El próximo miércoles, se cumplen 10 años del Premio Nobel a Vargas Llosa
El próximo miércoles 7 de octubre se cumplen diez años de que Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, marqués de Vargas Llosa, fue electo como premio Nobel de Literatura, diez años después de que lo recibió Gabriel García Márquez, con lo cual este reconocimiento fue latinoamericano nuevamente.
Vargas Llosa nació en Arequipa, Perú, el 29 de marzo de 1936. Vivió un tiempo en Bolivia, estudió en el Colegio Militar Leoncio Prado entre 1950 y 1951 y ahí leyó la mayor cantidad de libros posible, como no lo había hecho antes.
De los cuatro grandes del Boom Latinoamericano, fue el único que estudió Derecho y Literatura, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde fue el mejor estudiante, hizo estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid, ahí logró obtener el título de doctor en Filosofía y Letras con calificación sobresaliente Cum Laude por su tesis García Márquez: lengua y estructura de su obra narrativa, publicada bajo el título de García Márquez: historia de un deicidio, por Barral Editores, de, después Carlos Barral de haber salido de Seix Barral.
Un premio justo, fue el que le otorgaron al novelista Mario Vargas Llosa al designarlo como Premio Nobel de Literatura 2010, un reconocimiento que prestigia a los académicos suecos encargados de las designaciones, que vuelven sus ojos a lo mejor que ha dado la literatura latinoamericana, devolviéndole con este hecho, ser el máximo galardón al que pueden aspirar los que se dedican a estas actividades.
Este premio se suma a otros reconocimientos que recibió Vargas Llosa en su juventud como el Rómulo Gallegos por esa excelente muestra de la inteligencia narrativa que encierra La casa verde (1965), reconocida antes con el Premio Internacional de la Crítica, sin olvidar el primero que obtuvo con una novela inolvidable y que el tiempo no la ha llenado de telarañas ni del polvo que todo lo ocupa: La ciudad y los perros (1962) con la primera edición del Premio Biblioteca Breve, que patrocinaba la editorial Seix Barral, que catapultó a los mejores autores debido al olfato divino de uno de sus mejores impulsores y verdadero representante de lo que imaginó Cervantes, el Quijote de la Mancha, Carlos Barral que, entre otras cosas fue el inventor de la generación de autores del ¡Boom! de la literatura latinoamericana junto con Víctor Seix.
Por cierto, fue el hispanista Claude Couffon quien puso a Mario en contacto con Carlos Barral. Con Carlos trabajaba en ese entonces Carmen Balcells como responsable de los derechos de la Editorial y ella, durante la lectura de La casa verde, le propuso ser su agente literaria, inclusive le mantuvo mientras escribía Conversación en La Catedral, a condición de que el contrato con la editorial lo hiciera ella
Después de éste, llegaron más Premios como el Cervantes, equivalente al Nobel, por el monto económico que entrega.
Culmina una parte creativa de Mario Vargas Llosa, deja atrás la burlas, las envidias, en cuanto a que se publica o no, en cuanto a los lectores que se disponen, o si es o no el más vendido; así como el sufrimiento, por tener ya no el hecho de qué contar sino qué comer o si hay o no dinero para pagar la cuenta del hotel o la acción de sólo mirar los aparadores de las tiendas tanto en París, Nueva York, Londres, Barcelona o intentar comer en un buen restaurante.
El trabajo solitario, con el tiempo rindió los frutos deseados, probablemente Vargas Llosa diga que no era ese su propósito, pero las angustias internas de Ricardo Arenales, El esclavo; la ferocidad de El Jaguar, la inocencia soñadora del poeta Alberto y el Boa, personajes significativos de una excelente novela que lo descubrió y lo describió como el gran autor que, con el paso del tiempo, se consolidó como de lo mejor que ha existido y de lo mejor que he leído, sobre todos con sus obras iniciales, como La ciudad y los perros.
Después, penetrábamos al mundo de los burdeles, del misterio que rodea a estos sitios y de la fascinación que provocaban en los jóvenes, y que ahora que son más autómatas, perdieron la inocencia y no fácilmente se dejan seducir por el torrente verbal y lingüístico que encierra esta obra: La casa verde
Y qué decir del acercamiento al Perú bárbaro, descarnado, lleno de traiciones y de mezquindades que rodean a la política y a las dictaduras, para reflejárnoslo en un marco novelesco como Conversación en la catedral (1969), la gran novela sobre la dictadura de Manuel Arturo Odría Amoretti en donde muestra las dobles identidades de sus personajes y los nombres con los que se identifican, según el escenario en donde se mueven, el joven Santiago, el aspirante a reportero que conforme escribe y conversa con el chofer de su casa paterna, descubre –como alguna vez dijo Sebastián Salazar Bondy– Lima la horrible, para enterarse de la verdad sobre el origen de la fortuna de sus padres.
Cómo no quedarse con las descripciones de la gran cabalgata por Brasil, de Moreira César para llegar a Canudos, donde se encuentra el iluminado, que salvará al mundo y los conducirá por el sendero de la dicha; las crónicas que establece el periodista miope, que al perder sus lentes, pierde la posibilidad de dar el ángulo exacto de lo que ocurre a su alrededor, como se ve en La guerra del fin del mundo (1982).
Éstas, son, a mi juicio, las obras que mostraron la madurez de un autor perdurable que logra alcanzar el reconocimiento mundial con el Premio Nobel de Literatura 2010.
Recuerdo la angustia que tuvo, después de un largo embotellamiento, por el tráfico del DF, cuando por fin llegamos de su hotel al Palacio de Bellas Artes para presentar en 1982, la historia de canudos, La guerra del fin del mundo cuando perdió de vista su entonces esposa Patricia Llosa, a su hija Morgana, que por querer acompañarme a tomar las fotos en el foro de la Sala Xavier Villaurrutia, por el exceso de asistentes, le gritan, alzo la mano para decirle que está conmigo, la niña de escasos 8 años, con la inocencia propia de la edad me pregunta: ¿Por qué le haces tantas fotos a papá?, le respondo: es el mejor novelista que ha dado Perú. De grande voy a ser como tú, fotógrafa. El tiempo le confirmó su vocación y ahora colabora en las mejores revistas de París sobre todo en el París Match.
Ella es la hija menor, le anteceden Álvaro nacido en 1966 quien es escritor y editor y Gonzalo, nacido en 1967, quien es empresario y representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Morgana nació en 1974.
CON EL PREMIO NOBEL
En el momento del fallo el escritor se encontraba en Nueva York, donde anualmente dicta un curso sobre Jorge Luis Borges en la Universidad de Princeton. Seguramente, por la mañana tomó sus clásicos huevos benedictinos, en un restaurante de la Quinta Avenida. Después 10 de diciembre recibió el premio (dotado con 10 millones de coronas suecas, 1,1 millones de euros) de manos del rey de Suecia en el auditorio de Estocolmo. Antes, el 3 de noviembre, la editorial Alfaguara publicó su más reciente libro en ese momento, El sueño del celta (Alfaguara), un apasionante relato novelesco sobre un personaje histórico, Roger Casement (1864-1916), que indagó la brutalidad del Gobierno de Leopoldo II de Bélgica durante la colonización del Congo y la violencia contra los recolectores de caucho en el Amazonas.
Pensar en ello [el Premio Nobel] es malo para el estilo, tardío o no. Esa fue la respuesta que Mario Vargas Llosa dio en agosto pasado, durante la entrevista en la que hablaba extensamente sobre su nueva novela. Siempre me ha angustiado mucho la idea de esos escritores que pierden el fuego, se callan, dijo también respecto a la tendencia de algunos autores consagrados a convertirse en monumentos de sí mismo. Me sentiría muy desgraciado si no pudiera trabajar. Con el tiempo se pierden capacidades, me temo que sí, pero hay que mantener la lucidez y el espíritu crítico. Perder el espíritu es una enfermedad en la que caen muchos escritores. Es como volverse una estatua en vida.
Es el premio Nobel Mario Vargas Llosa.



