Firma el contrato de tu vida y ¡Navega capitán! (Segunda Parte)
¿Puede recordar momentos en su vida donde haya actuado con valentía? Si en la pérdida vital iniciamos nuestra existencia, con la búsqueda significativa encontramos nuestra esencia. Así es que aquello que nos hace más humanos nos muestra, como en un espejo, y con toda claridad, la capacidad de elección. Se trata de la oportunidad determinante para exigirnos el ejercicio de nuestra libertad y valentía. Ambas condiciones van de la mano, no imagino siquiera como posibilidad, el ser libre sin valentía… y ¡que carambas importa hágalo de todos modos! Entonces no es posible ser libres sin valentía, tampoco el ser valientes sin libertad, es decir, se trata de una elección de interpretación y de acción, en resumen estamos hablando de que la valentía y la libertad tienen una relación de integridad y autenticidad que dan sentido al ser.
Ahora bien, hablamos de una elección, de un proceso que implica a dos ejes entrelazados, por un lado, está la forma, esto es el cómo elegimos: con valentía o cobardía. La segunda arista tiene que ver con el contenido, me refiero acá a qué elementos debemos elegir. Hay que tener presente un elemento que siempre está por ahí merodeando y que es parte de los mecanismos de sobrevivencia del ser humano y que al mismo tiempo se trata de un freno en la creación valiente y libre del ser. Es momento de hablar claramente del miedo. Sin más, comenzar por la idea de que estamos ante una emoción que, como especie, nos dispara el mecanismo instintivo/defensivo que induce los comportamientos de supervivencia. En función de situaciones y contextos del entorno así como de las adaptaciones genéticas de la persona podemos considerar tres comportamientos de supervivencia inducidos por el miedo. Estamos ante una de las emociones primarias, esto es, son producto de la evolución de la vida.
En el reino animal, todos los seres vivos desarrollan un mecanismo de defensa frente a los peligros que les acechan en su entorno. Esto tiene que ver con que en el mundo, todo ser vivo es comida de otro, así es que las relaciones de depredación y defensa se convierten en las más importantes para sobrevivir. Hablamos pues del mecanismo que dispara el instinto defensivo que formula los comportamientos de supervivencia ante la presencia del depredador. Por ejemplo, el biólogo francés, Henri Laborit, llegó a la conclusión de que, dependiendo de las circunstancias del entorno y de la adaptación genética del individuo al mismo, se podía delimitar tres comportamientos de supervivencia inducidos por el miedo: comenzamos por la huída, usado por la mayoría de las especies. La primera reacción es salir corriendo. Si el contexto no permite la huída algunas especies harán frente al depredador, para ello tendrá que tener su anatomía adaptada para el enfrentamiento violento. Otras especies, cuando les falla la huída o el ataque, suelen usar el comportamiento del camuflaje o hacerse el muerto, con el fin de despistar al depredador y que desista de su persecución.
Es importante mantenerse claros en que estamos hablando del comportamiento animal del miedo porque es real, ahí está, estará y es parte del día a día de todas las especies animales, incluyendo al ser humano y al mismo tiempo es lo que por excelencia se opone a la libertad, inclusive más que la misma coerción física. Hablamos entonces de la negatividad del miedo en tanto involucra a las consecuencias dolorosas de las acciones de otros seres humanos como lo siguió Sidwick. Se trata de tener conciencia de que el potencial para la interferencia del miedo es enorme, en consonancia con su capacidad para infiltrarse y contagiarse favorecido por la imaginación, las multitudes y la incertidumbre, como bien lo señalaba Hobbes. Por ejemplo está visión es clara cuando miramos el individualismo en el ámbito político, en el sentido de una preocupación por gestionar el miedo que suscita la inclinación humana a competir por los bienes, el poder y la gloria, inclinación tan generalizada como las facultades que permiten, por la fuerza, ganar esa competición incluso causando la muerte a otros.
Así es que Hobbes cree que el miedo puede cumplir con la función natural de preservar la vida, librándonos de la guerra total a la que estamos abocados por esa combinación de inclinación a competir y facultades para hacerlo. Entonces la solución viene mediante un contrato, se trata de intercambiar el miedo mutuo por el miedo a una autoridad soberana. Por su parte el liberalismo no confía en un intercambio de este tipo, pues ve en la concentración de poder una pendiente resbaladiza que inexorablemente conduce al terror despótico. De una manera similar es que funciona está cuestión de la emoción del miedo en los contratos que cada persona genera con su propio ser. Imaginemos por un momento que no hablamos de una nación o de un grupo social, hablamos de la guerra interna que pueden emprender el ego con el ser. Hablamos de una guerra en la que el ego y el ser son los que compiten, sin embargo, en este caso uno lleva como banderas el poder, la avaricia, la soberbia y el falso orgullo, el ser simplemente tiene como bandera el amar y ser amado.
Habría que observar entonces que quienes acuden al miedo como estrategia es el ego. Sin embargo es el Ser que puede llevar al frente a toda la jauría que representa el miedo y ponerlo al servicio del amar y ser amado. Se trata de encauzar la energía que genera este enfrentamiento natural que nace de un requerimiento de sobrevivencia. Sin embargo, ambos quieren sobrevivir. Pero acá se trata de vivir. Así es que no se trata de resistirse al miedo, al ego, que siempre va a sobrevivir, se trata de permitir que lo haga, pero, para que el Ser viva. Se trata entonces de navegar y hacerse cargo de su propio barco y cada que aparezca el miedo, hacerse cargo de su barco con miedo.
