EL CANGREJO

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Crustáceo invertebrado que se caracteriza por tener cinco pares de patas. Son de carácter bentónico, pues se pasan la vida andando en el fondo. Son animales inofensivos, que huyen de las personas y de otros animales. Se desplazan de costado y para defenderse giran en sí mismos usando sus patas para contener cualquier posible amenaza cuando se ven acorralados.

Bajo esta descripción sencilla, pero no poco importante, ¿el cangrejo no es adorable? A título personal, sí lo es, no hay cosa más divertida y relajante que caminar sobre la arena, pegada a la orilla del mar viendo como estos pequeños van de un hueco a otro, se trasladan sobre los fondos, aparecen por otro lado, se esconden, huyen y así se pasan la vida sin hacer absolutamente daño a nadie ni a nada, salvo cuando tienen que tomar su presa, como omnívoros que son, para alimentarse, porque es la única forma que tienen de mantenerse vivos.

Pero como todo en la vida suele ser ambivalente, donde siempre hay héroes y villanos, fuertes y débiles, grandes y pequeños, caucásicos y morenos, buenos y malos, humildes y soberbios, EL CANGREJO también tiene su lado oscuro, tan oscuro y vil, que cuando decide retarte, el campo de batalla se hace eterno y difícil de librar y pasa de ser un animal de cinco pares de patas a millones de pares que te toman por todos lados y lentamente te desgarran, muchas veces sin darte cuenta hasta que ya es demasiado tarde y te ha tomado para siempre.

Te toma cuando le provoca, cuando se le antoja, no escatima en edad, sexo, tamaño, color, valores, esencias, no escatima en nada, simplemente te toma con la intención de nunca dejarte y morir contigo.

Te toma y se reproduce sin cesar, sin freno, sin piedad, con vehemencia, con una agresividad olímpica que escapa a cualquier entendimiento científico.

Te toma de la cabeza, de la médula, del estómago, del riñón, del hígado, del pulmón, de cualquier órgano que forme parte de ti y el cual tú necesitas para seguir viviendo, y él lo sabe.

Te toma a través de tu propia sangre, corriendo a través de ella, sin soltarte, sin darte tregua alguna y haciéndote suyo, como una madre hace suyo al hijo que espera dentro desde el primer latido de su vientre para nunca más soltarlo.

Te toma sin caricias, con odio, con venganza, con frustración, con deseo de simplemente aniquilarte, convirtiéndote en polvo, dejando a cuestas mucho dolor y lágrimas sin consuelo.

Te toma injustamente, por más esfuerzo que hayas hecho a lo largo de tu vida huyendo de él, cuidándote, limitándote muchas veces a placeres que te da la vida, porque él, siempre te encuentra.

Te toma generándote dolor, angustia, temores, incertidumbre, desesperanza, cuestionamiento de qué cosa has hecho mal, para caer en sus garras y no encuentres la salida.

Te toma cambiando tu propia anatomía, se lleva tu pelo, se lleva esos kilos demás o de menos que llevas encima, se lleva tu color de piel, tus fuerzas, tus ganas, tus deseos de sonreír, generándote dolor, dolor, y siempre más dolor.

Te toma, pero no sólo a ti. Toma indirectamente a tus padres, parejas, a tus hijos, a tus hermanos, nietos, amigos, y a todos aquellos que te estiman, te quieren y muchos de ellos, no conciben el hecho de que los dejes en contra de tu voluntad y te acompañan en esta larga esclavitud que parece no tener fin.

Te toma para que algunas veces, si tienes suerte y te escurres, después de tanta lucha implacable, te suelte, dándote paz, y haciéndote sentir que te has librado de ataduras, para que bajes la guardia, sintiéndote victorioso, y cuando menos pienses, aparezca, más fuerte, más grande, más imponente, para esta vez llevarte con él y no tengas retorno.

Este cangrejo, oscuro y vil, no es el símbolo de un signo del zodiaco, que todos conocemos, es ese animal, que hoy en día, no hay médico o científico alguno que ha podido eliminar, prever, desaparecer, aniquilar o destruir.

Estas cortas y sinceras líneas van dedicadas a todos aquellos seres sin importar el sexo, bebés, niños, adolescentes, adultos, ancianos, animales que han luchado y luchan la batalla más grande de sus vidas, algunos quedándose en el campo de batalla, otros saliendo de él, algunos sin mucha mancha, otros con secuelas graves, daños colaterales como algunos los llaman.

Mi eterna admiración, respeto, venia y empatía a todos ustedes, porque son a título personal, el mejor ejemplo de lo que es amar la vida, aferrarse a ella, duela lo que duela y sobre todo valorarla desde su esencia, enseñándonos día a día que sólo con buena voluntad se pueden ganar las grandes batallas, la voluntad de amar la vida por encima de todas las cosas y de amar a sus seres queridos (el mayor motivo por el cual no dejan la lucha) que los acompañan día a día, sintiéndose parte de esta batalla, siempre al pie del cañón, para de una mínima manera, sopesar el peso y el dolor que ustedes, guerreros, sienten de ir cuesta arriba sabiendo que probablemente no logren llegar a la cima.