Entre el polvo de la memoria

Views: 709

Ecos de montañas frágiles, surge la tierra donde se dibujó el cielo; el mar es propio baña de vida y se nos da con un poquito de suelo y de nubes: el fuego. Entre palmeras cortas un disco de pájaros con alas y espinas. Real de Catorce nos pertenece en promesa, herencia de nuestros abuelos, dejaron cerro quemado, fueron peregrinos como hoy lo somos, regresan a pisar sus mismas huellas; vuelven a dejar sus pasos en la tierra con melodías de un violín, no dejan de hablar de la tierra soñada, el copal se extiende entre el frío, entre magueyes que cantan y nopales que lloran. La mano no deja de tocar cuerdas, crea melodías que bailan con sombreros y atuendos de fiesta coloridos con las flores y las nubes entre voces que hablan el lenguaje propio esos ojos no dejan de mirar, son testigo y espectador.

 

El eco del lugar sagrado donde el otro es fuerte y más fuerte, tan fuerte que no deja escuchar. En la fortaleza de continuar en el lugar, la gente común ignora que todo se contamina en la tierra con el óxido de metales que no deben salir de las venas claras de la tierra, la energía es canto, yo traigo lo que es la tierra en un trozo de lana hecha de hilo con lo negro y lo blanco. La iguana huye, todo absorbe al cuerpo mutilado el peyote, la víbora, los peces sobre el agua cuando se inundó el mundo, apaciguada la lluvia deja hojarasca en el estanque con miles de voces en árboles pintados.

 

Velas se prenden, el humo se queda sobre los rostros que saben de fe. Voces que no dejan de escucharse suplican que no cese la vida y el mundo no acabe.  El agua se queda en el ombligo de la tierra, la montaña del Tuzal no se contamina. Se vive en la tierra agrietada sin queja, enferma se jala las plumas, con perlas en la nariz  bendice el sitio que ocupa. La vida crece en su vientre con la vela encendida en constante, vigilante mira el mundo por un tercer ojo y el séptimo sol estalla a gritos.

 

Sólo el sordo ignora y se queda con el silencio adentro. La luz en el rostro desconocido ilumina miedos de hielo, contempla la paciencia en párpados que no se cierran. Me quedo dentro del frío de una pared blanca, la voz habla y habla, no para de hablar del recelo que tiene a morir, pero muere después de un tiempo, no sé cuándo sucede, lo veo ya con la muerte en sus ojos y con los labios cocidos.

 

Todo  tiene un nombre que se diluye en el vientre de la tierra, se hincha en el magma que brota como manantial, que hiere  donde germina, da otra forma a la vida. Se va lentamente, cubre espacios, sabe que necesita llenar el valle que nace y nutre al hombre, sobrevive  al tiempo, a la nieve y el frío.

 

Entre golondrinas que vuelven a volar, te vas sin el eco que el resuello le roba a tu alma, ya no es nada cuando se ha quedado vacía y en penumbras hay que avanzar. Deja el aire impregnado en tu piel para volver ahí donde pierdes tu nombre, las cumbres llenan tus ojos de sombras, sombras que siempre están presentes. Es Real de Catorce, el lugar de mis antepasados, los espectros siempre vuelven aunque para ti sean invisibles.