El esposo de Greta Gerwig…

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Qué semana me cargué, dos que tres problemas personales que me quitaron la tranquilidad por horas, cosas que te hacen sentirte humano de nuevo, te ponen sensible, y de nuevo te dan un golpe de realidad, afortunados somos de encontrarnos en posturas que les llamo privilegiadas, en donde nuestras percepciones de la vida son reales, vivimos con lo que tenemos, pero siendo felices soñando con lo que no, la ambición siempre me ha perecido una connotación positiva, aunque para muchos sea negativa, ambicionar es vagamente desear más, querer más, y ¿qué hay de malo en eso?

A veces quiero más libros en mi estante, o más cabello en mi trenza, más minutos en domingo o más días en mis vacaciones, por eso mismo, soy consciente de lo que tengo, y mucho más de lo que quiero, y, francamente no hay nada más satisfactorio que poder poner mi cabeza en la almohada y la mente en blanco, sin una preocupación latente y frustrante.

Ciertamente damos por sentado el hecho de dormir acompañados, dormir con el ser amado o bien dormir solos pensándole, que dicha poder pasar los días y las noche con la persona que elegimos, de entre tantas y tantas que podíamos conocer, coincidimos y elegimos la vida así, en colores , a veces en tonos neutros, apagados o dormidos, a veces en fosforescentes, con música de fondo, fiestas, vino, brillo y viajes, otra veces en grises, pasando las peores, las muertes, los duelos, y aparecen de vez en cuando colores nuevos, como mezclas de otros tonos, en infinito, con texturas nuevas, sorpresas, regalos, risas, canciones y el bailecito mañanero, eso lo vivimos juntos o solos, es la magia de estar bien con uno mismo, aunque estés solo, tan complejo como sentirse así rodeado de personas, una historia mal contada.

Para poder ilustrar esta parte de mi vida, encontré de entre un catálogo de más de 300 películas una que se adaptó, disfruté, le lloré, es cautivadora, A MARRIAGE STORY, de Noah Baumbach, se estrenó el 6 de diciembre en Netflix, con muchas referencias culturales y un cine tan puramente simple, que se vuelve mágico, lo que más pesa, a mi parecer, son los discursos de tres de los personajes, pequeños diálogos de 3 min que hacen una diferencia en el ritmo de la historia, es una recomendación para éstos días en casa.