¿Escribir un libro?… algún día Hacer un maratón… tal vez pronto

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Las metas a las que pensé llegar se disputan a diario con lo que siento, practico el mindfulness sin querer, vivir aquí y ahora, disfrutar, en plenitud cada instante, siento esas palabras, ya las había dicho, pero ahora tienen sentido ¿No les pasa que durante un periodo de tiempo no se dieron cuenta qué pasó?, eso justamente no quiero que me vuelva a suceder, quiero disfrutar los días, los instantes, las risas y las preocupaciones, solo eso S E N T I R.

En estos días he logrado desbloquear niveles de mamá/señora/adulta/tía; niveles impuestos por mí, cositas cotidianas que me había empeñado en pedirles a los demás y ahora me siento capaz y libre de hacerlas, es más, de hacerlas mal y aprender; hablo de cocinar arroz, de comenzar un proyecto de jardín, de utilizar la freidora de aire sin temor a la cocción, de reubicar las plantas y tomar un curso de diseño floral, deshidratar mis hojas y reinventar un postre desde mis propios ingredientes, estas cotidianidades o como yo las llamo cositas pequeñas, me dan tanta paz que a veces ni una taza de café me da.

¿Tienen proyectos en puerta? Si la respuesta es no, genérenlos, from scratch, reinventen las formas en la que hacen las cosas comunes, abran un camino entre las ramas tiradas y escríbanse su propia carta de felicitación, graben su voz en el silencio, canten la canción en el trayecto más largo, confíen en la intuición, mírense al espejo mientras salen de la regadera, encuentren sus formas más bellas.

Como siempre haré tres recomendaciones random de cosas que he consumido, y so far so good, primero vean PALMER, en Apple TV, una película con Justin Timberlake, que me hizo llorar y todos deberíamos ver, no es el globo de oro ni mucho menos, pero es una historia hermosa.

Segundo, se los juro que si un día malo ponen el soundtrack de La la land camino a su trabajo, van a ponerse del mejor humor, escúchenlo completo, mientras se alistan, mientras cocinan o  planean su día, lo redescubrí y ha cambiado mis días.

Tercero, tengan siempre un postre en el refri, de preferencia hecho por ustedes, algo sencillo, con ingredientes de esos que siempre tenemos en la alacena, y después de comer sirvan un pedazo cada día, salvará el antojo dulce y además, la satisfacción de sentirnos chef es deliciosa.