Highway digital en el segundo piso de la cuarta transformación

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Con el inicio de la presidencia de Claudia Sheinbaum, la primera mujer en asumir la máxima magistratura en México, se abre una nueva etapa en la historia del país, marcada por la necesidad de aprovechar las ventajas geográficas, económicas y digitales que tiene México en el contexto global. Sheinbaum asume el mando en un momento clave, donde la integración económica y digital de América del Norte es fundamental para mantener la competitividad en un mundo cada vez más interconectado y exigente.

La posición estratégica de México dentro de Norteamérica ofrece una ventana de oportunidades que, si se aprovechan adecuadamente, pueden consolidar al país como un actor clave en la región. México, Estados Unidos y Canadá, bajo el marco del T-MEC, tienen la oportunidad de impulsar un nuevo modelo de competitividad con sentido social, donde el bienestar de las personas sea una prioridad en paralelo al desarrollo económico. Es aquí donde México debe ir más allá del enfoque limitado del nearshoring, que ha ganado notoriedad en los últimos años. La relocalización de cadenas de producción no puede ser la única vía para el desarrollo, sino una pieza más de una estrategia más amplia que busque fortalecer las capacidades de las personas y mejorar la calidad de vida de millones de mexicanas y mexicanos.

El comercio y la innovación deben ser los pilares de esta estrategia. No basta con atraer inversiones extranjeras; es necesario que estas inversiones traigan consigo una mejora en las competencias tecnológicas y digitales del país. En este sentido, México tiene una gran oportunidad para posicionarse como un exportador de productos y servicios de alta calidad, productos que no solo son un orgullo nacional, sino que pueden tener un impacto positivo en la economía global.

Para lograrlo, será clave que la mayoría legislativa con la que cuenta el gobierno sea utilizada de manera responsable. La concentración de poder puede ser una herramienta valiosa para implementar reformas profundas, pero también conlleva el riesgo de alienar a las minorías y desatender las voces disidentes. La democracia verdadera, aquella que aspira al desarrollo sostenible, debe incluir a todas las expresiones sociales. Un gobierno eficaz no es aquel que simplemente impone su voluntad, sino aquel que es capaz de escuchar, corregir el rumbo cuando es necesario y garantizar que todas las voces sean tomadas en cuenta. Es aquí donde el fortalecimiento de las instituciones, como las dedicadas a la transparencia y protección de datos personales, cobra una relevancia particular. Estas instituciones son los mecanismos de autocorrección que permiten guiar adecuadamente el camino del país, y su buen funcionamiento es esencial para empoderar a las personas en el entorno digital.

El entorno digital se ha convertido en una nueva arena de competencia global. México, si aspira a posicionarse como un puerto de conexión en este ámbito, debe avanzar hacia una transformación digital que empodere a sus ciudadanos y les permita aprovechar al máximo las oportunidades que brinda la economía digital. En este sentido, la política de Sheinbaum tiene un reto importante: integrar al país en las nuevas tendencias del Pacto del Futuro y el Pacto Digital, marcos internacionales que buscan que las naciones se adapten a los cambios tecnológicos sin dejar de lado los principios de equidad y justicia social.

El Pacto del Futuro y el Pacto Digital plantean un camino hacia la integración global donde las tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial y la conectividad avanzada, se utilizan para mejorar la vida de las personas. Esto requiere no solo de una infraestructura sólida, sino de políticas públicas que fomenten la innovación, promuevan la educación en nuevas tecnologías y garanticen que las brechas digitales no se amplíen. México tiene el potencial para ser un referente en esta área, pero se necesita una visión clara y un compromiso firme para aprovechar este momento de cambio.

Uno de los aspectos que ha sido objeto de debate durante el mandato del presidente López Obrador es su enfoque en el estado social mexicano. Para muchos, su administración ha despertado una sensibilidad social que había estado dormida, poniendo en el centro de la agenda a los sectores más vulnerables. Sin embargo, si bien este enfoque ha sido aplaudido por algunos, también ha sido criticado por quienes ven en sus políticas una falta de apertura al diálogo y a la pluralidad. Ahora, bajo el liderazgo de Sheinbaum, se presenta una nueva oportunidad para llevar ese impulso social a un nivel superior. Es necesario que, junto con esa sensibilidad social, se fomente una mayor participación ciudadana que permita consolidar una democracia efectiva, donde las personas no solo sean beneficiarias de las políticas públicas, sino actores clave en su construcción y evaluación.

El desarrollo económico y social debe ir de la mano con una visión inclusiva que tome en cuenta las voces de todos los sectores de la sociedad. Aquí es donde el papel de las instituciones vuelve a ser crucial. México necesita instituciones fuertes que garanticen la transparencia, la rendición de cuentas y la protección de los derechos fundamentales, incluidos los derechos digitales. En un mundo donde los datos personales se han convertido en un recurso valioso, garantizar su protección es una forma de empoderar a las personas, permitiéndoles participar de manera plena en la economía digital sin sacrificar su privacidad y su dignidad.

El reto para la administración de Sheinbaum no será fácil, pero las oportunidades son enormes. Con una mayoría legislativa que puede ser utilizada para implementar reformas significativas, un contexto internacional favorable para la integración regional y un entorno digital que se presenta como el nuevo campo de batalla económico, México tiene ante sí la posibilidad de convertirse en un referente global en términos de comercio, innovación y derechos digitales.

El highway digital, como lo podríamos denominar, es ese segundo piso que México debe construir para integrarse al mundo con fuerza. Un segundo piso que permita a las personas circular a mayor velocidad en el entorno digital, donde la conectividad y la innovación sean las claves para el éxito. Pero, para que este segundo piso funcione, es necesario construirlo con bases sólidas, donde la equidad, la inclusión y la sostenibilidad sean los principios rectores.

En este contexto, México tiene mucho que ofrecer al mundo. Los productos mexicanos, desde el arte hasta la tecnología, tienen un valor intrínseco que puede posicionar al país como un jugador clave en el mercado global. Sin embargo, para lograrlo, se necesita una estrategia clara que permita a los emprendedores y a las empresas mexicanas competir en igualdad de condiciones con sus contrapartes internacionales.

La administración de Claudia Sheinbaum, si bien enfrenta enormes retos, también tiene la oportunidad de marcar un antes y un después en la historia de México. Si logra aprovechar las ventajas geográficas, económicas y digitales del país, y si utiliza su mayoría legislativa de manera responsable para implementar reformas inclusivas y sostenibles, México puede emerger como un líder en América del Norte y en el mundo.

Es fundamental que esta nueva etapa se desarrolle con una visión a largo plazo, donde el bienestar de las personas esté en el centro de la agenda, pero sin descuidar la importancia de la integración económica y digital global. Solo así, México podrá consolidarse como un referente de competitividad con sentido social, donde el desarrollo económico no sea un fin en sí mismo, sino un medio para mejorar la vida de las personas. Y solo así, se podrá construir ese segundo piso, ese highway digital que permita a México conectarse con el mundo y aprovechar al máximo las oportunidades que el futuro le depara. Hasta la próxima.