¿En las prisiones no están todos los que deberían estar y no todos los que están deberían de estar?
Detrás de cada persona privada de la libertad hay historias conscientes, reales y quizá inevitables; porque las razones que los llevan a estar encerrados no siempre son cuestiones de delitos, a veces solo es cuestión de mala suerte o quizá la consecuencia de uno o varios errores.
Hace poco tuve la oportunidad de estar leyendo para algunos internos del Altiplano y la primer pregunta obviamente era saber si leían y qué les gustaba leer; la mayoría termina leyendo como pasatiempo para «matar el tiempo que ya está muerto’ y del cual desconocen su caminar en las manecillas de un reloj.
¿Por qué tendríamos que invertir tiempo en aquellos que solo pensaron en si mismos? ¿Qué podría transformar la poesía en aquellas mentes de quienes habitan entre filtros y aceros a cuadros donde apenas el aire asoma.
No pretendo responder lo que sería solo mi visión; porque desconozco si la poesía, el arte o la cultura deberían ser más antídoto que medicina y porque mis respuestas distan demasiado de aquello que los sabedores y conocedores pudieran expresar.
Yo sólo se que la poesía cambió miradas y por un momento los puede hacer libres, no de las rejas pero si de sus propias mentes, de la rutina y de sus propios relojes de arena que llevan tatuados en las pupilas.
Culpables o Inocentes, ¿Qué más da si ya están dentro? Esperando juicios que duran para lo que les alcance. Hombres, mujeres, adolescentes, es igual, las cárceles pueden tener tratos especiales, pero hay cosas que son iguales para todos, y poder transitar al lado de un río al amanecer, es algo que no podrán hacer.
Poesía; «¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.»
Miguel de Cervantes, te faltó escribir sobre las pupilas verdes, los marrones y las que pierden su color cuando poesía es lo único que pueden tener los que están detrás de una prisión…
