Grito urgente

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Crónica de una realidad desastrosa. ¿Por qué?, porque hemos caido en el punto en que la intolerancia y una sed de venganza se apodera de nosotros y nos lleva a decir cosas o tomar acciones que distan mucho de una convivencia armónica.

Reitero, todo comienza en casa; y es vergonzoso que en muchisimos hogares exista la incapacidad por resolver conductas y problemas, buscando que otros, concretamente la escuela, les resuelvan temas que, por definición, debieran ser atendidos desde el seno de origen.

Para muchos padres de familia, todo lo que les sucede a sus hijos es bullying, sin conciencia clara del término o porque ante la legitima necesidad de parar la violencia, no ponemos las cosas en su justa dimensión.  En paralelo, es muy probablemente que eso suceda porque desde la autoridad educativa no hay una postura clara al respecto y dan entrada a cualquier queja, por irracional que esta sea.

Que si regañan al niño porque no trajo la tarea: actitud hostil del profesor; que si en deportes, jugando, chocan dos pequeños: negligencia del docente por no haber evitado el contacto; que si el niño copia o deja copiar en un examen y, por consecuencia, se les anula a los dos: exageración de la escuela porque es la primera vez que eso sucede; que si llueve, llamadas de los padres exigiendo al colegio que en ese preciso momento los estudiantes sean llevados a sus salones para que no se mojen.

Por si eso fuese poco, esos mismos padres llegan a los espacios escolares exigiendo justicia y pretendiendo decirle a la escuela qué hacer y de que manera se tiene que sancionar.  Si se procede con base en los reglamentos y existe una llamada de atención, un recado a casa o un reporte, ante los ojos de estos padres beligerantes eso no es suficiente, y exigen una sanción mayor, por supuesto, si no obtienen lo que ellos desean, en automático comenzarán a decir que no se hace nada.

¿Qué esperan?, ¿un juicio de la santa inquisición?, ¿un linchamiento público?, ¿un circo romano?

Si un niño roba algo del espacio escolar, es porque en casa hay padres que permiten que sus hijos lleguen con cosas nuevas, sin cuestionar de qué manera las obtuvieron; si un niño es agresivo, seguramente obedece a que en casa tiene determinados patrones de conducta; si un menor no sabe de límites, en un alto porcentaje de los casos es porque en casa no se los ponen.  ¿Esto es responsabilidad de la escuela?, tajantemente, no.

Y si, como colofón, encontramos progenitores que ante una falta, inclusive con la confesión por parte del pequeño infractor, son capaces de decir como respuesta genérica eso no es cierto, yo le creo a mi hijo, el panorama es todavía más desolador.

Ser docente en estos tiempos es una actividad de riesgo, es necesario hacer eco de este grito urgente de todos los que laboramos en espacios formativos de todos los niveles, porque muchos papitos y mamitas, encuentran en las escuelas a los culpables de todas las omisiones que en casa permiten.

La exigencia de sangre ante cualquier situación, nos habla de una tremenda falta de empatía y de la búsqueda, no de quien la haga, sino quien la pague.

Esa es nuestra trágica realidad.

horroreseducativos@hotmail.com