Hojas amarillas y anotaciones a lápiz

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Voy a volar otra vez, ni modo, voy a cambiar como las mariposas y despertar del otro lado de la cama, reinventar mi propio ánimo, leer lo viejo, lo nuevo y lo difícil, tragarme las ansias de no hacer nada, fundir en oro un collar que me haga sentirme más fuerte y poder así levantar la cabeza bien alto, porque he pasado algunos días con la cabeza más baja de lo normal, tuve días difíciles, ¿quién no?, en donde mi espalda me escupía groserías, me hace inclinarme de dolor y un día no pude más y pedí ayuda, porque se vale, porque no soy siempre fuerte, descubrí la maravilla de atenderte, de escuchar al cuerpo y pedir un descanso, está bien sollozar hacia adentro…

Después de reconocer tus penas, tristezas, dolores y angustias viene el tiempo de platicar con ellas, escucharles y decirles lo que tú piensas de ellas, despedirte de ellas como una amiga que seguro volverá, pero no por ahora, esperando se quede en su casa y no salga.

Como siempre la música en estos días me salvó, les daré nombres para que lo sientan también; Austin Payne, Amiel Sol y hasta One Direction, musiquita feliz, también preparé una receta de un recetario viejito, de esos que las hojas ya están sueltas, amarillas de las orillas, y que tienen anotaciones en lápiz para cambiar algo, un recetario especial, qué maravilla seguir un procedimiento, tiene algo de magia no pensar tanto por un momento y esperar que todo salga como el paso a paso, cosas que no suceden en la vida real, porque no hay un paso a paso de absolutamente nada, y eso mismo me puso triste…