Épica de un corazón cosido y cocido
Nunca había una vez,
pero sí había esta vez
un corazón que dejó de crecer a los ocho años
y de ahí como en balada para un loco
el dueño de este músculo fuerte hasta hora
pero débil, o mejor dicho, ciego como la injusticia
empezó a jugar como un bombero lanza llamas.
Ahora me hablan de una
Cardiopatía Coronario Isquémica Crónica,
que se reduce a un corazón que funciona
al cuarenta por ciento siempre y cuando haya
a la mano, un bastón y aire libre como un libro
Bello panorama para un segundo debut
donde ya no puede existir ni siquiera un error aun estando dormido
y así,
este músculo
que se ha detenido quince veces
ha quedado como un tintero vacío,
y eso de escribir con sangre ya no sólo está pasado de moda
sino que también sería jugar con esa reserva que me permite
al menos sonreírle a un nuevo y último amor
porque este amor acorazado por su propio corazón
está en la recta final
cronómetro en mano
conteniendo el aliento,
y es por eso que bucea en cualquier terreno
hasta que su majestad la Reina,
como en una partida de ajedrez diga, tablas,
o invite a las tablas,
porque dos corazones en tablas hacen uno
y de pronto se puede todo,
sobre todo
cuando este corazón se infla como un globo
para flotar con algunas gotas mundanas
sin perder jamás al duende Lorquiano
ni a la risa como ataque.
A este corazón le dan poco tiempo pero el dueño se resiste
y le da duro al bastón
poniendo todas las carnes al fuego y al juego,
en un último acto
en un último y entrañable clisé,
y ahí va
toreando sin capa
en su versión más simple
más campesina,
más dispuesto a que sea abrazado
como sólo este corazón sabe hacerlo,
porque por primera vez,
late
a un secreto compás
como un loco feliz
dispuesto a todo, a todo,
menos a abandonar
la magia
que hoy y para lo poco que queda
lo alberga una sola persona,
que contiene muchedumbres.

