GOBERNANTES FACILITABAN AGUA EN MUNDO PREHISPÁNICO, POR PERMISO DE DIVINIDADES

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Las profundas y complejas relaciones entre religión y política en el mundo mesoamericano fueron analizadas por Hugo García Capistrán, profesor-investigador de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en la segunda conferencia del seminario Arqueología y Etnohistoria de Mesoamérica, el cual cumple quince años de realizarse y en este año dedica sus seis encuentros a homenajear al insigne historiador Alfredo López Austin, fallecido el año pasado.

A invitación de El Colegio Mexiquense y de Raymundo Martínez García, coordinador del seminario, García Capistrán presentó un breve resumen de algunas de las muchas contribuciones de López Austin.

En el centro de su conferencia, detalló que en diferentes partes de Mesoamérica, los gobernantes hicieron uso de formas discursivas para mostrar que ellos, a través de una relación de reciprocidad con los dioses patronos, los «dueños» o lo señores de inframundo, habían obtenido el derecho a usufructuar sus bienes.

Explicó que entre esas formas discursivas se puede encontrar la personificación de los dioses patronos locales o de dioses generales, como el dios del maíz o el dios de la lluvia, así como también la personificación de la Montaña Sagrada.

García Capistrán señaló que la ideología religiosa, basada en una cosmovisión fuertemente agrícola, sustentó el aparato político mesoamericano y los gobernantes se mostraban como piezas fundamentales en los procesos agrícolas y los que facilitaban al pueblo el agua y los alimentos necesarios para la reproducción social.

El investigador presentó ejemplos de las culturas olmeca y maya, sobre todo, para detallar esa compleja relación entre religión y política a través de los atavíos, los rituales, los tronos y otros elementos usados por los gobernantes, que remitían a las divinidades y sustentaban el vínculo de los hombres del poder con los dioses.

García Capistrán dedicó una parte de la charla a responder preguntas, algunas de las cuales surgieron de la negativa del historiador a aceptar que en el mundo prehispánico haya habido propiedad privada, ya que los gobernantes se presentaban como quienes tenían el derecho a utilizar los bienes terrenales con base en una negociación con las divinidades, sobre todo los dioses de la tierra o el que era considerado «el Dueño» -para algunos pueblos era «el monstruo de la tierra»-.

En relación con la guerra, detalló que esta no era ritual, pero no se puede negar el gran trasfondo ideológico que existía y servía para que el pueblo dominante obtuviera el derecho a usufructuar los bienes terrenales de la comunidad conquistada.

Abundó que no se puede obviar que existía la cosmovisión de una deidad conocida como «el Dueño», al que se le tenían que hacer rituales para obtener derecho al usufructo, y así es como deben entenderse esas relaciones entre gobernantes y divinidades, es decir, en el sentido de que las personas usufructuaban bienes que tenían los dioses y los gobernantes eran los únicos con derecho a los bienes del «Dueño», pues a través de la ética del don había reciprocidad.