Dos variantes de un relato
Versión I
Por infausta omisión Audomaro sufre infernalmente. Olvidose tomar los comprimidos que le nivelan los diástoles y sístoles cardiacos y en estos momentos su pretendido olvido atraca en sus neuronas cerebrales.
Severo ataque de ansiedad, aumento en los latidos del corazón y ojos que se quieren salir de las orbitas. Y lo peor: estar encerrado en una estrecha camilla con barandales a los lados. Ni como moverse. Está a punto del crack emocional y es difícil retratar en palabras lo que sufre pues por principio su exacerbado nerviosismo lo hace no pensar. Ansiedad, movimiento de piernas y manos como si estuviera atado y en esa sala de urgencias a las dos de la mañana absoluto silencio y uno que otro quejido.
Se siente morir lo cual sería un alivio y presa de la angustia le sale un zumbido de voz llamando a una enfermera que por ahí pasó, la cual ni en cuenta.
Siente su agitada respiración y aunque la bolsa de suero es cristalina a él se le imagina que tiene algo de droga o veneno. El terror lo domina y si nada que lo justifique su cerebro loco hace que mil colores choquen y aunque cierra los ojos sigue en su delirium tremens y llega al clímax. Si le presentaran un espejo con trabajos lo sostendría con sus manos sudorosas y vería una cara que no es la de él: rictus de angustia y ojos de toro loco… y nadie que se acerque. Siente que es solo un polvito que navega en el éter, que no cuenta y que mejor sería irse de este mundo.
Y aquí es cuando espontáneamente su mente le indica que está en medio de una pesadilla, una horrible pesadilla, resultado de su desmedida afición al alcohol y de haber visitado a un amigo moribundo.
Despierta todavía agitado y tambaleando va a su barecito sirviéndose un buen fajo de tequila y esbozando una sonrisa forzada
Versión II
Al pinche briago de Audomaro se le olvidó tomarse su medicina y cayó en urgencias y ahí mole, que le viene el pinche delirio. El pendejo o no sabe o no le han dicho los ojetes teporochos que la cabeza se vuelve loca y como si se apagara la cabrona luz se le viene un chingo de miedo y este buey le echa la culpa a que no tomó las medicinas. Pue que eso también sea, pero que no se haga pendejo son las dos semanas que se pasó de pedo.
Está orita en pleno alucine. Aunque les habla a las damas de blanco estas ni lo pelan y es más dos de ellas comentan: no le hagas caso a ese pinche loco al rato se calma. Puta madre, que feroz su alucine y pinche Audo se lo dijimos, ya bájale al alcolor y luego para acabarla de chingar, dicen por ahí que hasta le echaba al thiner.
Pior que estar entambado, pior que estar en la calle porque ahí te mueves, te acomodas y hasta guacareas sin que te llamen la atención y te vean, pero aquí puta madre, tiene ganas de gritar y de llorar y su pinche coraza como rueda de la fortuna hasta como que truena. Y aquí no puede gritar porque chingaría a los demás enfermos y le está pasando como al pedote del Gardenias que se quedó frío después de una lorenzada como esta.
Pinche güero Audo no mames, a la mejor te carga la chingada y se rompe tu corazón y en lugar del cielo vas a parar con los pinches diablos rojos infernales.
En eso, por una gota de sudor que se quería meter en el párpado fue despertando aug, aug, aug, respirando dificultosamente se paró del petate y diciéndose él mismo pinche pesadilla cabrona pero me caí de madre que no vuelvo a chupar… bueno, mañana porque ahorita si me echo un alcoholito, pal susto pues que chingá.

