Emocionalmente Inteligente

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La misión del profesor consiste en ayudar a sus alumnos a convertirse en mejores estudiantes con el objetivo de  que aprendan mejor, enseñándoles las habilidades básicas de la atención, para  que puedan gestionar adecuadamente sus emociones destructivas y resistir las distracciones impulsivas. Para que sean seres emocionalmente inteligentes, los niños aprenden la inteligencia emocional en la vida real, especialmente cuando son jóvenes.

Es importante que aprendan a relacionarse y a manejar las emociones negativas a través de sus padres, hermanos o amigos. En gran parte la vida moderna nos hace estar más centrados en la tecnología, estar más presionados, y nos quita tiempo para estar tranquilos y reflexionar, un aspecto fundamental para potenciar la conciencia de uno mismo.

Nos quita tiempo que podríamos destinar a estar con la gente que queremos y por la que nos preocupamos, y así potenciar nuestra inteligencia social. Por este motivo, pienso que la sociedad está afectada por el analfabetismo emocional. Lo que llamamos programas de aprendizaje emocional y social en los Estados Unidos es una manera de ayudar a los niños a recibir lecciones básicas sobre inteligencia emocional. Este conocimiento les ayudará tanto en el trabajo como en la vida, e incluye la  potenciación de la autoconciencia, la autorregulación, la empatía, las habilidades sociales…

Imprescindibles, pero que no se encuentran en un plan de estudio escolar ordinario, aunque  a lo largo de la vida son cada vez más importantes para tener plenitud y éxito. El mundo académico ha estado siempre centrado en las capacidades intelectuales y de razonamiento, y la emoción se considera una interferencia, algo que no resulta útil para la comprensión de los contenidos académicos. No incidir en las emociones es una percepción anticuada, ya que cuando mejor entendemos cómo funciona el cerebro, obtenemos más información que corrobora  que el estado de nuestras emociones es, en realidad, el que determina la capacidad para razonar y aprender.

Ahora los especialistas científicos sobre el cerebro nos dicen que tenemos que ayudar a los estudiantes a estar mejor preparados en el manejo de sus propias emociones, para conseguir mejores resultados de aprendizaje. La capacidad básica es prestar atención a lo que es importante e ignorar lo que es irrelevante. De esta manera podemos concentrarnos en una meta y seguir trabajando hacia ese objetivo, a pesar de los obstáculos y distracciones con las que nos encontramos. Hay un enorme desafío para la sociedad en mantener agudas nuestras habilidades de atención, incluso al sumergirnos en el mar de distracciones que suponen el entorno digital y sus dispositivos.

Hace años, cuando nos adentrábamos en una buena lectura y nos perdíamos con las historias del libro era más fácil concentrarnos. Ahora los niños tienen que enfrentarse a una distracción tras otra y creo que éste es un argumento suficientemente potente para ayudarles a potenciar sus habilidades de atención como parte fundamental de la educación. Existen muchos métodos. Uno tiene que ver con una experiencia llevada a cabo con niños de 7 años de Harlem. Procedían de barrios muy pobres y circunstancias muy dramáticas,  pero con una sesión diaria sobre “respiración”, se acostaban boca arriba con su animal de peluche favorito en el vientre, contaban 1-2-3 al ritmo de su respiración, y conseguían  fortalecer los circuitos cerebrales de la atención. Cuantos más ejercicios de este tipo realicemos, más fuerte se hace la focalización.

 La misión del profesor  consiste en ayudar a sus alumnos a convertirse en mejores estudiantes con el objetivo de  que aprendan mejor, enseñándoles las habilidades básicas de la atención, para  que puedan gestionar adecuadamente sus propias emociones destructivas y resistir las distracciones impulsivas. Esto quiere decir que el plan de estudios social y emocional debe formar parte de la misión de educar a los estudiantes por parte de los profesores.