¿Existe el azar?

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Ningún libro de historia lo consignará, pero así fue y lo consigno. La verdadera génesis del ser humano comienza en el útero, cuando, de un minúsculo chorrito de semen se escapa un travieso, audaz y ágil espermatozoide.

Don Luis, después de dos coñaques y una plática cachonda en la cantina, decidió que echarse una canita al aire con su todavía joven cónyuge lo revitalizaría.
Ah!, pero, cuidado con otro hijo, ya no más, se dijo él y veladamente se lo sugirió el ginecólogo; por eso saliendo del bar, se dirigió a la farmacia. El Divino Rostro de su cuate Lencho a comprar un necesario condón.

En esa católica provincia, todos eran conocidos y amigos, y más valía mantener en secreto el uso de ese artilugio condenado por la iglesia, por lo que cuando Don Luis vio que algunas chismosas parroquianas opinaban en voz alta sobre ciertos frascos de colores, -perfumes tal vez- decidió ir al kiosko, al otro lado del jardín a comprar unos cigarros Faros, mientras las damas dejaban el campo libre.

Mala suerte tuvo, porque al regresar las cortinas acanaladas de la botica estaban bajadas. No le hace, reflexionó el viejo libidinoso, Lencho ha estar adentro, y si me ve despacha. Tocó en la lámina y por un cuadrito de luz le contestó una nueva empleada:

-Ya cerramos señor.

-Oye… dile a Lencho.

-Tenía gripa y ya se fue. Disculpe ya cerré caja.

Y en un rato más al irse Don Luis sobre la pulposa vagina de su cónyuge, dejó libre al espermatozoide fecundador de la hermana menor de dos políticos pillos que siendo monja misionera dejó alma, vida y corazón con los niños pobres de Mali y Mogadiscio.