INOCENTE PEÑALOZA Y HEREDIA

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José María Heredia y Heredia es Padre de las letras toluqueñas, lo comprobamos al leer la revista: Miscelánea o la publicación de sus dos tomos de Poesías. Por dichas publicaciones lo es. Obra que define no sólo al escritor y editor, además aporta en su creador el trabajo profesional e imaginativo que ha de ser escuela para posteriores generaciones de siglos de vida independiente para Toluca. En mis manos está el texto publicado en 1993 en esta ciudad. Dice así: Miscelánea. Periódico crítico y literario. J. M. Heredia / Introducción y notas: Inocente Peñaloza y García / Edición Facsimilar Toluca, 1993, texto que parece edición de bolsillo, contiene casi 540 páginas, y al abrir tal libro se siente la emoción de un momento mágico de la historia en las letras toluqueñas. Toluqueñas hechas por diversos escritores donde el motor de dicha publicación es Heredia. Hombre que hace obra impresa muy variada en aquellos años, pone distinción en la República de las Letras Mexicanas: sendero por el cual se debe transitar, pues en ello, va lección en favor de la educación y la cultura, también por lección ética y moral: por patria nueva hay que hacer sacrificios que dignifiquen espíritu de identidad; acciones ajenas a malas lecciones de deshonestidad y corrupción, que hacen caer el viejo régimen colon

Hacer cosas buenas en patria chica o en la grande, es lo que ilumina el paso del hombre por su territorio. Cito palabras que vienen en presentación de lo que son sus ediciones del siglo XIX y su importancia histórica: Con la edición de Miscelánea, periódico crítico y literario de José María Heredia, concluye un programa editorial de la Coordinación General de Comunicación Social del Estado de México que tuvo el propósito de recuperar, cuando menos en parte, la rica tradición periodística de la entidad en el siglo XIX. El demonio se movía en ese siglo como México bárbaro, pero a ese lado del mal, de los sangrientos enfrentamientos, de la venta de nuestro territorio por malos gobernantes, conservadores y apátridas, que aún se les desea recuperar por aquellos que no aman a México sino al oro, como ha de señalar Justo Sierra a fin del siglo decimonónico. Interesante es saber de aquello que nos dignifica en el siglo de la Reforma: Forman la colección los siguientes títulos: Un siglo de noticias, tomos 1, 2, recopilación (1991); Ilustrador Nacional, de José María Cos, facsimilar (1991); El Pito Real, de Vicente Riva Palacio, facsimilar (1992); Periodismo regional en el Estado de México, ensayos, varios autores (1992); Temis y Deucalión, de Ignacio Ramírez, facsimilar (1992); La Hormiga, de Andrés Molina Enríquez, facsimilar, (1992); y El Estado de México en las crónicas de Ignacio Manuel Altamirano, selección de textos (1993).

La sola revisión de esos momentos de la historia editorial del territorio mexiquense, significa que esta entidad tuvo en dichos personajes prueba del valor de aquellos ciudadanos que con la pluma mantienen guerra cívica contra ignorancia, sojuzgamiento, latrocinio y ese deseo de hacer menos a los pobladores: por encima de exquisitos ciudadanos, que creen que el ciudadano común y corriente no necesita las letras, ni educación para ser animal de carga como se considera por aquellos: dueños de la patria antes de 1821, sólo ven en sus vecinos de tierras a esclavos y no a semejantes que son hermanos de religión: mal de siglos aún lo vivimos a diario en México y en América Latina.

La sola presentación nos da un trozo importante de la historia en nuestra entidad: La reproducción facsimilar de 15 números de Miscelánea que aquí se presentan fue posible gracias a la colaboración del bibliófilo Gonzalo Pérez Gómez, quien proporcionó 7 números existentes en su fondo bibliográfico, y de la doctora Licea Ayala, coordinadora de la Hemeroteca Nacional, quien facilitó el acceso a los 8 números restantes, en el “Fondo Mario Colín” de esta institución. Asimismo, para integrar el índice de contenido de Miscelánea se recurrió al excelente trabajo de don Manuel Toussaint. Aquí en Toluca y en el país está la obra más importante de Heredia. Ese es debe ser nuestro orgullo.

Es decir, sus hechos están en todo tipo de documentos que prueban sus obras en bien de los mexicanos. Un bien que hubiera querido el exiliado y patriota José María haberlo hecho en Santiago de Cuba o en La Habana, capital del futuro país liberado a fines del siglo XIX, muy lejos de su vida física que termina en 1839 para tristeza de aquellos que no saben que por tierras mexicanas anda un genio que además es un ejemplo de humanista de nuevo cuño, que por su ejemplo vive siendo prueba de que no sólo de lo malo está hecho el ser humano, sino también de un espíritu que pone a su hermano por encima de sí mismo. Dice en la Introducción del libro citado el periodista y ensayista destacado Inocente Peñaloza García: La segunda estancia del poeta cubano José María Heredia en México (1825-1836) fue la más productiva de su vida y tuvo especial importancia para el periodismo literario de nuestro país. En el curso de esos años publicó tres revistas y dos periódicos. A excepción de El Iris, que circuló en México, las demás publicaciones aparecieron en el Estado de México.

Las revistas fueron: Miscelánea y Minerva y los periódicos El Conservador y El Fanal. A fin del siglo XX Peñaloza es uno de los estudiosos más acuciosos sobre la vida de Heredia, en pocas palabras nos señala la importancia de su paso por la entidad que le da cobijo del 25 al 36 del siglo citado. Once años de una labor incansable, pues sólo tiene 22 años al llegar a México y al cumplir esos 11 años de trayecto en su vida por todos lados: política, jurisprudencia, legislatura como diputado, educación, literatura, editor y humanista que convierte su vida en asunto ético y moral por encima de todo otro interés que corrompa su manera de ser y vivir. Bien dice Peñaloza: Cuando llegó a nuestro país, invitado por el presidente Guadalupe Victoria, Heredia tenía 22 años de edad, y acababa de graduarse Bachiller en derecho en la Universidad de la Habana. Venía del destierro político en los Estados Unidos, en donde compuso y publicó su famoso poema Al Niágara. Imaginemos al joven que viene a un país extraño, por lo que tiene que ubicarse en el huracán que es México y ha de enfrentar ese huracán a pecho abierto.

Hay generaciones privilegiadas que viven las revoluciones en plena juventud, siendo ejemplo y orgullo para las naciones, pero también ejemplos de tragedias griegas en las que el destino fatal les barrea sin miramiento. De esos ejemplos es la vida de José María en el Estado de México y en el país. Pocas palabras para decir tanta belleza de vida en el genio cubano, cuenta el investigador: De su adolescencia recordaba haber estado por primera vez en México con su padre, entre 1819-1820, cuando escribió el poema En el teocalli de Cholula e inició aquí los estudios de Derecho que habría de concluir en Cuba. La composición dedicada al patrimonio cultural del México que descubre ante su iluminada mirada todavía bajo la corona española: En el teocalli de Cholula y, después, la oda Al Niágara, nos dice con sólo estas dos composiciones que su paso por las letras de América, son suficientes para comprender su genio. Visión acertada de la vida: en la primera composición con casi 17 años de edad—, y después, el de las cataratas con 21 jovencísimos años: prueban de su talento literario.

La primera, por el canto al patrimonio cultural de un pueblo y un momento en la historia de México: época prehispánica —cuando está prohibido echar flores a lo indígena, pues hay que sepultar todo vestigio de esa grandeza—. Por otra parte, el canto al patrimonio natural de este continente tan asombroso, a través de lo que ve el Heredia maravillado: años en que criollos, mestizos, indígenas y demás mezclas de razas humanas, por fin descubren nuestra grandeza. Por encima de la hegemónica y ‘única’ idea, de hacer —por medio de la sangre y la muerte— el nuevo continente. De pronto se ha convertido en copia del medioevo europeo a través de las armas y el genocidio español. De maravillosas construcciones urbanas, palacios y castillos que se regaron en América Latina y, de la cual la Ciudad de los Palacios, capital de la Nueva España, era el mejor ejemplo ante europeos y americanos