EDUCADORES LIBERALES

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Los dos tomos titulados Liberalismo y educación escritos por el intelectual y político ya fallecido Abraham Talavera López continúan siendo una aportación para comprender el siglo XIX. Siglo olvidado por los subsistemas educativos en México, de no ser por el recuerdo vigente de don Benito Pablo Juárez García, lo cierto es que el ciudadano de este 2022 tiene casi absoluta ignorancia sobre los muchos personajes de brillante prosapia que nos dio ese México bronco del siglo antepasado. Lo publicado por la Secretaría de Educación Pública en 1973 en la investigación juiciosa y profunda de un jovencito de no más de 25 años, expresa su capacidad para indagar en las bibliotecas, libros, documentos, hemerografía y todo tipo de materiales de aquellos años del siglo pasado. Cuenta Talavera López: El liberalismo mexicano resulta, así, varias veces triunfante: triunfante como movimiento que al echar a su suerte al lado de la Independencia, fundó la nación mexicana; triunfante como solidaridad organizada en contra de los actores tradicionales de la escena política del país: el clero y la milicia; triunfante en la guerra de intervención contra el proyecto imperial y, también, contra las contradicciones internas del grupo liberal; y, finalmente triunfante en su longevidad histórica.

Todo esto es cierto, y al reflexionar ello, comprueba que la columna vertebral de la educación mexicana ha tenido el privilegio en estos dos siglos de contar con una sabia filosófica, que no ideológica, por lo que ante las graves crisis que ha vivido México en los movimientos que se han relatado una y otra vez: Independencia, Reforma y Revolución, en todos esos lapsos históricos de décadas que aparecen en sus épocas, se comprueba que surge desde el fondo de los peores momentos el pensamiento que refiere en pedagogía la batalla por la libertad, democracia, justicia social, sentimientos que hacen solidarios a la comunidad escolar, por encima del centralismo que en el siglo XIX tanto daño hizo a los mejores deseos de docentes y pedagogos que nos ha dado la patria. De manera clara Abraham Talavera ve tal siglo, y recurre a uno de los investigadores más precisos de las cosas del siglo decimonónico, don Jesús Reyes Heroles, por ello escribe Talavera: En su triunfo radica una lección de estrategia política. Por un lado, evitó el triunfo de la reacción interna y de la agresión externa, y por el otro, cimentó principios capaces de organizar la vida del país bajo nuevas pautas: En estos dos hechos reside, en la interpretación de Jesús Reyes Heroles, la enseñanza estratégica que a la historia del país aporta el liberalismo: La lección de estrategia es de incalculable valor, tanto para lo que se obtiene, como por lo que se impide. En parte, la flexibilidad, la paciencia y la audaz decisión, cuando ésta es requerida, proviene de que teniendo firmeza de convicciones, ideario político, por racionalismo hay la conciencia de que no se aspira a lo absoluto. El liberalismo mexicano, siendo beligerante por las mismas circunstancias del país durante muchos años, no llegó ni a la neutralidad política ni, al agnosticismo doctrinal. Fue, y en esto además se distingue del de otros países, un liberalismo triunfante. Desde el campo de la política también es posible encontrar lo que es la presencia de la pedagogía y de los pedagogos.

Las palabras de Reyes Heroles comprueban que México ha sido privilegiado por las mentes que ha tenido en el terreno del liberalismo. Sinónimo para el progreso de la educación del país; —lo triste de todo ello—, es que los actores actuales que participan dentro de la comunidad escolar en el caso de los adultos no están en estos momentos a la altura de lo que requiere nuestra vida educacional: gobiernos en todos los niveles, docentes, administradores escolares, padres de familias y sindicatos (que en estos tiempos son beligerantes expresiones de la pobreza pedagógica que existe en la nación), todos ellos, están alejados de una idea pedagógica que fuera el aporte a los educandos… quienes son objeto final de todo esfuerzo educador, o de recibir al contrario la mala educación de la que nos habla el intelectual español Fernando Savater.

Citar a Talavera López, para explicar el triunfo del liberalismo sobre doctrinas conservadoras o intolerantes que se expresan en su radicalismo a través de la Santa Inquisición. Dice el investigador: El discurso liberal es cartesiano por su llamado a la razón y a la moneda corriente de ésta, el sentido común. La fuerza de cualquiera de los filósofos de la Ilustración radica en su llamado al sentido común de todos los hombres de su tiempo. La filosofía liberal, al volverse accesible a las masas, se hace propiedad de cada quien; es cosa de todos y de nadie; se convierte en la forma, aceptada por el sentido común, de organizar la vida social. Así, el mundo ético se reconcilió con lo utilitario; la religión conoció la tolerancia; el estado se transformó en instrumento de una nueva clase; los gobiernos se colocaron por debajo y no sobre la ley; la virtud burguesa —primero en Inglaterra y después en el continente— fue la virtud triunfante y la filosofía liberal ‘el conjunto sistematizado de verdades’ para interpretar el mundo.

El orgullo de los mexicanos al heredar este sentimiento y esta verdad liberal es lo que debería de mover todo el aparato del estado; pero el mal lleva a la corrupción de conceptos, como el que hizo en la presidencia del país Carlos Salinas de Gortari, al utilizar el concepto del Liberalismo social para imponer el neoliberalismo derivado de ideas económicas de la Escuela de Chicago y de su gurú Milton Freedman. Insistir en la investigación sobre el Educador, atendiendo lo que sostiene a la pedagogía mexicana en el siglo XIX y en los dos siguientes, el liberalismo. Cito a Talavera: El liberalismo surgió como doctrina de las nuevas clases sociales europeas; lo que hicieron las nuevas capas sociales mexicanas fue apropiarse esa doctrina. No lo hicieron, sin embargo, de manera servil. El papel que los liberales mexicanos asignaron a la doctrina fue el de acicatear a la realidad colonial, a fin de adelantar —y nunca frenar— la formación nacional. Así pues, lo que de específico hubo en el liberalismo mexicano fue su capacidad para ocuparse de los problemas de su circunstancia, para dialogar con el mundo en que se desarrollaba y, de esta manera, obtener respuestas a las preguntas formuladas de acuerdo a una manera liberal de ver las cosas.

¿Qué aportó el centralismo y el conservadurismo o la reacción a la pedagogía mexicana en dos siglos de vida independiente?… sólo problemas y una actitud que es funesta, para la vida educativa del nuevo estado que nace a partir de 1821, por eso fue derrotada a lo largo de ese siglo bronco del XIX. Los educadores y particularmente los pedagogos mexicanos deben tener en cuenta esto, para poder entonces sí, aportar nuevas propuestas que hagan salir del terrible bache en que viven y conviven los subsistemas educativos que tienen más de millón y medio de educadores de todos los niveles, y que al perder la brújula parece fueran un mundo que vive en la anarquía y en la enajenación total. El resultado es una ‘conciencia’ donde impera el individuo en su peor expresión, y no el sentimiento de solidaridad que con la libertad de pensar y actuar es capaz de aceptar la norma, las reglas didácticas y la estrategia de una pedagogía que se reconoce en sus particulares circunstancias dentro de este particular tiempo en que vivimos.

Los dos textos de Talavera López aportan así las voces liberales, cita a Miguel Ramos Arizpe, quien dice: la educación pública, es uno de los deberes de todo gobierno, y sólo los déspotas y tiranos sostienen la ignorancia de los pueblos para más fácilmente abusar de sus derechos. Así relata Talavera los siglos anteriores y hace aparecer a José María Luis Mora y a don Valentín Gómez Farías, primeros educadores y gobernantes —en el caso de Gómez Farías—, quienes preocupados por la educación llevan adelante la Reforma Educativa de 1833, primera a sólo 12 años de consumada la Independencia. La lectura de textos, documentos y legislación de esos años, dan prueba de la batalla que se inicia en ese lapso y, como se ve, no hemos terminado por dar una educación digna y, de calidad suficiente para poner a México de pie ante las demás naciones.