Humor, solamente…
No es sólo el hecho de poder reír lo que ha logrado que pasemos este encierro de la mejor manera posible. A veces cierto tipo de acciones hace que logremos ver la vida de formas completamente distintas a lo que podría provocar una larga cuarentena que ha sobrepasado un poco más de los diez meses.
Entre las lecturas que se han vuelto un poco obligadas viene a la memoria uno de los ejemplares que, con el paso del tiempo, han provocado no nada más un proceso de admiración y reflexión, sino también la forma en que el autor ve algunos de los conceptos que han creado esta civilización un poco más aceptable en todos los sentidos.
Entre aquellas reflexiones, y en el clímax de la novela, Umberto Eco en El nombre de la rosa, Guillermo de Bakersville cuestiona al decano sobre uno de los ejemplares que ha provocado la muerte de algunos monjes dentro del claustro. El detective descubre que los asesinatos tienen que ver solamente con un concepto que dentro de ciertos círculos provocó un cisma de creencias.
A un pesar de que no pasa más allá de un mito, o al menos eso nos han hecho creer, el Tercer tomo de La poética de Aristóteles ha creado una humanización, dice Guillermo, dentro de todo aquello que la iglesia considera sagrado. A pesar de que los cronistas de la antigüedad han planteado la existencia real, en ese tomo se plantea a la risa como la parte más humana de los santos y hace que éstos se transformen en personas comunes, algo que al monje le causa un conflicto que lo lleva a envenenar los bordes del libro para que todo aquel que lo lea muera de manera irremediable.
Dentro de los conceptos que Eco establece en la novela es precisamente la humanización de los santos, algo que a ciertos sectores extremistas y ortodoxos no les agrada. La risa, establece Umberto Eco, es algo que forja al ser humano como tal. El humor plantea siempre un rompimiento dentro de la cordura y aunque los antropólogos no plantean precisamente el humor dentro de los primeros pueblos humanos, es algo que crece de manera innata en los integrantes de la civilización humana.
La risa crea pueblos, proponen algunos filósofos, pero es tan necesaria dentro de la espiritualidad como de lo terrenal. Para los demás, un niño riendo es una escena que lleva de la mano la ternura que perdemos con el crecimiento. Para otros, una simple sonrisa puede provocar sentimientos encontrados, tanto de tristeza como de alegría.
En estos tiempos pandémicos no son precisamente un espacio de diversión, porque se ha ido convirtiendo en una especie de sobresalto cada vez que se abren las redes sociales. Hemos visto la desaparición física de miles de personas, pero siempre hay alguien que nos afecta de manera directa o indirecta.
Conocidos, no conocidos, gente de valor o personas de la calle que van dejando un hueco en la memoria, ese espacio difícil de llenar que a veces sólo es un recuerdo agradable, o una carcajada en un sitio en donde, un día cualquiera, estuvo la presencia de ellos, en una situación que bien pudo tener un poco de humor, humor solamente.
Aunque va a ser necesario hacer un recuento cuando todo esto termine, sólo se desea que no sea un larga lista de nombres, perdidas que al momento duelen y dejan una huella difícil de precisar en estos momentos.

