El fútbol más allá del fenómeno deportivo, de la mente del atleta al ritual con enfoque nacionalista

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Desde adentro de una cancha, y por qué no?, desde los adentros de un jugador que se encuentra a once metros de una victoria, parece sencillo, pero tal vez por dentro pueda tener una conversación como ésta: Lo que tengo claro es que si hago el gol me voy a llenar de gloria, aunque sea por una semana, va a ser lo más comentado en la población y cuando pasee por las calles todos dirán ese es el que hizo el gol del triunfo y en el bar los brindis serán en mi nombre, pero si fallo me van a culpar de la eliminación y van a decir que yo tiré a la basura el esfuerzo de toda una temporada, el momento más importante en mucho tiempo de la historia del club, que hace más de siete años que no se gana nada importante.

 

Ahora bien, hay que decir que ni la misma política que, hoy por hoy, pareciera una actividad cada vez más artificial y sin brillo, pero tampoco las artes, que día a día para muchos son tristemente más incomprensibles y ajenas; ni la guerra, que actualmente ya no requiere siquiera de valor, tiene tanto atractivo para un niño como el deporte rey, que ya no es el atletismo, como lo fue para los grandes entrenadores deportivos, sino el fútbol. Así es que para los jóvenes de la última mitad del siglo, los verdaderos héroes son los futbolistas. Sin embargo, no siempre serán aquellas grandes estrellas que juegan en los grandes estadios ante grandes masas de hinchas, hablo de los que se juntan en los parques  de los barrios o inclusive en los camellones de las avenidas cercanas, se trata del joven pobre y descalzo, con las plantas de los pies desquebrajadas, pero que maneja de forma magistral el balón de la comunidad, que sin duda es capaz de hacer chilenas en el pavimento y de discutir dos horas por un faul.

Esos que nunca se borrarán de la memoria. Podría estar hablando de finales de siglo, de hace unos años o de finales de los sesenta y principios de los setenta cuando el mundo parecía un epiléptico, revolcándose en convulsiones: Neil Armstrong pisa la Luna y no encuentra nada, los Beatles se separan, Augusto Pinochet se toma el Palacio de la Moneda, Jimmy Hendrix se suicida, la guerra fría hierve en Vietnam, el amor se libera y deja de ser romántico, Brasil se queda con la Jules Rimet y Nino Bravo parte con un beso y una flor.

Así es que podríamos cuestionarnos sobre cuál es la diferencia esencial, como ritual religioso, dado que tenemos hechos narrativamente construidos, discursivamente resignificados, habría que hablar de mensajes codificados tales como la clasificación de Costa Rica para el Mundial de Fútbol de Italia, su pasaje a la segunda ronda y su clasificación en el decimotercer puesto en el mundo, los triunfos olímpicos de Uruguay en 1924 y 1928, el del Mundial de 1930 y del Sudamericano de Santa Beatriz de 1935, y el Mundial de 1950 en Maracaná, el logro del bicampeonato mundial argentino en 1986, entre tantos otros. Valdría la pena retomar aquí los conceptos de Talcott Parsons que se refieren a la  cuasi-religión (1967) y de su discípulo Robert Nelly Bellah de religión civil (1964), esto es ya que nos regalan algunos matices interesantes de este complejo fenómeno que va mucho más allá de una cancha. No hay que olvidar al gran Max Weber que nos muestra cómo a un estereotipo se le sucederá otro. Nos explica que construimos nuestras cogniciones por tipificación y que en esa reducción de complejidad para la interacción intersubjetiva comunicativa las autoimágenes se proyectan en heteroimágenes y éstas se introyectan en autoimágenes, en una rica ritualidad sociocultural con variados resultados dependientes de la fuerza simbólica de los elementos en interacción sociodinámica.

Decía César Luis Menotti, jugador del seleccionado argentino y director técnico del equipo campeón mundial de 1978, que los jugadores juegan de acuerdo con la idiosincracia de sus países, y que los sudamericanos juegan con la improvisación que caracteriza a la extracción pobre de la mayoría de sus jugadores, que deben inventar cotidianamente para subsistir, que no pueden confiar en su dotación física natural sino en su habilidad técnica e ingenio táctico. Sin embargo, no hay que olvidar que el fútbol es un deporte, y debiera serlo por encima de todo pese a su complejidad que sin duda lo lleva a ser parte de muchos más ámbitos. Entonces recordemos que el término Deporte puede considerarse como un término amplio que a pesar de ser considerado como una actividad física; éste a su vez tiene diversas manifestaciones de sí mismo: El deporte para todos y el deporte de rendimiento, pues una cosa es practicar una disciplina enfocada al gozo, que se empieza a temprana edad donde enseñan actividades básicas que ayudan al desarrollo físico e integral de una persona, o la que se práctica a una edad más adulta, donde su finalidad es mejorar la calidad de vida; y otra cosa muy distinta es realizar una actividad deportiva donde se llega a ser profesional en alguna disciplina y donde se puede llegar a vivir de eso.

En el caso del fútbol hay que referirse a un deporte que mueve millones de corazones y que de un tiempo acá se ha convertido en un fenómeno mundial. En muchos casos el fútbol se ve evidenciado desde una relación que poseen entre hincha-equipo, y donde su única forma de comunicarse es esa, unidos al entorno de un balón y veintidós protagonistas dentro de un terreno de juego, el sentimiento que representa el ser seguidores de una misma institución o porque se ven representados por seres capacitados en una actividad física que despierta pasiones. Esto es, el fútbol en sí mismo convoca un sentimiento de unión y fidelidad para millones de seguidores en todo el mundo.

Ahora bien, cada vez tendrán más importancia los estudios sobre el fútbol como fenómeno social, como el más operante mecanismo de participación de masas, a manera de religión pagana dedicada a la exaltación de los dioses de la derrota y la victoria como lo explicaba Manuel Vázquez Montalbán. Hay que decir que el fútbol ha dejado de ser un simple entretenimiento y ha logrado sacar la competencia más allá de un rectángulo de 110 x 75 mts. Hoy en día el mercado se ha hecho un lugar más que importante a la hora de disputar un encuentro deportivo.