El narcisismo en los padres

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Como es bien conocido entre 60 y 75% de las intervenciones terapéuticas en psiquiatría del niño y del adolescente tienen una duración no superior a diez sesiones; son por consiguiente breves, sea por decisión clínica, sea simplemente por interrupción no deseada.

Por narcisistas entendemos lo esencial del concepto de Freud: amor hacia sí mismo y búsqueda de la satisfacción de esta pulsión por la admiración. Pero también relación narcisista, es decir una relación con el otro (o aspectos del otro) visto como propio como si mismo, con lo que hemos llamado un trastorno cognitivo de la identidad.

Freud no se ocupó prácticamente nunca de las relaciones de los padres con los niños (siempre de las relaciones de los niños con los padres), con sólo una excepción. Para él existe en los padres una compulsión a atribuir a su hijo todas las perfecciones (“su majestad el bebé”) y a renovar en el hijo los privilegios que ellos mismos se imaginan haber tenido como niños y que tuvieron que abandonar se ven ellos mismos en el niño como se imaginan haber sido perfectos y omnipotentes. Más tarde escribirá que los padres proyectan en el niño su ideal del yo. El amor de los padres por sus niños sería pues narcisista –amor por ellos mismos–, como ellos creen haber sido, como ellos quisieran ser.

Por otro lado, Freud descubrió en la psicopatología adulta (personalidades narcisistas), una forma de relación amorosa adulta: el sujeto coloca (proyecta) en su objeto de amor (personas más jóvenes del mismo sexo) su propia persona infantil, mientras que el mismo actúa el rol de la madre ideal de su infancia que ha creído o deseado tener, madre ideal que satisfacería todos sus deseos. En esta escenificación, el sujeto se desdobla: se ama, pues a sí mismo en su pareja, bajo la forma de esta madre ideal que encarna.

Sin experiencia clínica directa con padres y niños, Freud no relevó jamás los puntos comunes entre estas relaciones amorosas narcisistas adultas y las relaciones amorosas entre padres e hijos que descubrió.

Sin embargo, nuestra práctica clínica de consulta terapéutica padres/niños nos ha permitido de constatar que escenificaciones narcisistas inconscientes semejantes a esas relaciones adultas están presentes en proporciones y formas variables en todas las relaciones padres/hijos.

Un ejemplo característico es la madre que proyecta en su hijo la imagen del padre muerto, para negar el duelo y se identifica y juega el papel de la niña que fue, en relación fusional con su padre siempre vivo; o del padre que ve en su hijo el niño ideal que habría querido ser, y se identifica con el padre igualmente ideal que habría querido tener.

Esta experiencia nos ha llevado a formular el concepto que hemos llamado. Escenificaciones narcisistas de la parentalidad y hemos podido diferenciar las principales formas y tipos. Este concepto nos parece un instrumento de lectura a través de las asociaciones de los padres en la consulta que permite una comprensión de la dinámica interactiva y una intervención interpretativa.

Las escenificaciones narcisistas de la parentalidad están constituidas por cuatro elementos esenciales:

  • Proyección padres sobre el niño
  • Identificación complementaria padres
  • Una finalidad específica
  • Una dinámica relacional actuada

La proyección de los padres sobre el niño constituye más exactamente una identificación proyectiva. Se trata en efecto de una representación de sí-mismo (self) del padre que es proyectada y que por consiguiente, es investida con libido narcisista; esta representación de sí-mismo es proyectada sea directamente como tal, como en el ejemplo citado del padre que proyecta la representación del niño ideal que había querido ser, sea a través de la imagen interna de un objeto, como en el otro ejemplo, la imagen del padre fallecido de la madre. En este último caso, esta imagen, el objeto interno del padre o madre, es portadora de una representación de sí-mismo que había sido previamente proyectada sobre él (self-object); dicho de otra forma, se había efectuado una identificación con este objeto interno. Así, incluso si la proyección sobre el niño corresponde a una imagen objetal, comprende necesariamente una representación de sí-mismo y en consecuencia es de naturaleza narcisista. Podemos decir parafraseando Freud, que la sombra de los padres ha caído sobre el hijo, sea directamente, sea a través la sombra de sus objetos internos.

La identificación complementaria de los padres, que hemos llamado contraidentificación, se efectúa con otra representación interna. En los dos ejemplos, la imagen de la niña que tenía todavía un padre vivo, o el padre ideal que hubiera querido tener. De esta manera la escenificación es siempre una relación entre sí-mismo y sí-mismo.

La finalidad, el objetivo de la escenificación comprende en todos los casos la realización de una satisfacción de naturaleza narcisista. Sin embargo, otras finalidades pueden igualmente añadirse a esta, por ejemplo, defensivas como una negación de la pérdida, o permitir satisfacciones libidinales objetales como de la pulsión edípica reprimida.

La dinámica actuada (interacción), entre los actores es el resultado de esas proyecciones e identificaciones. El hecho que la escenificación se actúa verdaderamente en la realidad es de una importancia fundamental puesto que va permitir de darle una existencia que sobrepasa la pura imaginación, y convertirla en un síntoma con satisfacciones sustitutivas inconscientes.

Todos estos fenómenos de la escenificación narcisista hacen parte de la evolución normal de la parentalidad cuando no son excesivos con características especiales y los niños se desarrollan sin problemas. En los casos patológicos, el niño va a reaccionar a esas escenificaciones adaptándose en función de sus pulsiones y necesidades, sea asumiendo mientras puede el rol que le es asignado, con posibles trastornos más tarde, sea rebelándose porque se siente abandonado dado que la relación con él realmente no existe o existe poco y dando eventuales síntomas en consecuencia.