EJERCICIO DE PIRUETAS

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Las piruetas han sido de los pasos más complicados en mi aprendizaje tardío del ballet. Sin embargo, es de lo que más he aprendido para la vida: postura impecable, posición equilibrada, concentración en el spot, relevé y en un segundo o dos, girar con el pie tocando la rodilla contraria y los labios sonriendo como si nada pasara. Y lo mejor, el abdomen, fuerte y firme para convertir aquel segundo… en poesía. ¿Qué tiene que ver eso con la vida?… Me gusta pensar que toda la fuerza debes concentrarla, sin perder la gracia, para girar y alzarte al cielo. No es fácil y seguro en el camino caerás, pero el día que lo logras y rematas una bella coreografía entiendes aquello que se llama éxito, sí, justo, en la vida.

Hace años, no muchos, comenzó un debate en las redes sociales: una joven de complexión delgada-robusta (o más bien, con una distribución de masa corporal normal y no cercana a la anorexia) brillaba en la gimnasia olímpica representando orgullosamente a México. Además de ser dueña de su técnica, la actitud de esa joven, de nombre Alexa, me empoderó. No faltaron los famosos haters que empezaron a criticar su físico, olvidando que México es uno de los países con mayor índice de obesidad. Se burlaban de ella, y su respuesta: una pirueta. Corría, brincaba, tocaba el piso y nos sonreía: gorda o no, ella tocaba el cielo; y en vez restregarlo, lo abría para nosotros. Alexa hoy es el personaje principal de uno de los comerciales más hermosos –homenaje visual a la cultural mexicana– que una  empresa automotriz ha hecho: hablando sobre las adversidades y la capacidad de mantenerse en pie.

Elisa Carrillo, nuestra querida Elisa, es un icono de la cultura mexicana contemporánea. No sólo es considerada una de las mejores bailarinas del mundo, además ha emprendido una serie de programas que hermanan la danza con la gente que suele decir que nació con dos pies izquierdos. Recuerdo con mucho cariño, tiempo atrás, cuando tuve el honor de trabajar con ella, recién había nacido su hija y tenía previsto la quinta edición de la Gala Elisa y Amigos tanto en el Teatro Morelos como en la Sala de Concierto –que, por cierto, lleva su nombre– en el  Centro Cultural Bicentenario, en Texcoco.  Un espectáculo de talla mundial de ballet clásico, moderno y danza contemporánea; siendo una oportunidad única de vivir la danza a nivel internacional. Parte del proyecto incluía, además, los exámenes de selección para la Beca Elisa Carrillo, la cual ayudaba a los bailarines mexiquense a cumplir sus sueños de zapatillas y escenario.

Por su puesto que al conocerla impacta su figura casi perfecta, labrada para ser bailarina; sin embargo, realmente la perfección radica en su disciplina. Clase en barra, revisión de detalles, reunión con la prensa, ensayo y amamantar a su pequeña. Tiempo para revisar la convocatoria de la Beca, atención a pequeñas niñas quienes ilusionadas esperaban a que Elisa firmara sus zapatillas y después, llevar de nuevo a sus brazos, su hermoso bebé. Debo contar una anécdota de la que espero no equivocarme, seré perdonada en mi indiscreción: entre tantas actividades de aquel 2016, el gobernador del Estado de México le había pedido lo acompañara a un desayuno. Elisa ya había quedado con las escuelas de danza para un ensayo abierto y después una tierna convivencia con el grupo de niñas que anhelaban poder verla cerquita, como a su miss de ballet. Con la gentileza de una mujer creada con amor, habló con el gobernador y le explicó sobre la importancia del ensayo y la necesidad de seguir con el programa. Sé que él entendió y me imagino que la felicitó. Esa texcocana de brazos prodigiosos, que pareciera desliza en el aire como ave en el infinito, cumplía su palabra.

A este punto, queridos lectores, se preguntarán en donde están los recuerdos que comienzan a caracterizar esta participación editorial. Pues bien, los recuerdos pueden ser lejanos, pero también un poquito próximos… de días pasados que, en un segundo, casi sin percibirlo, de estar presentes… son anotados en la bitácora de la memoria, a veces con letra pequeña y otras tantas, con luces que brillan para siempre. Pues bien, resulta que el domingo pasado, si no me equivoco, minutos después de las tres de la mañana, Alexa Moreno, bajacaliforniana, amante de la cultura popular japonesa y con un encanto que destila en su cuenta de Instagram, llegó a una final de salto de caballo en Tokio 2020(1), obteniendo el cuarto lugar. Las generaciones pasadas no están para saberlo, pero cuando era niña, la gimnasia pertenecía a Rusia o lo que alguna vez fue la Unión Soviética, USA y China. Ilusos creer que las formas redondas y tan bellas de las mexicanas se elevarían al cielo como los cuerpos alargados de las eslavas. Bueno, como bien decía Einstein, parafraseándolo, la voluntad es el motor que puede mover al mundo. Y, de hecho, cambiarlo.

Horas después, en un protocolo que se me antoja titular directrices para un mundo Covid, Elisa Carrillo presentaba su tradicional Gala Elisa y Amigos. Si bien es cierto que la falta de intermedio o cierre sin flores antojó como un evento corto, la coreografía que ejecutara con su esposo, en una danza que nos robaba el aliento   –y eso que traíamos cubre bocas– nos devolvió la esperanza de ver la poesía del  cuerpo más allá de una pantalla o una tableta. Las nuevas generaciones no están para saberlo, pero en mis tiempos, la mejor bailarina del mundo era europea, las galas internacionales se realizaban en Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey y los domingos toluqueños eran para quedarse en casa. Pero la voluntad, sí, la misma de renglones arriba: lo cambió todo. Muy chiquita Elisa viajó a Inglaterra para formarse profesionalmente, nunca olvidó sus raíces, y cuando sus brazos acariciaron la fama, sus pies regresaron a su tierra.

Agosto inició con una lección de piruetas. Desde la lejanía del Japón hasta la tarde lluviosa de la eterna gélida Toluca, confirmamos que las mujeres mexicanas somos fuertes. A veces nuestra fortaleza reside en la construcción de una familia sólida, la educación de hijos sin ayuda paterna o la fiereza para buscar a la hija secuestrada. Pero también nuestra fuerza nace en la posibilidad de empoderarnos con nuestros sueños. Apretar el abdomen cuando la sociedad te presiona por tu peso o estado civil, levantar los pies y mirar al frente, mientras el machismo y el feminismo te tiran piedras… y sonreír, como Alexa al tocar el piso, como Elisa al abrir los brazos y volar.