EL VALOR DE UN ESCRITOR Y EL CUIDADO PERPETUO DE SU LECTOR

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La pluma es más poderosa que la espada

 Edward Bulwer-Lytton

Desde textos sagrados, hasta poemas y aforismos, podemos notar que, desde su invención, la escritura ha sido una de las herramientas más importantes para la humanidad, puesto que quien decide escribir, tiene la capacidad de crear o hasta de destruir realidades enteras bajo su pluma, siendo ésta una labor que requiere años y años de perfección, pues, los que nos hemos aventurado al mundo de la escritura sabemos lo que es pasar horas sentados sin poder escribir una sola línea, o hasta en ocasiones le pedimos a lo divino, la sabiduría para poder escribir aunque sean un par de renglones.

De este modo, cada oración, palabra y hasta letra, salen del mismo Ser del escritor, pues sabemos que hasta un punto o una coma podrían perfilar la decadencia de un texto entero, además de que, quien escribe, debe ser responsable de cada una de las sentencias que redacta, y esto además de ser una formalidad profesional, es una obligación moral para quien decide leer lo que éste está escribiendo.

Por ello, la escritura es aquel portal que nos hace perpetuar el quiénes somos, o al menos lo que fuimos, ya que no es de extrañarse que al leer textos antiquísimos, nos demos cuenta que cuestiones propias de la condición humana hayan estado presentes desde la génesis de la sociedad, y esto lo sabemos gracias a que alguien decidió volverse trascendente con su escritura.

Es así que el escritor tiene un compromiso casi sagrado, pues para emitir una opinión se requieren fundamentos veraces, comprobables o que incluso puedan resistir cuestionamientos lógicos de sus críticos o detractores, pues desde hace siglos, los griegos, de la mano del gran pensador Aristóteles, contrastaban aquellos argumentos falaces con los otros apoyados en la razón y la verdad.

Esta labor requiere de varios conocimientos para poder ser ejercida, pues el escritor debe ser, del mismo modo, un hermeneuta, un epistemólogo, interlocutor, y experto en la palabra escrita, no sin omitir el hecho de que un escritor que hable de un tópico en específico, mínimamente debe tener algún esbozo de lo que está hablando, pues como diría aquel dicho popular: Zapatero a tus zapatos. 

Pues el hecho de escribir sobre ciertos temas no te vuelve un sabio, y ese es el mayor pecado que comúnmente corrompe al escritor.

Del mismo modo, existe un concepto posmoderno que puede ser tratado muy ampliamente y es aquel que dice que todos somos agentes del cambio, pues en potencia, todos tenemos ese carácter para que desde lo individual generar acciones que repercutan en un cambio social, pero es aquí donde justamente su pluma se vuelve mucho más poderosa que la espada.

Ya que como lo menciona Platón en el conocido mito de la caverna, aquel que decide salir de ella y su mundo de sombras podrá entonces volver y decirle a los demás el hecho de que viven en un mundo de mentiras, siendo justamente una de éstas, una de las obligaciones del escritor, justamente hablar con la verdad, para develar los velos de la mentira.

Históricamente podemos recordar enormes cambios de paradigma que emanaron justamente de la pluma de los más grandes escritores de su momento, pues por mencionar algunos, tenemos por ejemplo La reforma protestante de Martin Lutero, El capital de Karl Marx, o hasta La Teoría de la evolución de las especies de Darwin, siendo estos enormes agentes de cambio social, siendo este uno de los motivos por los que hay que tener gran respeto por la escritura.

Recordemos pues que el escritor ha sido muchas ocasiones el enemigo número uno de Estados y naciones enteras, pues su pluma e capaz de derribar tiranas y regímenes corruptos, como por ejemplo lo fue el caso de George Orwell con libros tales como Rebelión en la granja, 1984 o Un mundo feliz.

O incluso grandes filósofos como Baruch Espinoza, cuyos libros como el Tratado teológico político le costaron una persecución y censura de tallas mayores.

Por todo lo anteriormente dicho, el escritor padece de la maldición de tener sobre su cabeza la espada de Damocles, pues él sabe que cada palabra suya podría causar que en cualquier momento una afilada espada caiga sobre su cabeza, porque sabemos que si algo no le gusta al Estado y al Poder es que alguien tenga el valor de escribir la verdad.