El valor que se desplaza como un péndulo en tres dimensiones
Uno de los valores más importantes en las relaciones interpersonales y más aún en el proceso creativo del ser es el respeto. Me atrevería incluso a plantear que es el elemento esencial en la búsqueda del camino de los cielos. Inclusive podemos hablar desde la perspectiva psicológica que la búsqueda del respeto desde edades tempranas inserta en los actos y en los dichos una imagen de sí mismos a través de un complejo sistema de construcción de la identidad. Se pone sobre la mesa su valentía, al mismo momento de que se va desarrollando un enramado de redes de identificación y diferenciación en una relación interpersonal. Así es que los vínculos de respeto entre las partes están determinados por modalidades de relación, donde estar por delante en una interrelación simétrica lleva implícito un re conocimiento positivo del otro. Al mismo tiempo habría que observar una asimetría que tiene que ver con negar la existencia del otro como extremos de un abanico de sentidos y acciones en la búsqueda de hacerse respetar.
Ahora bien, hay que partir de la idea de que el respeto intrínsecamente es un valor que intercede como una herramienta poderosa para permitir a una persona que a través de una relación interpersonal, pueda reconocer, aceptar, apreciar y valorar las cualidades del otro y sus derechos. Así es que inequívocamente tiene que ver con el re conocimiento del valor propio y de los derechos de los individuos y de la sociedad.
Una cuestión que tampoco hay que desestimar, muy al contrario, hay que insistir en la cuestión, en tanto que el respeto no es únicamente una manifestación hacia los eventos de las personas o inclusive hacia las leyes. También hay que observarlo como una expresión hacia la autoridad, como por ejemplo, los padres y los hijos, los empleados y sus jefes, los maestros y sus alumnos, y tantos otros ejemplos del tejido social. Esto es fundamental ya que es precisamente el respeto una herramienta de la que nos podemos servir para que la sociedad viva en paz, en una sana convivencia con base en normas e instituciones. Sin embargo hay que estar claros y con la conciencia de que esto requerirá la valentía de re conocer en sí y en los demás los derechos y las obligaciones, por esto es que solemos decir una frase que no siempre se pronuncia con integridad y que es en ella que radica finalmente la valentía de la que hemos hablado, pero que es indispensable ponerla en acción con congruencia: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. Inclusive, “un no te metas en lo que no te incumbe. Hay que recordar también que es importante tener en cuenta que al final de todo la falta de respeto genera violencia y enfrentamientos.
Vale la pena también insistir en la raíz del respeto en su acepción lingüística para no caer en suposiciones y ser escrupulosos desde el lenguaje. La palabra respeto proviene del latín respectus que tiene como significado atención o consideración, al mismo tiempo se trata de un valor que permite al ser reconocer, aceptar y valorar las cualidades del otro, lo cual va a implicar que el ser se aproxime a ver como igual a otro ser, a percatarnos que en tanto respetemos al otro seremos respetados de igual forma, por tanto todo el mundo merece ser respetado por lo que es y no sólo por lo que vale; por el hecho de ser personas todos somos intrínsecamente iguales; no hay lugar pues […] para actitudes egoístas manipuladoras, discriminatorias, que falsifican la acción de los demás; […] desnivelando la dignidad que a todos nos iguala por el hecho de ser personas, como lo comentó Carrillo, así es que requerimos conocer y poner en acción el significado del respeto no sólo como un valor personal, sino también como una actitud para la vida.

