El primer orgasmo

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Estoy en la cocina preparando el desayuno, entras silenciosamente y me tomas de la cintura, volteo para besar dulcemente tu boca, pero ese beso se transforma en pasión, caricias y apretones. Me jalas hacia ti y deslizas tu lengua en mi cuello, después te hincas y te metes a mi falda, con extremo cuidado y de manera muy lenta, me quitas mi tanga. Abro las piernas para facilitarte cada movimiento. Me derrito en deseo.

No tardas en alojar tus labios en mi vagina al tiempo que tus manos me toman abrazando mis nalgas. Lanzo un pequeño alarido y siento que escurro. Me apoyo de la barra para no desvanecerme ni perder el equilibrio.

Mis ojos pierden su órbita y se van hacia atrás, cierro los párpados y me concentro en la explosión de cada impulso nervioso que llega a mi cerebro. Imagino como tu lengua me recorre por dentro, investigando cada repliegue, cada montículo, cada espacio. Me estiro, arqueo mi espalda y mi cabeza se hunde hacia atrás. Después de regalarme incontables espasmos y varios gritos ahogados te levantas, me das la vuelta y me propinas una nalgada dejando mi piel erizada.Siento como tu mano se ha quedado marcada en mi trasero. Me doy la vuelta y te lo agarro por encima de los jeans, lo aprieto y lo rasgo con mis uñas, desprendes esa sonrisa salvaje y traviesa que tanto me gusta.

Decido que las enchiladas tendrán que esperar, le apago a la estufa y te conduzco a la habitación, te pido que te sientes en la orilla de la cama, desabrocho tu cinturón y te bajo el pantalón y la ropa interior al mismo tiempo, te beso con cierta dulzura el gran obelisco que me vuelve loca, te quito los zapatos y aviento tu ropa hacia la puerta. Comienzo por chuparte, me lo meto y lo empujas hasta el fondo de mi garganta, me tomas la cabeza y tú controlas hasta donde me lo como. Pienso que nadie te ha hecho un oral tan magnífico como yo. Me gusta pensar que soy la única a la que se lo has metido hasta el rincón más inhóspito de su garganta.

Te recorro el miembro varias veces, sé que lo disfrutas porque te muerdes los labios y tu mirada no es la misma de cuando me observas al despertar, en este momento tu mirada es oscura y al mismo tiempo brillante. Ahora, pruebo desde la parte más escondida de tus testículos, los chupo de abajo hacia arriba y trato de pasar mi lengua por cada centímetro que los compone. Advierto tu cara de satisfacción y me lo llevo por última vez a mi boca, lo lleno de mi saliva, estás tan caliente y observo con gran deleite como tus venas se marcan y lo hacen ver poderoso y ansioso.

Te empujo hacia atrás, me recuesto encima de ti para morderte los labios, me incorporo y me siento a horcajadas, estás desesperado y me ordenas que me quite la ropa, cumplo tus deseos y me desabrocho el vestido y quedo en brasier. Te recorres los labios con la lengua y me pides que me acerque, cuando lo hago me abrazas y me desabrochas el sostén, mis senos caen al instante, me los tomas, los aprietas y los juntas. Los succionas y me excitas tanto, imagino que quieres robarte la leche de nuestra futura hija.

No aguanto más, tomo mi parte favorita y la colocó justo debajo de mi vagina, me tomas de la cintura y me clavas en ti. Grito, te hundes en mí, me aprietas, me invades tan duro que no controlo los gemidos. Después… comienzas a hablarme… me dices lo mucho que me amas, lo mucho que te excito y lo deliciosa que es mi vagina, me prometes que soy y que seré la única y me ordenas que disfrute la verga de mi hombre. Cada palabra que sueltas es una aguja que me atraviesa los sentidos. Enloquezco, grito más fuerte, no puedo con tanto placer y aunque te pido que pares no lo haces, sigues cogiéndome tan rico que no dudo en aplazar el primer orgasmo de esta mañana.