El sistema educativo requiere educar en derechos humanos

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Educar no sólo implica transmitir información, sino impulsar un cambio en el otro. Es por ello que cuando se habla de educar en derechos humanos es indispensable que las personas comprendan la necesidad de defenderlos.

 

Cabe comentar que el reconocimiento de los derechos humanos propios y del otro coadyuvan a lograr cambios sociales. Por ello, cuando se educa en derechos humanos ocurre un proceso de aprendizaje en el cual se ponen en juego los valores de la persona, teniendo en cuenta el respeto propio y el del otro. De tal modo que poner en práctica la enseñanza en derechos humanos promueve la autoestima y el enriquecimiento personal mediante valores de paz, tolerancia y respeto. Se trata de una educación que tiene como eje principal la formación de la persona.

 

Ahora bien, para poder enseñar los derechos humanos es importante partir desde problemáticas de la realidad cotidiana de las personas. En este sentido podemos referir a Carola Carazzone quien entiende que la educación en derechos humanos no se limita a solo dar a conocer los derechos humanos, sino que debe haber una educación para los derechos humanos, esto es que tengan una finalidad de acción, que sean inductores de compromiso, de solidaridad y de acción.

 

En México, este compromiso de integrar los derechos humanos a la tira de materias de los niveles escolares viene desde 1976 cuando el Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas solicitó a través de una resolución a los estados miembro desarrollar un currículo especial que contuviera los derechos humanos para primaria, secundaria y nivel técnico, así como analizar la posibilidad de incluirlo en la enseñanza universitaria.

 

En México, como primer antecedente de la educación en derechos humanos en el país la encontramos en la década de los 50 del siglo pasado, cuando Jaime Torres Bodet, como secretario de Educación Publica manifestó su convicción de que la escuela debía formar de manera intencional y sistemática sobre los derechos humanos, incluso en sus ensayos no dejó de manifestar la importancia de fomentar los derechos humanos.

 

Posteriormente, hubo muchos intentos por integrar la educación en derechos humanos a los centros escolares, desde los organismos no gubernamentales, hasta las instituciones como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, e incluso, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. No obstante, fue hasta 2001 que por acuerdo presidencial y por el compromiso del Gobierno mexicano con respecto a la DECLARACIÓN DE MÉXICO SOBRE EDUCACIÓN EN DERECHOS HUMANOS EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE que se llevó a cabo en la Ciudad de México, del 28 de noviembre al 1 de diciembre de 2001, en donde la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR) convocaron a una Conferencia Regional sobre Educación en Derechos Humanos en América Latina y el Caribe, la cual reunió a representantes de organismos gubernamentales e intergubernamentales, instituciones nacionales de protección y promoción de los derechos humanos, organizaciones no gubernamentales (ONG), cátedras UNESCO de derechos humanos e instituciones académicas.

 

En este contexto, se exhortó a los Estados para incluir en los planes nacionales de educación temas de derechos humanos, paz y democracia, a la par de diseñar políticas multisectoriales, interdisciplinarias e interculturales de educación en derechos humanos. También para que articularán políticas de igualdad en todas sus formas con políticas de identidad que permitan la participación de la comunidad. El manejo de los proyectos y programas han de reflejar comportamientos éticos y democráticos. Estos planes deben ser monitoreados y evaluados permanentemente.

 

En respuesta a ello, el Gobierno mexicano instruye a la Secretaría de Educación Pública a elaborar un programa en derechos humanos, integrándolo en los planes y programas de estudios de educación básica como un proceso por medio del cual se promueve el conocimiento  y la comprensión de normas que regulan la vida social, Posteriormente, en diciembre la Secretaría de Gobernación elaboró un Programa Nacional de Derechos Humanos el cual tuvo como fin impulsar el derecho a la educación y promover los derechos humanos de todas las personas.

 

Sin embargo, pese a los esfuerzos por parte del gobierno y de otras instituciones por fortalecer la cultura de los derechos humanos, es evidente que nos falta mucho por hacer en esta materia, pues aún siguen llegando a los Órganos  nacionales y  locales de defensa y protección de los derechos humanos, quejas graves en las que se manifiestan las violaciones a los derechos humanos de los centros educativos, y muchas veces éstas son perpetradas por los mismos integrantes de la comunidad escolar, es por ello que, como lo advierte Amnistía Internacional, “la máxima eficacia se consigue cuando se emplean métodos de aprendizaje inclusivos, participativos y democráticos que fomentan la libertad de expresión y el análisis crítico, y que respetan los derechos, tanto de quienes imparten la formación como de quienes la reciben”.

 

Por lo que la Educación en Derechos Humanos se convierte así en un proceso de empoderamiento, bajo el uso de metodologías participativas se implica, motiva y aprovecha la capacidad del alumnado para emprender acciones individuales y colectivas, y para convertirse en agente de cambio. Es importante, asimismo insistir a las autoridades nacionales y estatales implementar en los programas educativos la Educación en Derechos Humanos creando materias específicas con contenidos de derechos humanos, a través de un enfoque transversal en todas las asignaturas, lo cual sin duda garantizará el respeto de los derechos humanos en los centros escolares.