Dos poemas

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Cuéntame tus fantasías

 

Hoy, nuevamente me he burlado de la muerte. En aquellos instantes en que me abraza, se siente un beso tocando a mi piel, se arrastra conmigo, me alborota el pelo, intenta inundar con lodo a mis estrellas; siempre a mitad de tu nombre.

Quisiera recuperar el cielo, donde tus labios inferiores se entrecruzan en mi rostro, me encadenan y nace tu risa, se pierden los sonidos y los reflejos son ausencia anidando en la miel.

Te he quitado mi disfraz; cuando la barca de cortinas azules, perdió la campanilla de los títeres, que hacían puente entre tus perlas de ensueño. Nos llenamos de cuerdas flojas, de jirones amargos que en las noches se volvieron polvo.

Mi cuerpo, solía tumbarse entre la neblina, escondido de lámparas y remos, y viajes milagrosos. Sonreí a medias entre acordes de tus besos, olvidándome de respirar, desde que se manchó tu piel de lienzos verdes.

Ahora, he podido abrir el pensamiento, entre matorrales y plumas de almas extraviadas. Lo he iluminado con linternas de amantes cuarentonas, he borrado horas de angustia; de nuevo danzan apasionadas sombras.

Sólo las luces apagaban tus gemidos, cuando dejaste al descubierto nuevas cicatrices,  que se deslizaron sobre charcos de nardos, sobre estatuas de velos transparentes y ganas reprimidas.

Brinco en el pasto al ritmo de la brisa. Recuerdo, al parecer he muerto siete veces, emitiendo cantos de soledad junto al mar, delante de nuevos coloridos que salpican besos estériles.

Cuéntame con detalle tus fantasías, de nuevo intentaré cambiar tu historia de risas frías, lejos del pelo largo que dejó de escuchar tu voz, y se convirtió en fruta podrida, sorda, sin tiempo.

 

 

Te volviste ruido

 

 

Y te volviste polvo de ojos grises, huérfana de antojos y de fe, alfombra flagelada y sin sonidos; delicada, sin amanecer ni futuro.

Ahora mismo, te preguntas ¿Dónde quedaron las cadenas de ese paraíso? ¿Qué luna me recorría hace siete años?

Más allá de las luces espuma, del dolor deshilado en canciones, del traducir una vida sin sentido, y terminar la existencia en patios traseros, colmados de penumbras y malos hábitos.                                      Eres polvo.

La vida se acaba sin aclarar las venas, sin entender por qué rezan los oídos en lámparas inundadas de vientos, o en olas desandadas.

¿Recuerdas las antiguas lágrimas en los callejones de media noche, los miedos rodeados de simulacros ahogados en dulce?

Nadie renuncia de su voz, sin abrir el cofre de maderas inocentes cortadas en luna llena. Y te volviste ruido enfermo, sin equilibrio. Dónde estás. Dónde las sábanas te ocultan del sol.

Te veo, donde mis ojos sueñan con tu lengua. Amo callar desde la mímica, desde el amanecer sin futuro, sin bramidos.

La música en su carretada de flores, no finge encierros, ni pecados arrastrándose en el estacionamiento de un chillido tembloroso.

Mi dulce señuelo, he llegado tarde a tu voz, a tu juego de marionetas tiernas y susurros de cantos de tren, he llegado sin canto.

Después de las once, sin arrullos ni disparos, caerán pétalos de luz en un espacio ahogado, se irán como cimientos falsos, como fuegos tuertos.

Las flores en su odio de pelo cano, sin amaneceres de hojas ciegas, han borrado cadenas de libertad y se irán al vacío del caracol.

Todo es falso en esta estela de trapos sin condena, sin sueños agotados de su suerte. Falso como barco navegando en los diluidos sabores de tus besos.

Te fuiste sin tenerme, sin tres silbidos de una doble canción; sin privación de mi pecho. No veo como perdiste el brillo de tus ojos sin quererme.                 Intentaré continuar sin disolver los pétalos de tu luz.