe al día a día. El dopaje cerebral implica una sobreestimulación que puede tener efectos negativos en la salud mental y el bienestar general de las personas.

El filósofo de origen sudcoreano y formado en Alemania, afirma que uno de los impactos más lacerantes en los humanos en pleno siglo XXI es que la sociedad del cansancio nos está llevando al salvajismo.
Desde que empezó la primavera mexicana, las redes sociales y los diversos medios de comunicación, han dado cuenta del proceso acelerado del deterioro emocional del mexicano, o bien por las dosis de dopaje cerebral derivadas de la demagogia y metralla de mentiras desde que amanece, hasta que nos disponemos a ir a la cama sufrimos, o bien por la fatiga mental y emocional que hemos resentido con mayor impacto desde la pandemia.
Ahora, pasemos a la proteína: El filósofo inspirador de ésta entrega semanal, apunta como posibles, las siguientes causas del salvajismo:
Deshumanización: En una sociedad obsesionada con la productividad y el rendimiento constante, las relaciones humanas pueden verse afectadas. La falta de tiempo para el descanso y la conexión interpersonal genuina puede conducir a una deshumanización, donde las personas son tratadas como simples recursos o instrumentos para lograr objetivos.

Competencia despiadada: La presión por destacar y tener éxito puede generar una competencia despiadada entre individuos y grupos sociales. Esta competencia puede llevar a comportamientos egoístas, manipuladores e incluso violentos en un intento desesperado por sobresalir en un entorno implacable.
Agotamiento emocional: El agotamiento crónico causado por el exceso de trabajo y la falta de tiempo para el autocuidado puede afectar la salud mental de las personas. El estrés, la ansiedad y la depresión pueden contribuir a una atmósfera de malestar emocional, que puede manifestarse en comportamientos destructivos o antisociales. No olvidemos que Latinoamérica es la región más violenta del mundo.
Pérdida de valores: En la búsqueda de la eficiencia y el éxito a cualquier costo, los valores humanos fundamentales, como la empatía, la solidaridad y el respeto, quedan relegados a un segundo plano. Esto puede conducir a una sociedad donde las personas están más dispuestas a pisotear los derechos y la dignidad de los demás en aras de sus propios intereses.
Y de postre, algo que haga buen maridaje con el ingrediente de salvajismo que antecede y para ello, acudiré a nuestra historia mundial, retrocediendo a hace 70 años, como todo indica que es la diana a la que están apuntando, de no impedírselo con el voto razonado el próximo dos de junio.

Los invito a repasar la historia moderna de Egipto y las consecuencias del empoderamiento de los militares desde hace más de siete décadas en aquel país africano debido a varios factores históricos y políticos:
Legado colonial: Durante la colonización británica, que duró hasta mediados del siglo XX, el poder militar se consolidó como una institución importante para mantener el orden y la estabilidad en el país. Esto sentó las bases para la influencia continua de los militares en la política egipcia.
Golpe de Estado de 1952: En 1952, un grupo de oficiales militares liderados por Gamal Abdel Nasser derrocó al rey Farouk en un golpe de Estado. Este suceso marcó el inicio de un período de gobierno dominado por los militares. Aunque Nasser y sus sucesores civiles implementaron políticas socialistas y nacionalistas árabes, el ejército mantuvo un papel central en el poder político.
Estabilidad y seguridad nacional: Los militares egipcios han sido vistos tradicionalmente como garantes de la estabilidad y la seguridad nacional en un país marcado por tensiones internas y conflictos regionales. Esta percepción ha llevado a una continua legitimación de su protagonismo en la política egipcia.

Control de recursos y privilegios: El ejército egipcio controla una parte significativa de la economía del país, incluidas empresas e industrias clave como la construcción, la agricultura y la fabricación. Esta influencia económica ha fortalecido la posición de los militares y les ha proporcionado incentivos para mantener su poder político.
Represión y control autoritario: A lo largo de las décadas, los regímenes militares en Egipto han utilizado la represión y el control autoritario para sofocar la oposición política y mantenerse en el poder. La falta de espacio político para la participación democrática ha permitido que los militares mantengan su dominio sobre la escena política egipcia.
Considerando que éste ha sido un menú complicado de digerir, siempre cae bien un buen digestivo antes de pedir la cuenta.
Y que mejor que un digestivo español. Jorge Santayana fue un filósofo, escritor, poeta y novelista español nacido el 16 de diciembre de 1863 y fallecido el 26 de septiembre de 1952. Es conocido por su obra filosófica, especialmente por su influencia en el pensamiento estadounidense. Una de sus obras más famosas es La vida de la razón. Santayana es también conocido por la frase Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.

