DOSTOYEVSKI, ZWEIG Y ASCH
“La posteridad no podrá creer que, después de que ya se hubiera hecho la luz, hayamos tenido que vivir de nuevo en medio de tan densa oscuridad”. Castellio
El proceso electoral vivido en nuestro país nos ha dado y seguirá dando por varios años y décadas, materia para la reflexión en el ámbito de la psicología social que es una rama fascinante que estudia cómo los individuos se ven afectados por su entorno social. Uno de los experimentos más famosos en este campo es el experimento de Asch, realizado por el psicólogo Solomon Asch en la década de 1950.
El científico social se centraba en la conformidad, es decir, en la tendencia de las personas a cambiar sus respuestas o comportamientos para ajustarse a las normas o expectativas del grupo. En su estudio clásico, Asch mostraba a los participantes una serie de líneas y les pedía que indicaran cuál de ellas era de la misma longitud que otra línea de referencia. Sin embargo, la verdadera prueba no residía en la comparación de longitudes, sino en la reacción del sujeto ante la presión del grupo.
Los participantes del experimento eran cómplices de Asch y daban respuestas incorrectas de forma deliberada. El objetivo era observar si los sujetos reales se conformaban con la mayoría, aunque esta estuviera en lo incorrecto. Los resultados fueron sorprendentes: la mayoría de los participantes se dejaban influir por las respuestas erróneas del grupo en al menos algunas ocasiones, a pesar de saber que estaban equivocadas.

Este hallazgo ha tenido importantes implicaciones en el estudio del comportamiento humano, ya que pone de manifiesto la fuerza de la presión social y el deseo de pertenecer al grupo.
De este experimento, se han derivado infinidad de estudios que abordan aspectos como la influencia social, la toma de decisiones en grupo, la autoridad y la obediencia, y la psicología de las minorías.
No obstante, desde los griegos, los romanos y las culturas milenarias de oriente, ya se buscaba profundizar sobre el comportamiento humano en su interacción social. Para abundar sobre el tema en este artículo, recuperaré las enseñanzas extraídas de “El gran inquisidor» que es un impactante relato incluido en la novela «Los hermanos Karamázov» escrita por Fiódor Dostoyevski, que plantea profundas reflexiones sobre la fe, el poder y la libertad humana. Publicada en 1880, esta obra literaria sigue siendo relevante en la actualidad por su capacidad de provocar debates y suscitar interrogantes en torno a la naturaleza de la religión y la condición humana.

Dostoyevski, a través de este relato, invita a reflexionar sobre la relación entre la fe, el poder y la libertad en la vida humana. ¿Es necesario sacrificar la libertad individual en aras de la seguridad y la certeza que brindan las instituciones religiosas? ¿O acaso la verdadera fe implica una elección consciente y libre, que acepta la responsabilidad y el riesgo inherentes a la condición humana?
No cabe duda, nos dice otro titán de las letras, Stefan Zweig, de que en el fondo de la naturaleza humana hay un misterioso anhelo de autodisolución en la colectividad. “Nuestra ancestral ilusión de que podría forjarse un determinado sistema religioso, nacional o social que brindara a toda la humanidad la paz y el orden definitivos, es indestructible. El Gran Inquisidor de Dostoievski demuestra con cruel dialéctica que, en el fondo, la mayoría de los hombres teme la propia libertad y que, de hecho, ante la agotadora variedad de los problemas, ante la complejidad y responsabilidad de la vida, la gran masa ansía la mecanización del mundo a través de un orden terminante, definitivo y válido para todos, que les libre de tener que pensar.”
“Ningún pueblo, ninguna época, ningún hombre de pensamiento se libra de tener que delimitar una y otra vez libertad y autoridad, pues la primera no es posible sin la segunda, ya que, en tal caso, se convierte en caos, ni la segunda sin la primera, pues entonces se convierte en tiranía”. Reflexión que hizo Stefan Zweig para desdoblar su maravillosa prosa convertida en su libro en donde contrasta la conciencia contra la violencia y que tituló Castellio contra Calvino.

En un mundo marcado por conflictos religiosos, políticos y sociales, no podemos darnos el lujo de rendirnos ante la presión social eje de la estrategia de los gobiernos populistas, polarizar es su objetivo, el miedo su virus social; para vacunarnos, hay que educarnos.
La democracia mexicana demanda una preparación mínima de todos para saber cómo aprovechar las bondades de ese sistema de gobierno, de no hacerlo, no seremos capaces de apartarnos de la ruta con escala en la Dictadura y con llegada a la Tiranía. No tendremos cara para explicarle a las generaciones que nos sucedan, por qué entregamos la plaza.

