EL AMOR A LA CIUDAD

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Con esta segunda entrega, concluyo mi narración de una agradable conversación que sostuve en días pasados, con mi amigo Guillermo Garduño Ramírez, con motivo de su más de medio siglo que ha dedicado a la labor periodística, 53 años para ser más precisos y de muchos más que tiene por delante.

Tomé prestado el título de este artículo de una de las novelas del famoso escritor cubano, considerado uno de los escritores fundamentales del siglo XX, Alejo Carpentier, en la que escribe que andar una ciudad es desandarla, construirla y volverla a construir, mirarla hasta que ceda sus misterios, hasta percibir sus dimensiones en el tiempo. Todo lo cual desemboca, inevitablemente, en el amor, como necesidad del espíritu que se identifica con su entorno.

El amor a la ciudad recoge diversos acercamientos de Carpentier a su ciudad, la Habana,  precisamente como lo hace Memo Garduño desde hace más de siete décadas de agudo observador de los acontecimientos de nuestra querida Toluca.

Sigo con el cubano que tuvo una gran influencia en las letras latinoamericanas, para continuar describiendo de cuerpo entero a Guillermo Garduño, que como discípulo ocasional de Carpentier, aprendió a anotar todo lo que ve, oye y le llega a través de su cosmopolita vida, y como el autor de El Reino de este Mundo,  también piensa que el periodismo es una maravillosa escuela de vida.

 

Guillermo personifica esta frase de Alejo Carpentier: Podríamos definir al periodista como un hombre que trabaja en caliente, que sigue, que sigue, rastrea el acontecimiento día a día sobre lo vivo.

Y es que Carpentier, es uno de los tres personajes favoritos de Guillermo, que como una suerte de mentores, le dejaron grandes enseñanzas. Los otros dos son: La argentina nacionalizada mexicana Raquel Tibol y el chileno Pedro Vuskovic Bravo. Cuba, Argentina y Chile, una trilogía de países siempre cercanos a los sentimientos de Memo, principalmente, de los actores sociales y políticos clave del Chile de los sesentas y setentas.

Recuerda Guillermo con emoción aquella anécdota cuando recién llegado Alejo Carpentier, quien junto con José Martí son los dos titanes de las letras cubanas, le preguntó: ¿Qué usted es agente de la CIA o qué? Apenas estoy entrando a mi habitación del hotel y usted es el primero que me quiere entrevistar. Ya durante la rueda de prensa, el cubano preguntó: ¿Aquí en la sala se encuentra este jovencito Guillermo Garduño? Porque a él en especial, le concederé dos preguntas, cuyas respuestas después le chacaleó Elena Poniatovska.

De Raquel Tibol, recuerda que le compartió varios secretos del oficio de reportero, le regaló su útil libretita con los nombres y teléfonos de la crema y nata de la cultura de la época y lo presentó e introdujo con varios famosos en el ambiente.

    Del economista y político chileno de origen croata Pedro Vuskovic Bravo, quien se desempeñó como ministro de Economía, Fomento y Reconstrucción durante el gobierno del presidente Salvador Allende, entre 1970 y 1972; recuerda las lecciones que le dio de economía política, de geopolítica y de sus vivencias durante el Golpe de Estado en 1973.

El también asiduo asistente a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, hace un recuento de los momentos memorables de su actividad como lo fue la primera de un total de siete entrevistas que hasta el momento le ha hecho a Mario Vargas Llosa; también cuando entrevistó al desaparecido Carlos Fuentes; sus tertulias con sus amigos escritores mexicanos el novelista ya fallecido Gustavo Sainz y José Agustín, ambos famosos integrantes de la corriente literaria conocida como La Onda.

Guarda gratos recuerdos de la entrevista que le hizo al economista, sociólogo, historiador, politólogo y ensayista mexicano Daniel Cosío Villegas, fundador del Fondo de Cultura Económica, del Colegio de México, de la Escuela Nacional de Economía y de El Colegio Nacional.

También recuerda con nostalgia a sus amigos ya fallecidos, el pintor José Luis Cuevas, el periodista Manuel Buendía; a su amiga ya fallecida, la poeta, traductora y ensayista Ulalume Sara Ibañez Iglesias quien fuera esposa del famoso arquitecto mexicano Teodoro González de León.

 

La gran pasión de Guillermo es el futbol, por eso tropicalizo la frase portero sin suerte no es portero, para decir que reportero sin suerte no es reportero. Memo es uno de ellos. Huele la noticia como Pepe Cardozo el gol. Nos dice que hubiera querido tratar a Manuel Mejido, porque siempre reconoció su nivel alcanzado en el oficio.

Siguiendo con el recuento de personajes de la historia universal, el también abogado, que alguna vez pasó por su cabeza ser diplomático, guarda en un lugar especial a: Harold S. Macmillan, Margaret Thatcher, Conrad Adenauer y Angela Merkel.

De la política mexicana, les tuvo especial reconocimiento y aprecio a Carlos Hank González, Juan Monroy Pérez y tiene en sus afectos al ex presidente de la República Enrique Peña Nieto, a quien tuvo de invitado frecuente en su programa radiofónico y lo motivó a que leyera 60 libros que le recomendó y como recuerda Memo: ¡Sí los leyó!

A propósito de la lectura, le pregunté a Memo por sus tres libros preferidos y me dijo: El viejo y el mar, de Ernest Hemingway; el Coronel no tiene quien la escriba, de García Márquez y también de Hemingway: Paris era una fiesta. Y ya encarrerados, tus películas: Casablanca, un Rincón cerca del cielo y la trilogía de El Padrino. Su amor platónico fue Ingrid Bergman, pero cuando leyó Paris era una fiesta, se le derrumbó.

Para Guillermo, tiene un valor especial la amistad, guarda dentro del círculo de sus afectos a tres amigos: al ya fallecido Juan Monroy Pérez,  a Arturo Montiel Rojas y Enrique Peña Nieto,

Ya instalados en el territorio de las coordenadas personales, me platicó con orgullo y satisfacción, que su primer trabajo remunerado lo tuvo a los 7 años y por 6 años, hasta los 13, lo que le permitió obtener los recursos suficientes para apoyar a su mamá. Su trabajo fue de cargador en los tianguis de los viernes para lo cual, tuvo que construir su propio carro de baleros, en el que transportaba las varillas con ropa que venían a vender al tianguis de los viernes; en otro tiempo, también despachó tortillas y fue taxista por las noches para costearse sus estudios en la facultad de derecho de la UAEMex,

Animados como paisanos toluqueños que somos, no podíamos dejar a un lado a nuestra ciudad y a nuestra lucha por rescatar su identidad y sacarle brillo a su rostro a veces tan descuidado y lleno de baches como hoy en día, por eso abordamos la simbología toluqueña.

Símbolos como: Los Portales, la estación del ferrocarril, Paseo Colón, Paseo Tollocan, la Alameda, el Calvario, las colonias Américas y Granjas; el árbol de las manitas. Los diablos rojos del Toluca y su estadio de la bombonera, actualmente Nemesio Diez.

Memo se refirió a algunos de nuestros personajes como Don Germán Roth, el elegante caballero que vivió en donde empieza la calle de Villada y que hizo muchas labores altruistas como dotarles de casa a las familias necesitadas, fue el primer Infonavit dice Memo.

Doña Rosita, la de Los Tacos de El Sol de 5 de febrero, las tortas de La Vaquita Negra, Los Moscos de la familia Almazán. La señora de las charamuscas que se instalaba a las puertas de la iglesia de Santa María de Guadalupe y que antes se llamó de San Juan de Dios cuando se construyó en 1676.

Como buen dulcero y cliente frecuente de las principales dulcerías de la ciudad, Memo trae a su paladar los dulces regionales, el famosísimo jamoncillo de pepita que hacía doña Clarita en su local de Portal Madero, donde después estuvo la Perfumería Corona.

Sus favoritos, los de menta, una especie de moneditas que hacía la fábrica de chocolates Larín original cuyo local estaba en Rayón, por donde ahora está el Hotel San Francisco y de hierbabuena, las clásicas peritas que vendían por gramos en la dulcería Santa Julia, en Hidalgo, junto a la nevería El Zeppelin, había también de anís y fresa. No podemos dejar de recordar la dulcería Mazatlán, que estaba en Lerdo y Bravo, justamente en donde ahora es el Palacio de Gobierno; la dulcería El Mosaico que al igual que los dulces de doña Clarita, estaban en Los Portales. El Mosaico aún permanece. Por supuesto, no podían faltar los dulces de El Socio, de Justo, como lo conocían los toluqueños de la época. Y desde luego, la dulcería de los hermanos Hernández en la colonia Sánchez.

Ya casi es la hora de la botana amigo Memo, ya hay que cortarle. Sólo te hago dos preguntas más: la primera: ¿A dónde te gustaba botanear? Acompañé en muchas ocasiones a Don Carlos Garduño Torres, a Benjamín Flores, Víctor Sánchez Munguía, Pedro León Porcayo y Daniel Benítez Bringas, los sábados al Bar de Ciro, ahí en Aquilés Serdán, yo no tomo, pero sí le entraba a las botanas, que eran riquísimas, tacos de camarón, chicharrón en chile verde, y la riquísima paella.

 

Que sabrosa plática amigo ¿Qué le falta por escribir a Don Guillermo Garduño? Un par de libros más sobre Toluca, uno de ellos sobre personajes importantes de nuestra ciudad. Memo ¿Y tus memorias para cuando? Eso lo dejaremos para otra entrevista.