Ella…

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Las volutas de humo se esparcían en la habitación, Ella, en flor de loto parecía

sumergirse en un letargo total.

El aroma a sándalo y la música suave, invadían los sentidos y  llevaban más

allá del pensamiento infinito.

Todo parecía ser una meditación lograda a base de dejarse ir, de no sentir.

Todo esto fue interrumpido por un gran relámpago que iluminó la habitación,

Después, una fuerte tormenta, sin embargo, Ella, sin inmutarse continuó en su

meditación sin que esto la intranquilizara.

La música seguía tenue, lenta, los aromas y la música invitaban a quedarse.

Pero Ella, sin más preámbulo, se levantó, se dirigió al ventanal, lo abrió, y

dejó que la lluvia, mojara totalmente su cara. Después se escuchó cómo

quedamente sollozaba como si una profunda pena, la hiciera sufrir. Se sentía

agobiada, abandonada en esa habitación de la que no salía, y si lo hacía,

alguien la escoltaba.

Esa mañana podía vérsele en el jardín, tranquila, caminando, acercándose a

los rosales, a las plantas que algún día, ella, había sembrado, pero en un

momento todo cambiaba y rompía en llanto como un niño pequeño, ahora

entraba a la casa y decía que tenía una cita en la oficina y que se le hacía

tarde. Subía apresurada las escaleras, llegaba a su habitación, abría el

closet y elegía algunas prendas para vestirse, se miraba al espejo, retocaba

su maquillaje, una gran sonrisa iluminaba su rostro. De pronto preguntó:

– ¿y las llaves del auto?, ahora gritaba: – ¿donde están las llaves del auto?

Sin respuesta. Bajó corriendo las escaleras, entró a la cocina y dijo para sí:

– debo cocinar, tengo que cocinar. Abrió el refrigerador, la alacena, sacó una cacerola,

encendió la estufa y salió de la cocina preguntando: ¿Y los niños? ¿Dónde

estarán los niños?  – Voy por mi café, se me olvidó preparar el café, regresa a

la cocina, ¿que está pasando?¿ Porqué hay tanto humo? – Alguien dejó la estufa

encendida, no puedo confiar en nadie.

Regresa a su habitación, enciende incienso, acomoda el tapete y vuelve a

la posición de flor de loto. Respira profundamente cerrando los ojos.

Alguien ha observado todo esto, y llora en silencio.

Una hermosa vida está sufriendo,

el tiempo, las horas, han pasado.

Se escuchan palabras entrecortadas,

un largo lamento.

Ella deambula por la casa,

haciendo y deshaciendo los

planes de su vida pasada.

No llegan a su mente lúcidos

recuerdos,

no define su alma,

no tiene espacio

no tiene tiempos,

olvida los sueños,

Ella tiene sólo la vida

que la mueve como una marioneta a

punto de caerse en insondables

abismos.

Para Ella es indefinible el tiempo de

sentir, de reír, de cantar, de bailar,

de atrapar el presente y los recuerdos.

Ella… tiene Alzheimer.