Enfermedad

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El corazón grita lo que quiere, aunque algunas veces no lo dejemos gritar, aunque a veces la realidad no dé las circunstancias. La tristeza es universal, cada ser humano lo llega a experimentar. ¿Podemos hablar de la tristeza como una enfermedad? Gran parte de la humanidad jamás ha encontrado su cura y han muerto por ella.

 

Saltamos de nuestra introducción y vayamos a nuestra narración, veamos que nos tiene preparada la mano de arriba para narrar. Está oscuro, apenas y se logra ver el brillo de un teléfono celular, allí está nuestro sujeto. Su rostro nos ayuda a hacer un aproximado de su edad, es un joven de no más de 25 años.

 

Respetamos poco su espacio personal y nos acercamos a la pantalla que él está viendo, al final de cuentas, no nos puede ver, ni tocar. Está viendo viejas fotos de él y una mujer joven, mientras escucha una lista de reproducción llamada K. De sus ojos caen pequeñas lágrimas que rebotan fuertemente contra el móvil. ¿Será que sufre la enfermedad?

 

Al costado de su cama está un libro de caratula blanca, me causa mucha curiosidad y busco su título, se trata de un clásico: Las desventuras del joven Werther. Pronto lo toma entre sus manos y se dirige a las páginas finales. El libro está desgastado, subrayado y traspasado por estas pequeñas gotas. Parece que ha sido su único amigo ante la soledad y esta enfermedad. Lee en voz alta: “¡Quiero morir […]!”

 

Su corazón está muy agitado. Grita la letra de las canciones, sin ni siquiera hacer un ruido. No tengo dudas, sufre de tristeza. Después de ver fotografías, se va a un viejo chat. Podría traspasar los mensajes, pero va en contra de mi moral narrativa. Cada mensaje que ve produce más y más llanto. Está cansado de intentar todo, exhala un grito sordo y al final se queda dormido.

 

Nadie en el mundo puede sanar, si el sujeto que sufre no quiere hacerlo. Brindaré una cura provisional y como sueño le daré lo que más desea. En sus sueños reproduzco a esa joven que él tanto admira y supongo ama, hago que conversen, que ambos lloren, se abracen y finalmente besen.

 

En la realidad veo como de sus mejillas se vierten pequeñas gotas de una falsa felicidad, consecuencia de una falsa reconciliación. Despierta y él sabe de la veracidad de lo que ha vivido mientras dormía. Su cara refleja una curva que hace mucho no expresaba en su cara, ésta se mantiene durante todo el día.

 

Antes de llegar la noche sube un puente, grita fuertemente un nombre y entra en el sueño eterno. La enfermedad ha ganado.